En un momento en que el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los grandes problemas de nuestro tiempo en nuestro país y en que el cambio climático exige repensar cómo construimos y cómo habitamos, reformar bien ya no es solo una cuestión estética ni una decisión personal: es uno de los gestos más responsables que podemos tomar. Cada renovación es una oportunidad real para mejorar la eficiencia energética, reducir el impacto ambiental y aumentar el confort interior, pero también para ir más allá: repensar la distribución, recuperar la relación con el exterior, incorporar vegetación y materiales naturales, y exigirle a la vivienda rehabilitada mucho más que una mejor eficiencia energética.
De todo ello hablamos con Jaime Prous, arquitecto, fundador de Jaime Prous Architects (jprousarchitects.com) y profesor en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallès (ETSAV-UPC), quien defiende que rehabilitar el parque inmobiliario existente es una de las respuestas más inteligentes y sostenibles que tenemos a nuestro alcance.
© Del Río Bani para Jaime Prous ArchitectsLa mejor apuesta es recuperar edificaciones que ya tenemos
Jaime considera que cada vez cuesta menos asumir que el futuro de la arquitectura pasa por recuperar, adaptar y transformar inteligentemente la vivienda que ya existe. La respuesta a muchos de los retos que tenemos por delante (la sostenibilidad, la eficiencia energética o el acceso a la vivienda) no pasa únicamente por seguir expandiéndonos, sino por mirar con otros ojos la arquitectura ya construida y descubrir todo su potencial.
“Y hay algo que a mí me resulta especialmente esperanzador. Como profesor en la escuela universitaria ETSAV [que depende de la UPC], veo que la mayoría de los proyectos que desarrollan nuestros estudiantes ya no parten de un solar vacío, sino de una realidad existente: edificios que se transforman, espacios que cambian de uso y arquitecturas que encuentran una segunda vida. Creo que eso es profundamente significativo, porque demuestra un cambio de mentalidad”, afirma el docente.
Las nuevas generaciones entienden que la arquitectura no siempre consiste en levantar algo nuevo. A veces, el gesto más inteligente, más sensible y también más sostenible es recuperar aquello que ya tenemos.
Jaime firma la reforma de este ático junto al estudio Pineda-Monedero. En 'Ático A-N-T', la intervención parte de una idea clara: disolver el límite entre interior y exterior para ampliar la forma de habitar la vivienda. Cocina, comedor y salón se duplican en la terraza, la vegetación actúa como estrategia bioclimática y la ventilación cruzada contribuye a reducir la temperatura interior en los meses más cálidos. En el baño que vemos, una celosía inspirada en las soluciones de Jean Prouvé permite que la luz natural llegue hasta el corazón de la vivienda, reforzando la continuidad espacial y la sensación de amplitud.
© Adrià Goula para HaqrquitectesConstruir y rehabilitar no son caminos opuestos
El experto es de la opinión de que el problema actual de la vivienda es más complejo que la dicotomía entre construir obra nueva y rehabilitar: en realidad, se hace poco de ambas cosas para dar respuesta a una necesidad creciente.
La población ha aumentado, los hogares son cada vez más pequeños y el parque edificatorio existente necesita una profunda actualización. Pero la arquitectura tiene una enorme capacidad de adaptación: edificios de oficinas obsoletos, antiguas naves industriales o aparcamientos pueden convertirse en viviendas de calidad si se cumplen las condiciones adecuadas de habitabilidad.
“El gran reto de nuestra generación es precisamente ese: dejar de entender la rehabilitación como una actuación puntual y asumirla como una herramienta fundamental para regenerar nuestras ciudades, aprovechar mejor los recursos existentes y ofrecer respuestas sostenibles a la demanda de vivienda. Construir y rehabilitar no son caminos opuestos; son dos estrategias complementarias e imprescindibles”, cuenta el arquitecto fundador de Jaime Prous Architects.
