Lucía Rivera ha hablado en más de una ocasión de su relación con la comida, de la ansiedad y de la importancia de cuidarse desde un lugar más amable. Por eso, cuando comparte un desayuno completo y saciante, nuestro interés va más allá de la receta. En su caso, la propuesta reúne ingredientes muy sencillos: una tosta con tomate y aguacate, huevo, semillas, algo de queso, aceite de oliva y un toque de picante. A primera vista, parece el típico desayuno salado que aguanta bien una mañana larga. Tiene proteína, grasas saludables, fibra y sabor. Pero ese punto picante nos hace preguntarnos: ¿ayuda de verdad al metabolismo o es otro de esos gestos que se han exagerado en redes?
Klau Gago, nutricionista especialista en nutrición consciente y PNIE, y fundadora de klauinstinto, nos baja el tema a tierra. "La capsaicina, el compuesto responsable del picor de alimentos como el chile o la cayena, puede aumentar de forma ligera y durante un tiempo limitado el gasto energético y la oxidación de grasas", explica. El picante puede provocar una pequeña respuesta termogénica, pero eso queda lejos de convertir el desayuno en una fórmula para perder peso. "Hablamos de cambios pequeños. Añadir picante al desayuno no convierte esa comida en una estrategia para perder peso ni acelera el metabolismo de una forma relevante", aclara la experta.
Qué hace el picante en el cuerpo
Cuando tomamos chile, cayena o guindilla, la capsaicina activa unos receptores relacionados con la sensación de calor. De ahí viene ese rubor, esa subida de temperatura o esa impresión de que el cuerpo se enciende durante unos minutos. "Al consumirla, se activan unos receptores relacionados con la percepción del calor", explica Klau Gago.
Visto así, el toque picante del desayuno de Lucía Rivera tiene sentido como condimento. Aporta sabor, hace más apetecible una tosta sencilla y puede ayudar a variar platos que muchas veces repetimos por costumbre. Para la nutricionista, su mayor valor es disfrutarlo si gusta y sienta bien, no usarlo como truco para forzar al cuerpo. "Yo no recomendaría introducirlo únicamente para acelerar el metabolismo. Su mayor interés está en que encaje dentro de una alimentación variada y adaptada a cada persona", señala.
El desayuno importa más que el picante
La tosta de Lucía funciona mejor por el conjunto que por ese gesto final de picante. El huevo aporta proteína. El aguacate, las semillas y el aceite de oliva suman grasas de calidad. El tomate añade frescura. El pan aporta hidratos. El queso redondea el sabor y contribuye a que el plato resulte más saciante.
Klau Gago insiste en esa idea. En el desayuno, el picante puede aportar variedad, pero la energía de la mañana depende de cómo esté construida la comida. "La saciedad y la energía durante la mañana dependerán de una cantidad suficiente de proteína, fibra, grasas saludables y, cuando encaje, una fuente de hidratos de carbono", explica. Por eso este desayuno interesa más como ejemplo de plato completo que como excusa para hablar de metabolismo. El picante simplemente suma personalidad, pero la base del plato es la que sostiene la mañana.
Para quién no se recomienda picante
El picante tiene una parte muy personal. A algunas personas les encanta y les sienta bien. A otras les provoca ardor, reflujo o molestias digestivas. La nutricionista recomienda especial cuidado en casos de reflujo, ardor frecuente, síndrome de intestino irritable con tendencia a diarrea o sensibilidad digestiva.
"Si al consumirlo aparecen molestias o empeoran síntomas que ya existían, mantenerlo únicamente por sus posibles beneficios metabólicos tendría poco sentido", apunta. Un alimento que supuestamente ayuda pierde todo su sentido si deja el estómago revuelto durante horas. En nutrición consciente, escuchar esa respuesta del cuerpo también forma parte del cuidado.
Cómo añadir picante sin pasarse
La forma más sencilla de incorporarlo es tratándolo como lo que es: un condimento. Klau Gago propone empezar con poca cantidad y usar chile fresco, cayena o copos de guindilla en huevos revueltos, tostadas con aguacate, hummus, tomate o salteados de verduras.
También conviene mirar las salsas preparadas. Muchas parecen inocentes, pero pueden llevar bastante sal o azúcar. Mejor poca cantidad, buen sabor y atención a cómo responde el cuerpo.
El desayuno de Lucía Rivera funciona porque resulta apetecible y muchas veces cuando hablamos de comida saludable parece que eso se pierde. Y es que es importante tener en mente que comer sano no tiene por qué ser comer aburrido ni perseguir promesas rápidas. Es más bien tratar de construir platos que sacien, sienten bien y encajen con la vida de cada una.









