Si eres de los que scrollean sin parar en los vídeos y tienes el algoritmo entrenado para que te salgan publicaciones sobre relaciones, puede que te hayas encontrado alguna que habla de la "regla del 5:1". Se trata de una teoría que asegura que, para que una relación funcione, hacen falta cinco interacciones positivas por cada negativa. Un abrazo después de una discusión, un cumplido, una muestra de cariño o una conversación agradable, sumados hasta llegar a cinco, servirían para equilibrar la balanza según esta fórmula.
Al contrario que mucho contenido de estas redes sociales, lo cierto es que la idea tiene una base científica, aunque no exactamente como suele contarse. Eva Perea (@eva_perea_), terapeuta de pareja, psicóloga y sexóloga, explica que el origen de esta teoría está en las investigaciones del psicólogo John Gottman, pero advierte de que conviene entender bien qué significa realmente.
Qué es el 'ratio mágico' de Gottman
"Él observó que las parejas más satisfechas y estables tendían a mantener, de forma aproximada, cinco interacciones positivas por cada interacción negativa, especialmente durante los conflictos. Sin embargo, es importante entender que no se trata de una regla matemática ni de una proporción que todas las parejas deban cumplir", nos explica Eva Perea.
Más que contar gestos positivos y negativos, la clave está en el clima emocional que se crea día tras día. Es ese mensaje de "estoy aquí", los pequeños cuidados cotidianos o el humor compartido lo que acaba fortaleciendo el vínculo.
Como explica la especialista, "lo realmente interesante de este hallazgo es el mensaje que hay detrás, es decir, las relaciones necesitan que las experiencias vivencias como positivas predominen sobre las negativas. El cariño, el sentido del humor, la complicidad, la admiración, los gestos cotidianos de cuidado o el interés genuino por el otro actúan como un colchón emocional que fortalece el vínculo y hace que la pareja pueda afrontar mejor los a veces inevitables momentos de tensión".
No todas las discusiones pesan lo mismo
Es fácil caer en la idea de que un detalle bonito puede borrar automáticamente una mala experiencia. Sin embargo, las relaciones no funcionan como una hoja de cálculo donde todo suma y resta por igual. No es comparable olvidar sacar la basura, hacer un comentario desafortunado en un momento de tensión o llegar tarde a una cita que romper la confianza de la otra persona.
En este sentido, Eva Perea insiste en que el tipo de conflicto importa tanto como su frecuencia: "Algunos desacuerdos pueden repararse y formar parte de la vida de cualquier pareja. Sin embargo, existen conductas que afectan directamente a los pilares sobre los que se sostiene una relación. Aquí ya estaríamos hablando de otra cosa mucho más compleja de reparar, e incluso, a veces, imposible".
En esos casos, hablar de porcentajes deja de tener sentido. Así lo manifiesta la experta: "Una infidelidad, una mentira mantenida en el tiempo, una traición importante o cualquier comportamiento que rompa la confianza no se compensan simplemente acumulando experiencias positivas. La confianza no funciona como una balanza en la que cinco gestos agradables neutralizan uno especialmente doloroso. Hay heridas que requieren un proceso de reparación mucho más profundo a la vez que más largo en el tiempo, pudiendo marcar incluso el final de la relación".
Discutir no significa que la relación vaya mal
De todos los mitos que circulan sobre las relaciones, hay uno que, cada dos por tres, aparece como amenaza en muchas conversaciones. Se trata de ese que señala que las parejas felices es pensar que nunca discuten. En realidad, cualquier convivencia genera desacuerdos. La diferencia está en cómo se gestionan.
"El conflicto no es el enemigo de una relación", explica la psicóloga diferenciando, también, cuándo habría que preocuparse: "El mayor problema viene cuando cualquier situación escala mucho y rápido hacia actitudes y comportamientos muy alejados del respeto y los buenos tratos. De hecho, discutir es completamente normal cuando dos personas comparten un proyecto de vida".
Uno de los indicadores que indican que una relación puede prosperar es su capacidad para reconciliarse después de una pelea. Sin embargo, aunque a veces queremos hacerlo cuanto antes, lo cierto es que previamente a buscar soluciones prácticas, muchas veces la otra persona necesita sentirse comprendida.
Paso a paso para reconciliarse después de una discusión en pareja
Volver a estar bien no es una tarea fácil ni solamente cuestión de tiempo. Hay pautas a seguir que, según la experta, se deben seguir para que la pareja funcione tras una pelea: "En terapia de pareja hablamos de los actos de reparación cuando mencionamos todos aquellos gestos que buscan reconstruir la conexión cuando se ha producido un desencuentro. Puede ser una disculpa sincera, reconocer la propia responsabilidad, validar cómo se ha sentido la otra persona aunque no compartamos su punto de vista, mostrar curiosidad por comprender su experiencia o retomar la conversación cuando ambas personas estén más calmadas".