Un ejemplo que ilustra hasta dónde puede llegar una intervención sobre una preexistencia es ‘Casa 1736’, en el barrio de Sarrià, en Barcelona. El estudio Harquitectes se encontró con una fachada protegida que era obligatorio conservar y, a partir de ahí, desarrolló una vivienda de 631 metros² en la que toda la transformación ocurrió hacia dentro. El elemento central es un gran patio que evita que el interior sea oscuro y mal ventilado, y que recupera la lógica de los patios góticos barceloneses. El jurado de los Premios FAD de Arquitectura 2024, que galardonó el proyecto ex aequo, valoró que la solución desafía las convenciones de la arquitectura doméstica unifamiliar.
© Philippe Ruault / Lacaton & Vassal, Druot, HutinMás allá de la eficiencia energética: lo que una reforma puede hacer por la calidad de vida
La premisa a la hora de reformar una vivienda construida hace 40 o 50 años debe ser ofrecer una vida mejor, porque nos encontramos ante edificios con una gran calidad arquitectónica que simplemente no fueron concebidos con los criterios de confort y eficiencia que exigimos hoy.
La principal carencia es energética: poco o ningún aislamiento, puentes térmicos importantes y sistemas de calefacción obsoletos que repercuten en el consumo, el confort y la economía familiar. Pero la rehabilitación debe aspirar a algo más que a reducir facturas. “Debe ser una oportunidad para dignificar la vivienda y mejorar la calidad de vida de quienes la habitan. Un ejemplo extraordinario es la rehabilitación de las 530 viviendas de Burdeos realizada por Lacaton & Vassal, Druot y Hutin [en la imagen superior]: no se limitaron a mejorar la eficiencia energética, sino que ampliaron las viviendas mediante terrazas-invernadero que aportaban más espacio, más luz y una relación mucho más rica con el exterior. Es una demostración de que rehabilitar no consiste solo en conservar, sino en ofrecer una vida mejor”, explica Jaime.
© Biderbost Photo para Estudio MínimaY si la arquitectura tradicional es la respuesta…
El profesor e investigador es contundente: nuestras viviendas y ciudades no están preparadas para las olas de calor que ya estamos viviendo y, en muchos casos, las agravan. Hemos construido entornos dominados por el hormigón y el asfalto, con escasa vegetación y un acusado efecto isla de calor; y los propios sistemas de climatización que usamos para refrescarnos expulsan más calor al exterior, alimentando un círculo difícil de romper.
La solución pasa por edificios más verdes, capaces de moderar la temperatura de forma natural. Una transformación que, por suerte, no exige partir de cero: las cubiertas verdes y las fachadas vegetales pueden incorporarse a edificios ya construidos y tienen un impacto inmediato, ya que absorben hasta un 80% de la radiación solar en verano, contribuyen al aislamiento térmico en invierno y reducen la huella de carbono del conjunto.
Jaime destaca que también existe otra palanca poderosa: recuperar la inteligencia de la arquitectura vernácula, que durante siglos construyó pensando en el clima a través de la orientación, la ventilación cruzada, los patios y la sombra (lo que hoy denominamos biohabitabilidad) sin necesidad de tecnología. Un ejemplo de hasta dónde puede llegar esa lógica es la cabaña pasiega del siglo XVI rehabilitada por Estudio Mínima en los Valles Pasiegos de Cantabria: una construcción de arquitectura tradicional que, respetando íntegramente su esencia y sus muros de piedra de hasta 80 centímetros de espesor, ha alcanzado la certificación EnerPHit (el estándar de eficienca passivhaus aplicado a la reforma).
Pero el experto consultado va más lejos y apunta a algo que pocas veces se dice: “Debemos redefinir nuestros parámetros de confort. Hemos llegado a pensar que consiste en mantener una temperatura constante durante todo el año, independientemente de lo que ocurra en el exterior. Quizá debamos volver a aceptar que en verano hace calor, que se suda y que eso forma parte de nuestra relación con el clima y con la naturaleza. No es una renuncia al bienestar; es una manera más consciente y sostenible de habitar el mundo”.
© David Frutos para Laura OrtínReformar bien no siempre es ganar metros: el argumento definitivo para no cerrar tu balcón
Uno de los errores más frecuentes al reformar una vivienda es la obsesión por ganar metros cuadrados a cualquier precio, opina el arquitecto. Durante años hemos cerrado balcones y terrazas para incorporarlos al interior, pensando que así ganábamos espacio cuando, en muchos casos, lo que perdíamos era calidad de vida.
