Las tres casas de la Cerdaña francesa que todos querríamos para vivir mejor: madera, luz natural y mucha conexión con la naturaleza
Los arquitectos Santi Triginer y Mar Puig de la Bellacasa son los artífices del proyecto que demuestra que el bienestar doméstico empieza mucho antes de habitar una vivienda: en el sistema constructivo, en los materiales elegidos y en el vínculo con el entorno. Cada una de las tres viviendas, cuenta con jardín privado, cubierta a dos aguas acabada en pizarra y una envolvente pensada para mantener temperaturas estables durante todo el año. El resultado es un conjunto donde cada decisión, desde la orientación hasta la reducción del hormigón, responde a un mismo objetivo: mejorar la calidad de vida presente sin comprometer la del futuro.
Vivir en un espacio luminoso y en contacto con la naturaleza es solo la parte visible del bienestar doméstico. La salud real de una vivienda se decide antes (en la elección de los materiales, en el sistema constructivo y en el impacto que el edificio genera sobre su entorno). Esta es la premisa que da forma a ‘A3 Houses’, un conjunto de tres viviendas en Caldégas, en la Cerdaña francesa, firmado por Santi Triginer (que, además, es uno de los tres promotores) y Mar Puig de la Bellacasa, del estudio Cuna Arquitectura. La construcción ha ido a cargo de Egonhaus.
Sobre una parcela de 1.500 metros², las tres casas, de 100 metros² de planta cada una, se abren a sendos jardines privados de unos 400 m², reforzando la conexión directa entre la vida doméstica y el paisaje que la envuelve. El resultado es un proyecto que entiende la salud de forma integral: la de sus habitantes y la del planeta, como parte de una misma ecuación.
Casas de madera prefabricada: rápidas, limpias y saludables
Las tres viviendas se han construido con un sistema industrializado: la estructura de madera se fabrica por piezas en un taller y luego se monta en el terreno, casi como si fuera un mueble a medida. Esto tiene varias ventajas prácticas: apenas hay obra húmeda (nada de cemento fraguando ni humedad que absorber), se generan muchos menos residuos y los plazos de construcción se acortan de forma notable. El resultado son casas más precisas, más estables con el paso del tiempo y, sobre todo, más sanas para vivir desde el primer día.
Las viviendas también se integran con su entorno pirenaico: su forma recuerda a las montañas que las rodean. “La intención es que la arquitectura dialogue con el paisaje, que las casas parezcan pertenecer al lugar”, afirma Mar.
El tejado, a dos aguas y acabado en pizarra natural, no es solo una cuestión estética: ayuda a que la nieve y el agua se deslicen con facilidad, algo esencial en una zona de montaña. Por dentro, la madera de la estructura queda vista, aportando calidez a los ambientes.
Menos hormigón, más materiales naturales: así respiran las casas con criterios de biohabitabilidad
La madera es la gran protagonista de ‘A3 Houses’. Además de ser un material renovable, absorbe CO₂ durante toda la vida del edificio, y está presente en la estructura, las ventanas y buena parte del mobiliario, hecho en madera de abeto. Al usar materiales naturales y acabados con pocas emisiones, el aire interior de las casas es más limpio y saludable.
El hormigón, en cambio, se ha reducido al mínimo: solo se usa en los cimientos. Es una decisión pensada para generar menos residuos y poder, en el futuro, reutilizar buena parte de los materiales de la vivienda.
Por fuera, las casas están revestidas de piedra natural, un material que ayuda a mantener una temperatura interior estable durante todo el año, con menos oscilaciones de frío o calor. Combinada con la madera del muro, que ya aísla por sí misma, la envolvente logra un buen aislamiento térmico y acústico, algo especialmente valioso en un clima tan exigente como el de la Cerdaña.
Luz natural a raudales, la mejor aliada para dormir mejor
Las viviendas se abren al paisaje a través de un amplio frontal acristalado, que regala vistas a las montañas y una sensación constante de estar conectado con la naturaleza. Pero la luz que entra por ese ventanal no es solo estética: la orientación de las casas está pensada para aprovecharla al máximo, de modo que el sol ayude a regular la temperatura interior de forma natural, sin depender tanto de la climatización.
Esa luz natural también cumple un papel en la salud de quienes viven allí. Al recibir claridad durante buena parte del día, el cuerpo ajusta mejor su reloj biológico (el que marca cuándo tenemos sueño o energía), lo que se traduce en mejor descanso y menos necesidad de luz artificial. A esto se suma la ventilación cruzada y el comportamiento de los materiales naturales frente a la humedad y la temperatura, que ayudan a mantener un aire interior limpio y un ambiente agradable durante todo el año.
¿Casas de montaña que casi no necesitan calefacción?
En este proyecto el interiorismo no se pensó aparte, nace de los mismos materiales que forman la casa. “Más que seguir un estilo decorativo concreto, los espacios surgen de la propia arquitectura. La madera es el hilo conductor, aportando calidez además de salud y sostenibilidad”, comparte la fundadora de Cuna Arquitectura.
