El mundo mira hacia Irán y algunos, con cierta nostalgia, hacia una familia: los Pahlavi. Ha pasado casi medio siglo -47 años- desde que partieron al exilio, pero muchos iraníes continúan viendo a Farah Diba -viuda del Shah Mohammed Reza Pahlavi y su primera (y última) emperatriz (Shahbanou)-, como una figura emblemática de su pasado imperial -con 2.500 años de historia-. Desde París, ya ha enviado un mensaje de esperanza, en una entrevista con AFP, “lo que resultará decisivo será la capacidad del pueblo iraní de unirse en torno a una transición pacífica, ordenada y soberana hacia un Estado gobernado por el imperio del derecho”. Ella es el pilar de una dinastía real que está ahora más en el foco que nunca.
Farah Diba, el pilar
Era una joven estudiante de Arquitectura en París cuando conoció al Shah Mohammed Reza Pahlavi. En una recepción en la embajada iraní de la ciudad del Sena, surgió el flechazo, y el 21 de diciembre de 1959 se daban el ‘sí, quiero’ en el Salón de los Espejos del majestuoso Palacio Golestán, en Teherán. Ese lugar que antaño fue símbolo del resplandor imperial y hoy sufre los estragos de la guerra -según han reportado las autoridades, los bombardeos han causado graves daños-.
Icono de estilo -se la conocía como la ‘Grace Kelly’ persa-, Farah fue mucho más que una elegante emperatriz. Fue la primera en apoyar leyes que favorecieran la emancipación de la mujer, como el derecho a voto, la autorización para divorciarse… hasta que cayó la monarquía.
Diez días antes de aquel 16 de enero de 1979, el Shah ya vaticinó cuál sería su inevitable destino. “Puede que sea mejor que nos vayamos”, le confesaría a Farah, que se lo contaría a Point de Vue muchísimos años después.
Poco podía imaginar que se estaba despidiendo, para siempre, de su pueblo. A las puertas del palacio imperial, algunos de sus empleados les decían adiós, con lágrimas en los ojos, mientras los flashes de las cámaras inmortalizaban el momento. “Me di cuenta de que dejaba todo, mi familia, mi casa, mi país”, explicaba la emperatriz. “En ese momento nos convertimos en verdaderos exiliados, vagando de un país a otro”.
Recalaron primero en Asuán, después en Marrakech, en Las Bahamas, en Cuernavaca (México)… Mientras la salud del Shah se resentía. Tenía cáncer -una enfermedad que mantuvo tan en secreto que ni siquiera se enteró la CIA- y tras ser operado en Estados Unidos, en marzo de 1980 volvió a Egipto. Falleció en El Cairo el 27 de julio de ese mismo año, con el anhelo de que, algún día, podría volver, y dejando cuatro hijos desolados: Farahnaz (1963), Reza (1960), Alireza (1966) y Leila (1970).
La tragedia, sin embargo, volvería a llamar a la puerta de los Pahlavi. Farah tuvo que sobreponerse a la muerte de dos de sus hijos: Leila, en 2001, y Ali (que tiene una única hija, Iryana Leila, que nació en 2011), diez años más tarde. “Para ellos era horrible cambiar de un país a otro mientras en Irán sucedían cosas terribles y se hablaba tan mal de su padre en televisión”.
Volvió a hacer de París, de nuevo, su hogar, y desde allí sigue, día a día, las noticias de Irán, como contaba en una entrevista que recogimos en ¡HOLA! hace unos años. Todavía le escriben muchos de sus compatriotas para que les cuente su historia, señalaba… “Les digo que Irán, el verdadero, el suyo, renacerá. Somos una nación que tiene detrás de ella cinco milenios de civilización”.
Reza Pahlavi, la voz desde el exilio
Después de la coronación de su padre, en 1967, Reza -el primer hijo varón- pasó a ser el príncipe heredero. Se encontraba en Estados Unidos, completando su formación como piloto en Texas, cuando sus padres partieron al exilio. Tampoco pudo volver a Irán. Aunque se asentó, finalmente, en Estados Unidos -estudió Ciencias Políticas en la Universidad del Sur de California-, se ha convertido en la voz de la familia y la monarquía en el exilio.
En 1986 se casó con Yasmine Etemad-Amini. Ella apenas tenía diecisiete años, él 25, pero compartían una historia muy similar. Yasmine también era iraní y su familia había tenido que huir del país tras el estallido de la Revolución. Formaron una familia -tienen tres hijas, Noor, Iman y Farah- y viven en Washington.
Abogada de profesión, superó un cáncer de mama hace seis años y sigue siendo el gran apoyo de su marido en el exilio -hace dos días publicó un vídeo en sus redes sociales, apoyando al pueblo iraní-.
Noor, Iman y Farah, tres princesas influencers
En 1992, Reza y Yasmine dieron la bienvenida a su primera hija, Noor. Estudió Psicología en Georgetown, aunque se dedica al mundo de las finanzas, y actualmente vive y trabaja en Nueva York.
Ella es otra de las caras más visibles de la familia. Ha convertido sus redes sociales -tiene dos millones de seguidores- en su plataforma para hablar de causas sociales -es activista por los Derechos Humanos- y, también, sobre la situación de Irán.
La joven princesa conquista, además, con su estilo, y no son pocos los que ven en ella a la digna heredera del estilo de su abuela, Farah.
Noor apenas se lleva un año con su hermana Iman (1993), que seguiría sus pasos, graduándose en Psicología y Comunicaciones. También vive en la Gran Manzana, y el año pasado se casó con el empresario Bradley Sherman, en una íntima ceremonia celebrada cerca del Arco del Triunfo de París, que volvió a reunir a la familia real iraní en el exilio.
La más pequeña, es Farah (2004). Las tres están muy unidas y, como se puede ver en sus redes, son apasionadas de los viajes.
El misterio de Farahnaz
No tiene redes sociales. Tampoco concede entrevistas. Farahnaz, la más mayor de los hijos de Farah Diba -a la que está muy unida-, está licenciada en Trabajo social, se especializó en Psicología infantil, y está muy involucrada en temas sociales.
Nunca se ha casado ni ha tenido hijos, y su vida sigue siendo, en parte, un misterio. La discreción ha sido siempre su máxima hasta que hace unas semanas apareció, por sorpresa, en una concentración en Munich a favor de los Derechos Humanos en Irán, y cubierta con el león y el sol, la bandera del Irán de los Pahlavi.
























