La primera vez que te quitas una máscara de pestañas tubing, la imagen desconcierta. Pasas agua templada por las pestañas, presionas con los dedos y aparecen unos pequeños filamentos negros. Martha Obeo, maquilladora, conoce bien esa reacción. "Puede resultar bastante extraño porque parece que estás perdiendo pestañas", explica. Lo que cae es la máscara, desprendida con la forma que había adoptado durante el día.
Ese detalle casi anecdótico cuenta buena parte de la historia de las tubing. Aunque su atractivo va mucho más allá de ese desmaquillado curioso, están pensadas para quienes conocen el clásico cerco negro bajo el ojo a media tarde, sufren con el párpado graso o buscan una máscara capaz de sobrevivir al calor sin exigir retoques cada pocas horas.
Para entender por qué se comporta así, hay que entender la fórmula. Nuria López, CEO de la firma dermocosmética Kuka&Chic, explica que una máscara clásica suele apoyarse en ceras, aceites y pigmentos que se depositan sobre la pestaña. En una tubing, el mecanismo cambia. "Están compuestas por polímeros, por lo común derivados de poliuretano o acrilatos, que al secarse envuelven cada pelo formando un pequeño tubo individual", explica López.
En vez de una capa de pigmento, cada pestaña queda abrazada por una película fina. Esa especie de funda es la que ayuda a que el color permanezca en su sitio cuando aparecen sudor, humedad o sebo. La película formada por los polímeros mantiene el producto adherido a la pestaña y evita ese aspecto de maquillaje derretido que arruina una mirada varias horas después de aplicarlo.
Y por eso son un producto que encaja tan bien en verano. "Al no ser una fórmula grasa ni cerosa, no se reblandece con el calor ni con el sebo", especifica Nuria. Aún así, añade otros escenarios en los que considera que vienen genial como temperaturas altas, gimnasio, jornadas largas e incluso días de playa. La fórmula es capaz de soportar sudor y humedad, pero cambia de comportamiento cuando entra en contacto con agua tibia. López explica que esos polímeros se ablandan con la temperatura y una ligera presión. En ese momento, la película se suelta y se desliza siguiendo la forma de la pestaña. Por eso aparecen los famosos "tubitos". La clave está en la temperatura del agua: estos polímeros resisten el agua fría y se ablandan solo con agua templada.
Para quitarla, Obeo insiste en humedecer bien las pestañas y dejar que el agua haga su parte antes de pasar los dedos. La idea consiste en deslizar el producto, con una presión suave, hasta que la película ceda. "Lo importante es no frotar ni tirar. Si tienes que hacer fuerza, algo no estamos haciendo bien". López coincide con ese método y apunta que intentar retirar la máscara en seco es uno de los errores más comunes. En ese caso, los tubos se rompen en fragmentos y la experiencia pierde buena parte de esa facilidad que define a este tipo de fórmulas.
La máscara de pestañas 'tubing' puede cambiar la vida de un párpado graso
Quien acaba la jornada con dos manchas oscuras bajo los ojos entiende el atractivo al instante. El párpado graso suele poner a prueba cualquier máscara porque el sebo entra en contacto con la fórmula y favorece la transferencia. En las tubing, la película de polímeros actúa de otra forma. Para Martha Obeo, ese perfil de usuario es uno de los que más partido puede sacar al producto. También lo recomienda cuando el maquillaje necesita aguantar muchas horas y quiere conservar una mirada limpia.
Nuria López amplía el abanico a personas con ojos sensibles, pieles reacivas y usuarios de lentillas. Al retirarse con agua templada y poca fricción, permiten prescindir de gestos intensos alrededor del contorno ocular. Y de esta manera evitan la irritación frecuente, alergias o molestias vinculadas al uso de lentillas, aunque el oftalmólogo debe marcar el criterio.
La máscara de pestañas 'tubing' alarga y define, pero el acabado también manda
Una tubing tampoco pretende hacer el trabajo de todas las máscaras del neceser. Su principal bondad es la definición, la longitud y ese acabado limpio de pestaña separada que funciona tan bien en maquillajes frescos. Nuria López describe el efecto como cercano al "pestaña a pestaña", con menos densidad visual y más protagonismo de la longitud.
"Si busco mucho volumen, mucha intensidad o un acabado concreto, las fórmulas tradicionales funcionan fenomenal", explica la maquilladora Martha Obeo. Elegir una u otra, por tanto, depende del resultado que quieres conseguir. Si quieres una mirada definida, larga y ligera, la tubing es la tuya. Una fórmula clásica es preferible si buscas conseguir volumen o un tono negro intenso o ese efecto pestaña postiza.
Eso sí, para la piscina o esas ocasiones en las que tenemos contacto directo con el agua durante horas, Obeo prefiere recurrir a una waterproof. Por último, la maquilladora nos introduce otro escenario en el que esta tecnología cobra sentido: una boda. "Para una novia puede ser una opción muy buena, porque estamos hablando de muchas horas de maquillaje, calor, lágrimas, abrazos… y queremos que la mirada siga limpia", explica.











