Era el icono de estilo al que admiraban las mujeres de la alta sociedad iraní, aunque su influencia se extendía mucho más allá de la corte persa. En los años sesenta y setenta, el mundo miraba a Farah Diba como una de las mujeres más elegantes del momento. Cada uno de sus looks era analizado al detalle, y lejos de lo que muchos creían, no sólo había casas de Alta Costura parisinas. Detrás, también estaba él, Keyvan Khosrovani.
Fue, durante más de diez años, su diseñador oficial, creando para ella -y para su círculo más cercano- un exclusivo armario, que combinaba, con maestría, las tendencias que mandaban en Occidente con la moda tradicional del país.
Khosrovani sabía navegar como nadie entre esos dos universos, aparentemente opuestos. Utilizaba tejidos y telas que llegaban desde todos los rincones de Irán, y apostaba por técnicas locales, como el bordado de Baluchistán -con líneas geométricas-, dándoles un toque moderno.
Keyvan Khosrovani: el diseñador que 'rechazó' a Elizabeth Taylor
Sus túnicas llegaron a tener tanta fama que enamoraron a la mismísima Elizabeth Taylor, que viajó al país buscando uno de sus codiciados modelos. Sin embargo, como desvelaba el creador a Vanity Fair hace unos años, se dio de bruces con la negativa del artista. No podían hacerlo, el estilo de la emperatriz se creaba en exclusiva para ella -era una cuestión de Estado- y no estaba 'en venta'.
Hace unas semanas, Khosrovani fallecía, a los 88 años, en París, la ciudad a la que viajó siendo un joven estudiante, y que terminó acogiéndole, hace casi cinco décadas, en 1978, un año antes de que estallara la Revolución Islámica.
Estos días algunos recuerdan su nombre. Otros, en cambio, no han oído hablar nunca de él, quizá porque . Esta es la breve y fascinante historia del hombre que cambió, para siempre, la imagen de Farah Diba.
París y la arquitectura: la juventud que unió los destinos de Khosrovani y Farah Diba
Nacido en Teherán, en 1938, parecía que su camino le llevaría a ser un prestigioso arquitecto, pero no fue así de 'simple'. Se graduó en la Universidad de la capital, con altos honores, en 1962, y consiguió una beca del gobierno francés para continuar sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes en París.
Allí, en la ciudad del Sena, descubrió una cultura totalmente diferente a la suya, y se abrió a un nuevo mundo, aunque nunca olvidó por completo el suyo.
Aún no era momento para la revolución de Mayo del 68, pero por aquel entonces París ya era una capital europea en plena ebullición. Era el centro de la cultura, de la moda, del arte, estaba a la vanguardia, y Khosrovani no se iba a quedar atrás: en 1964, hacía su primera exposición individual.
Allí se escribiría parte de su historia, al igual que la de Farah Diba, aunque, en su caso, unos años antes. Ella también estudió Arquitectura en París; y en 1959 dio el 'sí, quiero' al Shah Mohammed Reza Pahlavi -al que había conocido en una recepción en la embajada iraní-.
A Khosrovani, por su lado, todavía le quedaba un nuevo destino por conquistar, Roma. En la Ciudad Eterna, se especializó en la restauración de monumentos antiguos, y no regresó a su natal Irán hasta 1966. Diseñó la iluminación y el anfiteatro del primer festival de artes de Shiraz, Persépolis, mientras continuaba su idilio con la moda, una industria que contemplaba ya con otra mirada.
La otra revolución de Teherán: el nacimiento de un icono de la moda persa
Quizá, por eso, era sólo cuestión de tiempo que se encontrara con Farah. Ambos habían conocido un horizonte más allá de las tierras áridas. Habían descubierto Europa, y la emperatriz confió en él y no se equivocó: supo llevar el nivel de sus diseños, muy avanzados para su época, sin perder la esencia iraní.
Al mismo tiempo, Khosrovani creaba la primera boutique de moda masculina para jóvenes, Elegant 27, junto a Kamran Diba. Después llegarían Number One y Miss Number One, dos tiendas que revolucionarían Teherán.
"Era un punto de encuentro para aquellos iraníes preocupados por el estilo y con un punto bohemio", confesaba Khosrovani a Vanity Fair. "Teherán era uno de los lugares más originales del mundo desde el punto de vista de la moda, pero curiosamente las tiendas de vanguardia escaseaban y había que hacerse con una agenda para encontrar lo exclusivo".
Tampoco abandonó por completo su faceta de arquitecto. Diseñó el Mehmansaray Nayin para el Ministerio de Turismo, una biblioteca en Gowd Zanbourak Khaneh, una zona marginal de Teherán, los interiores del Consulado de Irán en San Francisco…
El exilio en París y la nostalgia por el Irán que ya no existe
Pero llegó la Revolución y, no quedó otra opción que el exilio, un año antes de que la Familia Real iraní comenzase su periplo.
Desde París, continuó con su misión de dar a conocer la riqueza de la cultura iraní al resto del planeta, e incluso se encargó del proyecto de su propio piso, en 1991.
El destino quiso que Farah Diba, la emperatriz a la que vistió durante tanto tiempo, volviese, también, a orillas del Sena.
"Hoy, la moda en Irán continúa viva, aunque está obligada a permanecer en el ámbito privado", reconocía a la citada revista. Jamás dejó de amar Irán, pero aquel país que conocía dejó de existir. "Sólo puedo decir que siento nostalgia de aquella belleza pasada".