En el salón, una estufa de leña de cuerpo metálico y acabado negro pone la nota de calor. Pero esta estufa no trabaja sola: junto a ella, la casa cuenta con aerotermia, suelo radiante y un sistema de ventilación con recuperador de calor que renueva el aire constantemente. Todo, combinado con el buen aislamiento y la orientación de la vivienda, permite mantener una temperatura agradable durante todo el año gastando muy poca energía. El resultado es una vivienda nZEB (near zero energy building), es decir, prácticamente autosuficiente energéticamente, un ejemplo claro de arquitectura sostenible aplicada al día a día.
Todo conectado: la fórmula abierta de la zona de día
Vemos el salón y el comedor, situados junto a la fachada acristalada; frente a ellos se sitúa la cocina. Los tres ambientes se plantean como un único espacio continuo, sin muros que los separen, pero cada uno conserva su propia identidad. Así, la luz, la amplitud y las vistas al paisaje se comparten entre todos los usos del día a día, y la casa se vive de una forma más flexible.
La cocina, separada del comedor por una península que marca los límites
La cocina, de estética moderna, se organiza en torno a una península, una solución que marca los límites del espacio sin cerrarlo ni interrumpir la continuidad de la zona de día. Funciona como una pieza de transición, ordenando los distintos usos y, al mismo tiempo, mantiene la conexión visual entre los ambientes.
Este módulo separador alberga la zona de fuegos con una extracción de humos sin campana. Un sistema integrado en la propia encimera capta el aire justo donde se cocina y lo conduce en horizontal hasta el exterior, dejando la cocina visualmente más limpia.
En esta cocina, dispuesta en paralelo, la madera de abeto vuelve a ser la protagonista: viste el mobiliario, el techo e incluso el frigorífico, panelado para integrarse sin romper la estética general. Esa continuidad da unidad a todo el conjunto y refuerza la sensación cálida que recorre el resto de la vivienda. Para la encimera y la zona de aguas se ha elegido un material resistente que dialoga con la madera sin quitarle protagonismo, mientras los azulejos aportan un punto de contraste de color.
Un detalle curioso: en lugar de ventana, hay una puerta que da acceso a la casa desde el jardín y que, de paso, deja entrar mucha más luz.
Textiles suaves y armarios que desaparecen en la pared
Al igual que en el caso de la cocina, el dormitorio principal se abre directamente al jardín a través de una gran puerta acristalada, reforzando esa sensación de estar en contacto constante con el verde exteriorr; y es que ver plantas nos aporta felicidad.
Aquí se buscó crear una atmósfera serena, pensada para el descanso: los textiles (cortinas, cabecero y ropa de cama) se eligieron en tonos suaves y neutros. Los armarios roperos, por su parte, casi desaparecen: se han resuelto de forma muy discreta, como si fueran un plano más de la pared, y solo los tiradores delatan que ahí hay espacio de almacenaje.
Escalera de madera, la elegida para subir a la planta superior
La escalera de madera conduce a la zona de noche y, de paso, refuerza la continuidad de materiales de toda la casa. No es una elección casual: la madera vuelve a ser la mejor opción también por sus cualidades acústicas, ya que absorbe mejor el sonido que otros materiales.
El espacio junto a los peldaños tampoco se desaprovecha: se ha convertido en un área de almacenaje, con pequeños estantes abiertos. Una solución sencilla que optimiza esta zona de paso.
Un despacho con vistas que vuela sobre el salón y el comedor
Vemos el despacho, situado sobre el salón comedor y disfrutando de las vistas y la luz que entra por la fachada acristalada. La vivienda cuenta con tres dormitorios dobles: el de la planta baja incluye baño propio en suite y dos más, situados en este nivel.
El pavimento cambia según la planta: en la baja se emplea un suelo continuo de acabado mineral, resistente y neutro. Se trata de losas de hormigón pulido En la planta superior un parqué de maderanaturalaporta calidez a las zonas más privadas de la casa.
En los dormitorios, además, se ha cuidado algo que no se ve a simple vista pero que influye directamente en el descanso: la instalación eléctrica. Puede sonar técnico, pero la idea es sencilla. Todos los aparatos y cables de una casa generan pequeñas corrientes eléctricas, y si no tienen un buen camino de salida, pueden quedar ‘atrapadas’ en estructuras metálicas o en el propio entorno donde dormimos. Para evitarlo, se ha instalado una puesta a tierra de alto nivel, es decir, un sistema que conduce esas corrientes de forma segura hacia el terreno, en lugar de dejar que se acumulen en la vivienda. Esto tiene un efecto directo en la calidad del descanso: un dormitorio con una instalación eléctrica bien resuelta es un espacio más ‘limpio’ energéticamente, con menos interferencias alrededor de la cama.
“El bienestar no depende solo de la luz o los materiales, sino también de estos aspectos invisibles que ayudan a crear un entorno más seguro y propicio para el descanso”, afirma la experta en arquitectura regenerativa y para la salud.
‘A3 Houses’ demuestra que una arquitectura saludable no depende de un único gesto, sino de sumar muchas decisiones bien pensadas: los materiales, el sistema constructivo, la orientación, la captación de luz o incluso lo que no se ve, como la instalación eléctrica. Todo apunta en la misma dirección: cuidar a quienes viven en la casa sin descuidar el entorno que la rodea.
Estas tres viviendas de la Cerdaña francesa son, en definitiva, un ejemplo de cómo vivir de la forma más saludable posible, cuidando de las personas y del planeta al mismo tiempo.