Ingrid Asensio felicitaba, hace unos días, a su hija pequeña, Alexia, que cumplía 17 años. La benjamina de la casa nació en China en el año 2010 y, cuando Ingrid y su marido, el exfutbolista Fernando Sanz, la adoptaron, ya tenían a sus tres hijos biológicos: Ingrid, Fernando y Valeria. "Llegó con todo el amor del mundo", contaba ella misma en una entrevista concedida a ¡HOLA!, en la que compartía también que para ellos siempre había sido un sueño adoptar un hijo, independientemente de que tuvieran otros biológicos o no.
De hecho, la adopción es algo muy presente en su familia desde mucho antes, puesto que una de sus hermanas, Jennifer, también fue adoptada en China por sus padres, Antonio Asensio Pizarro y Chantal Mosbah. Ingrid Asensio confesó, en la entrevista a ¡HOLA!, que "una hija adoptada la deseas mucho más. Quedarse embarazada es fácil, pero una hija adoptada la buscas durante mucho tiempo".
Ese sentimiento es común a la mayoría de familias adoptivas, tal y como nos explica Montse Lapastora, psicóloga especialista en adopción, trauma y apego, directora de Psicoveritas y autora del libro La crianza adoptiva. Una mirada diferente (Chinmayam Ediciones). Nos dice que se les quiere igual a los adoptados que a los biológicos, pero plantea la siguiente cuestión: “¿Cuántos hijos biológicos han sido deseados al 100%? Los adoptivos, el 100%. Para adoptar un hijo, se deben tener muchas ganas, y sufrir y pasar por muchas situaciones complicadas. Y lo hacen. A veces, una mujer se queda embarazada porque no ha puesto los medios, por ejemplo, pero en la adopción se les quiere”.
Una familia adoptiva tiene que prepararse para saber cuáles son las consecuencias del trauma.
Eso sí, más allá del amor que se sienta por este hijo, hay que ser consciente de que es importante prepararse para muchos aspectos de la crianza que en la mayoría de los casos no es igual que la de un hijo biológico. "Un hijo adoptado siempre parte, en la vida, de un abandono; un hijo biológico, no", nos explica Montse Lapastora. Por tanto, "una familia adoptiva tiene que prepararse para saber cuáles son las consecuencias del abandono, cuáles son las consecuencias del trauma, cuál es el tipo de crianza que necesita un niño adoptado, pues no es igual que la que necesita un niño que no lo es".
La especialista nos pone un ejemplo muy sencillo y muy común en el día a día en la crianza de un hijo, como el hecho de poner límites y decirle que no a algo: ese "no" el niño adoptado lo va a recibir como un rechazo y va a hacer que lo interprete como que su madre o su padre ya no le quiere. En esos casos, que su madre les diga que no lo van a abonar, que es su madre para siempre, el niño o la niña adoptado no lo verá como una verdad categórica, porque ya lo abandonó su madre biológica; en cierto modo, piensa que por qué no lo van a abandonar también su familia adoptiva.
Por eso, "las personas que van a adoptar tienen que tener los recursos suficientes para poder dar seguridad a ese niño o niña y saber que va a ser más difícil", subraya Lapastora. "Imagínate un hijo biológico que duerme, que es un niño que come, que no tiene ningún problema, y llega otro con tres añitos, que no quiere comer, que no te quiere a ti, que te insulta, que se pega, que se tira al suelo…", plantea. "Uno tiene que tener la seguridad de que va a ser capaz de poder gestionar todo eso sin desbordarse; todo el mundo se recuerda en algún momento, pero que no sea lo habitual".
Primeros pasos con un hijo adoptado
Cuando el hijo no es recién nacido, sino que ya tiene algunos recuerdos, lo primero es prepararle en su lugar de origen; una vez que llegue aquí, explicarle que ésta va a ser su familia para siempre. "Y que, aunque el ahora no les quiera, ellos sí que le quieren a él o a ella porque ya le han hecho su hijo, y que esos van a ser sus hermanos", recomienda la experta en adopciones. También a los hermanos hay que prepararlos cuando el nuevo hermano ya tiene cierta edad; que no solo no va a ser un recién nacido, por lo que quizás no sea como ellos tienen en mente que es la llegada de un hermanito. En esos casos, también hay que hacerles entender que "hay cosas que le han hecho mucho daño y eso se puede traducir en algunas conductas que son más disfuncionales, pero que va a ser su hermano como como los demás".
La psicóloga puntualiza que no todos los niños viven la adopción igual y "hay muchos que se adaptan fenomenal, que están fenomenal, pero llega un momento en que cognitivamente entienden que han sido abandonados. ¿Cómo no se van a preguntar por qué a mí, y por qué yo?".