A menudo pensamos que una discusión termina cuando encontramos la solución adecuada, pero la psicóloga recuerda que el proceso emocional suele ir por delante: "Antes de encontrar una solución, la otra persona necesita sentir que ha sido escuchada, comprendida y tenida en cuenta. Cuando alguien siente que su dolor ha sido reconocido, es mucho más fácil que la conversación avance hacia el entendimiento".
Además, advierte que: "Reparar tampoco significa minimizar lo ocurrido ni actuar como si nada hubiera pasado. Significa demostrar, con palabras y con hechos, que el vínculo sigue siendo importante y que existe un compromiso real por cuidarlo".
No obstante, no solo importa cómo resolvemos una crisis. También influye el lenguaje que utilizamos cuando todo va bien. Así lo explica Eva Perea: "Las relaciones más satisfactorias suelen caracterizarse por una comunicación en la que hay validación emocional, gratitud, comentarios positivos y reconocimiento de los esfuerzos del otro. Son parejas que, ante las dificultades, intentan poner el foco también en lo que sí funciona y buscan conjuntamente alternativas y propuestas de solución".
En cambio, cuando el reproche se convierte en la forma habitual de comunicarse, el desgaste suele aparecer poco a poco. Como explica la especialista en parejas, "por el contrario, las dinámicas de comunicación centradas de forma persistente en la queja, en la ironía con mala intención, en el reproche, en el señalamiento constante del error, en lo que no ha salido como se esperaba o en la atribución de culpas van erosionando progresivamente el vínculo. La forma en que nos hablamos acaba convirtiéndose, en gran medida, en la forma en que nos sentimos dentro de la relación".
Relaciones felices: cómo identificarlas
Las redes sociales han contribuido a crear una imagen de la pareja perfecta donde nunca existen desacuerdos. Pero esa idea poco tiene que ver con la realidad. "Creo que hemos idealizado demasiado el concepto de “pareja feliz” basándonos en aquello que vemos a través, muchas veces y tristemente , de redes sociales". En este sentido, una relación "feliz", sería aquella que:
- Gestiona bien los conflictos: "No hablamos de una relación en la que nunca hay conflictos, diferencias o momentos de crisis, sino de una relación en la que ambas personas sienten que pueden atravesarlos sin dejar de percibirse como un equipo".
- Cuenta con seguridad emocional: "Para mí, una pareja de estabilidad es aquella en la que existe seguridad emocional. Un vínculo en el que ambas personas pueden expresar sus necesidades, sus límites, sus miedos o sus desacuerdos sin vivir con la sensación de que hacerlo pone en peligro el vínculo constantemente. Lo que al final hace que exista un estado de alerta".
- Hay respeto: "El respeto permanece incluso cuando aparecen las diferencias. Donde existe admiración mutua, espacio para crecer individualmente y una decisión consciente de cuidar el vínculo en el día a día, no solo cuando todo va bien".
En definitiva, explica la psicóloga, el éxito de una relación no consiste en evitar cualquier conflicto, "sino en solucionar aquello que puede repararse, proteger aquello que saben importante en su relación y elegir, una y otra vez, construir un lugar seguro en el que ambas personas se sienten capaces de expresar sin miedo a la reacción de la otra persona. Donde el perdón es sincero, la escucha genuina un ingrediente esencial y en la que tener la razón nunca será el objetivo de ningún desencuentro".
La verdadera lección a seguir
Quizá la mayor enseñanza de la famosa regla del 5:1 no sea contar interacciones positivas, sino recordar que las relaciones necesitan cuidados constantes. No grandes gestos, sino una suma de pequeñas decisiones cotidianas. Eva Perea concluye con una reflexión que resume perfectamente esa idea: "Las parejas se sostienen desde el respeto, los buenos tratos, la admiración mutua y la responsabilidad afectiva. Las parejas más satisfactorias suelen ser aquellas en las que ambas personas asumen la responsabilidad de preguntarse qué están aportando al vínculo y en qué aspectos pueden seguir creciendo".
Como broche final, advierte: "Toda relación nos confronta con nuestras propias dificultades y, al mismo tiempo, nos brinda la oportunidad de desarrollar nuevas formas de cuidar, comunicar y vincularnos. Al final, una relación sana no se construye desde la exigencia de que el otro cambie, sino desde la disposición de cada uno a evolucionar en aquello que el propio vínculo va necesitando, entendiendo que el bienestar de la pareja se crea cuando el 'yo' y el 'tú' son capaces de actuar desde un 'nosotros' basado en el cuidado mutuo y la conciencia de que nuestras palabras, conductas y decisiones también tienen un impacto emocional en la persona que amamos".














