Elisa Blázquez, nutricionista: "Una buena rutina de hidratación puede empezar con uno o dos vasos de agua por la mañana"


Evitar deshidratarse es el punto uno en cualquier manual de supervivencia al calor. Pero, ¿solo vale el agua? Y la cuestión en torno al término de moda: ¿necesitamos electrolitos? Los expertos responden


chica bebiendo agua
16 de agosto de 2026 a las 18:01 CEST

Uno de los consejos más repetidos en verano por los especialistas para no sufrir un golpe de calor es que bebamos "mucha agua". Sin embargo, un gesto a priori tan sencillo como este nos cuesta, cuando lo único que tenemos que hacer es atender a las señales que nos manda el cuerpo. 

"La sed es un mecanismo fisiológico muy inteligente -como el hambre o el sueño- y en condiciones normales nuestro organismo está preparado para avisarnos de cuándo necesita agua. El problema es que el trabajo sin pausa, las prisas o incluso el exceso de café hacen que muchas personas ignoren o retrasen la sensación de sed. Además, hay etapas de la vida -como les pasa a las personas mayores- en las que este mecanismo puede ser menos eficaz", argumenta la nutricionista clínica Elisa Blázquez. 

Mujer 'fitness' mientras se hidrata © Getty Images

Cómo beber antes de tener mucha sed

Conocida la máxima de que hay que hidratarse, ¿de qué manera podemos evitar llegar a la sensación de sed intensa (aquí ya está habiendo un estrés hídrico que afecta tanto al estado de ánimo como al sistema inmunitario)? Lo idóneo es, según Blázquez, mantener una hidratación regular durante el día. 

"Una buena rutina puede ser empezar la mañana con uno o dos vasos de agua, beber de forma progresiva entre comidas y aumentar la ingesta en situaciones de calor, ejercicio o mayor sudoración", apunta la experta. También recuerda que la hidratación no solo depende del agua: "Frutas, verduras, caldos o infusiones también contribuyen. Y un indicador muy sutil suele ser el color de la orina: cuanto más clara y menos concentrada, mejor suele ser el estado de hidratación".

vaso de agua con frutas© Getty Images

¿Necesitamos tomar electrolitos?

"Son esos minerales e iones cargados eléctricamente que el organismo necesita para funcionar correctamente, desde las contracciones musculares hasta la comunicación neuronal. Cuando hacemos ejercicio intenso y sudamos, los perdemos y hay que reponerlos", explica Mariano Bueno, geobiólogo autor de El milagro azul. Aquí es donde entran en juego toda una serie de productos isotónicos listos para restituirlos que plantean una pregunta: ¿los necesitamos? "No siempre", sentencia Blázquez. 

"Hay cierta tendencia a pensar que todo el mundo necesita bebidas con electrolitos, pero la mayoría de personas pueden hidratarse perfectamente con agua y una alimentación adecuada. Sí son importantes en momentos específicos: ejercicio intenso o prolongado, mucho calor, sudoración excesiva… En esos contextos pueden ayudar a reponer sodio, potasio o magnesio y mejorar la hidratación. Pero para alguien sedentario o con actividad física moderada muchas de estas bebidas son innecesarias e incluso algunas contienen cantidades elevadas de azúcar o edulcorantes". En esas situaciones concretas, la experta recomienda "añadir una pequeña cantidad de sal marina y limón al agua para favorecer la reposición de electrolitos".

Media Image© Getty Images

¿Por qué es bueno beber agua de mar?

Según cuenta el biólogo, ya a finales del siglo XIX se constató que la composición de sales minerales del agua de mar es extraordinariamente parecida a la del líquido intersticial que baña nuestras células. "Bien diluida, es una de las mejores bebidas isotónicas que existen: contiene casi todos los elementos de la tabla periódica en proporciones muy similares a los fluidos corporales". Pero que nadie se lance a beber agua de mar directamente. "La forma correcta es diluir un cuarto en un litro de agua dulce de baja mineralización. Obtenemos una bebida perfecta para recuperarnos después del ejercicio o como complemento de remineralización". 

¿De verdad el café deshidrata?

Una recomendación que repiten los expertos es la de no confiar nuestra hidratación a los refrescos azucarados, las bebidas alcohólicas o el café. "Este último, a pesar de que lleva agua, concentra tantos solutos en ella que le resta lo más interesante: su poder como solvente universal, es decir, su capacidad de disolver y arrastrar toxinas y residuos metabólicos", ilustra el geobiólogo Mariano Bueno. En cuanto al alcohol, "engaña al cuerpo, alterando la percepción de la sed y generando deshidratación continua".

Botella con filtro BottlePro Adventure (115 €), de Tappwater. Libro 'El milagro azul' (17,10 €, ed. Zenith). Sal marina sin tratar (6,10 €, salero de 125 mg). complemento de sal y limón (37,80 €, 30 sobres), de Lit. Jarra filtradora y purificadora (77,77 €), de Alkanatur© ¡HOLA!
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Consejos de experta con Elisa Blázquez (nutricionista clínica)

  • Una ayuda externa. "Enriquecer el agua puede ser una buena estrategia para quienes tienen dificultades para beberla sola. Añade rodajas de limón, pepino, menta, frutos rojos o jengibre para hacerla más apetecible. También se puede recurrir a caldos suaves o infusiones frías en verano. Lo importante es evitar convertir la hidratación en una excusa para consumir bebidas cargadas de azúcar". 
  • Aguas funcionales. "Un agua rica en magnesio puede ser interesante en personas con déficit o necesidades especiales, pero no va a sustituir una dieta equilibrada ni resolver problemas de cansancio o estrés. Con las aguas sin sodio hay que contextualizar. Salvo en personas con patologías o restricciones médicas, el sodio no es el enemigo. De hecho, es un mineral clave para el equilibrio hídrico".
  • A  vueltas con los minerales. "El agua no solo hidrata: también puede aportar minerales como magnesio, calcio, sodio o potasio que participan en funciones esenciales como el equilibrio hídrico, la función muscular o el sistema nervioso. Ahora bien, en una persona sana que sigue una alimentación equilibrada, no suele ser la principal fuente de minerales".
chica bebiendo agua