Lamine Yamal y la figura del hermano mayor, según una psicóloga: "Un vínculo cercano no depende de tener la misma edad, sino de sentirse importantes el uno para el otro"


El jugador de la Selección Española de Fútbol se muestra muy unido a su hermano pequeño, Keyne, de tan solo tres años


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7 de julio de 2026 a las 7:31 CEST

A sus 18 años, Lamine Yamal no solo deslumbra por su talento precoz, sino también por la madurez con la que habla de su entorno más íntimo. El joven futbolista mantiene una relación especialmente estrecha con su hermano pequeño, Keyne, de 3 años, con quien se lleva 15 años de diferencia; una distancia generacional que él vive con una mezcla de ternura y profunda responsabilidad. 

“Es como si fuera mi hijo y estoy enamorado de él”, confesó recientemente el internacional español, que cumplirá 19 años el 13 de julio, dejando entrever el papel protector que ocupa en la vida del menor y un deseo muy claro: “Que pueda tener la infancia que yo habría deseado es lo que más feliz me hace”.

Pero ¿qué ocurre psicológicamente cuando un hermano mayor adopta, casi sin darse cuenta, un rol tan cercano al de un padre? ¿Cómo se puede cuidar ese vínculo sin caer en la parentificación, sin cargar al mayor con responsabilidades que no le corresponden y sin restar autonomía al pequeño? Con la ayuda de María Aguirre Munárriz, psicóloga sanitaria, experta en Inteligencia Emocional, Infancia y Atención Temprana, exploramos cómo gestionar estas relaciones cuando la diferencia de edad es grande, qué límites conviene establecer en casa y qué claves permiten reforzar el cariño desde la complicidad y no desde la autoridad.

María Aguirre Munárriz, psicóloga sanitaria, experta en Inteligencia Emocional, Infancia y Atención Temprana© Cedida
María Aguirre Munárriz, psicóloga sanitaria, experta en Inteligencia Emocional, Infancia y Atención Temprana

¿Qué ocurre psicológicamente en una relación entre hermanos cuando hay una diferencia de edad de diez, quince o incluso veinte años?

Lo primero que suele ocurrir es que cambia completamente la forma de relacionarse. Cuando hay diez, quince o veinte años de diferencia, los hermanos no comparten las mismas etapas vitales, así que normalmente hay menos rivalidad y más admiración o protección. El mayor ya está construyendo su vida mientras el pequeño está empezando la suya. Eso hace que el vínculo sea diferente, pero no menos intenso. De hecho, muchas veces acaba siendo una relación muy sólida precisamente porque no ha estado marcada por la competencia.

¿Qué rol suele adoptar de forma espontánea el hermano mayor y qué rol el pequeño?

De manera bastante espontánea, el hermano mayor suele convertirse en un referente. No porque alguien se lo pida, sino porque el pequeño aprende observando. Le copia la forma de hablar, de jugar o de afrontar las cosas. El mayor, por su parte, suele sentir ganas de cuidar, enseñar o ayudar. Es una dinámica muy natural siempre que no implique asumir responsabilidades que pertenecen a los adultos.

Lamine Yamal posa junto a su madre y su hermano pequeño, dos de los grandes apoyos personales que le han acompañado desde sus primeros pasos en el fútbol.© Getty Images

¿Por qué es tan fácil que el hermano mayor acabe ocupando un lugar de autoridad o cuidado excesivo?

Es muy fácil que el hermano mayor termine ocupando un lugar de autoridad porque, simplemente, tiene más experiencia. Los padres también suelen recurrir a él para echar una mano y el propio pequeño busca su ayuda constantemente. El problema no está en colaborar, sino en que esa ayuda deje de ser puntual y se convierta en una obligación. Ahí es donde el equilibrio empieza a romperse.

¿Dónde está el límite entre ser un referente afectuoso y convertirse en una figura casi parental?

La diferencia entre ser un hermano referente y convertirse en una figura casi parental está en el peso de la responsabilidad. Un hermano puede aconsejar, escuchar, proteger o acompañar. Un padre, en cambio, educa, pone límites y es el responsable del desarrollo del niño. Cuando el hermano mayor empieza a sentir que tiene que estar pendiente de todo o que el bienestar del pequeño depende de él, probablemente está ocupando un lugar que no le corresponde.

El hermano pequeño aprende observando. Le copia la forma de hablar, de jugar o de afrontar las cosas. El mayor, por su parte, suele sentir ganas de cuidar, enseñar o ayudar

María Aguirre Munárriz, psicóloga sanitaria

¿Qué tipo de responsabilidades sí puede asumir un hermano mayor sin que eso distorsione la relación?

Hay muchas formas saludables de implicarse. Jugar juntos, leer un cuento, enseñar a montar en bicicleta, ayudar con los deberes o cuidar del pequeño un rato de manera puntual son experiencias muy positivas. Todo eso fortalece el vínculo entre hermanos. Lo importante es que siga siendo una colaboración y no una función permanente.

¿Qué señales indican que el mayor está cargando con un peso emocional o práctico que no le corresponde?

Las señales de que el hermano mayor está cargando con demasiado peso suelen ser bastante claras. Empieza a renunciar con frecuencia a sus propios planes, siente culpa cuando no puede ayudar, se preocupa en exceso por el hermano pequeño o incluso actúa como mediador en conflictos familiares. Cuando un adolescente o un adulto joven siente que tiene que ejercer de padre o madre, es una señal de que algo necesita reajustarse en la dinámica familiar.

Una amiga está en tu mismo plano, un padre está arriba... ¿En qué lugar exacto se sitúa un hermano mayor? ¿Cómo se define ese rol único?

El hermano mayor ocupa un lugar muy especial dentro de la familia. No está al mismo nivel que un amigo, pero tampoco debería situarse donde están los padres. Es un referente desde la cercanía. Tiene más experiencia, pero comparte la misma generación y la misma historia familiar. Esa combinación hace que muchas veces el pequeño se abra con él de una forma distinta a como lo hace con sus padres.

 Lo que realmente fortalece el vínculo es que el niño sienta que ese tiempo es para él y que su hermano disfruta compartiéndolo

María Aguirre Munárriz, psicóloga sanitaria

¿Cómo se construye un vínculo cercano cuando uno está en la adolescencia o adultez y el otro aún es un niño?

Un vínculo cercano no depende de tener la misma edad, sino de sentirse importantes el uno para el otro. Aunque uno sea un adulto y el otro un niño, pueden construir una relación muy fuerte si comparten tiempo de calidad, muestran interés por lo que vive el otro y crean recuerdos juntos. Muchas veces esos pequeños momentos cotidianos son los que dejan una huella más profunda.

¿Qué actividades ayudan a conectar cuando están en etapas vitales muy distintas?

No hace falta buscar actividades extraordinarias. Cocinar juntos, salir a pasear, hacer una excursión, jugar, leer un cuento antes de dormir o practicar algún deporte son oportunidades magníficas para conectar. Lo que realmente fortalece el vínculo es que el niño sienta que ese tiempo es para él y que su hermano disfruta compartiéndolo.

¿Qué papel deben jugar los padres para evitar que el mayor se convierta en “el segundo padre”?

Los padres tienen un papel fundamental porque son quienes marcan los límites. Está muy bien que el hermano mayor colabore, pero nunca debería sentir que criar al pequeño también es su responsabilidad. Pedir ayuda es diferente a delegar la crianza. Cuando los padres mantienen ese equilibrio, el hermano mayor puede disfrutar de su papel: ser un apoyo, un modelo y un compañero de vida, sin dejar de ser, simplemente, un hermano.