Un balcón o una terraza no son metros desaprovechados: son una extensión de la vivienda, un espacio de relación con el exterior y un dispositivo climático de primer orden. Con vegetación, sombra y una buena protección solar, puede reducir varios grados la temperatura interior, mejorar la ventilación y disminuir la dependencia de la climatización mecánica. “Pero, más allá de la eficiencia, hay algo todavía más importante: una terraza es el lugar donde desayunamos al sol, donde leemos, donde cenamos en una noche de verano o simplemente donde observamos cómo cambia la luz a lo largo del día. La arquitectura no debe aspirar únicamente a ofrecer más metros cuadrados; debe aspirar a ofrecer una mejor manera de vivir”, insiste Jaime.
Vemos un piso en Murcia reformado por Laura Ortín en el que la artífice del proyecto recuperó el exterior que los anteriores propietarios habían cerrado.
© Milena Villalba para Estudio BravaLa sostenibilidad no es un privilegio: depende más del diseño que del presupuesto
Hacer una vivienda más sostenible con un presupuesto ajustado es posible, siempre que no se confunda sostenibilidad con tecnología o con una actualización meramente estética. Jaime distingue dos estrategias:
- Sostenibilidad cosmética. Actuar sobre la piel del edificio: cambiar acabados, incorporar materiales o añadir soluciones tecnológicas sin replantear cómo funciona realmente la vivienda. Mejora algunos parámetros, pero rara vez transforma la experiencia de habitar.
- Sostenibilidad estructural. Intervenir sobre la propia organización espacial: buscar ventilaciones cruzadas, aprovechar la orientación, introducir sombra, vegetación y espacios intermedios que regulen la temperatura de forma natural.
Las soluciones más inteligentes no siempre son las más caras. “La verdadera sostenibilidad no debería ser un privilegio. No depende únicamente del presupuesto; depende, sobre todo, de diseñar mejor. Y, en ese sentido, la arquitectura tiene todavía mucho que aportar”, relata Jaime.
Un buen ejemplo de que el presupuesto no lo es todo es la reforma parcial que Estudio Brava emprendió en este piso de los años 70 en Cartagena (Murcia), del que vemos la zona de día. Interviniendo solo en una banda central de 45 m² y con una inversión de aproximadamente 40.000 €, los arquitectos lograron transformar una vivienda de más de 100 m²: espacios unificados, mayor flexibilidad, mejor aprovechamiento de la luz natural y una distribución adaptable a las necesidades cambiantes de sus habitantes.
© Meritxell Arjalaguer / Anna Torndelacreu y Olga PajaresDe la especulación a la persona: la visión de la ciudad que la arquitectura debe construir
Jaime se muestra optimista ante el futuro cercano. Imagina ciudades donde lo antiguo y lo nuevo convivan con naturalidad, donde rehabilitar no signifique congelar el pasado, sino darle una nueva vida, y donde la arquitectura trabaje con la naturaleza y no contra ella.
Ciudades más humanas que cuiden su memoria, se adapten a los desafíos climáticos y sitúen a las personas en el centro de las decisiones.
“También me gustaría pensar en ciudades que entiendan que la vivienda es una necesidad básica y no únicamente un objeto de inversión o especulación. Ciudades donde las personas puedan desarrollar su proyecto de vida con libertad y donde vivir en un lugar u otro sea una elección, y no una obligación impuesta por el precio de la vivienda o la falta de oportunidades”, concluye.
En la imagen, dormitorio de una vivienda barcelonesa rehabilitada integralmente por el estudio Torndelacreu junto con la diseñadora de interiores Olga Pajares. Una reforma que, sin renunciar a la esencia del piso con un extenso pasado, lo transforma para adaptarse a las necesidades contemporáneas de una familia de cinco miembros.
© Javier de Paz García para Outline InteriorLa arquitectura sostenible debe poner el foco en valorar lo que ya tenemos
“El edificio más sostenible no es necesariamente el más nuevo ni el más tecnológico. Muy a menudo, el edificio más sostenible es el que ya existe y somos capaces de adaptar con inteligencia a las necesidades del presente sin renunciar a su memoria. Porque la sostenibilidad no consiste únicamente en construir mejor; también consiste en conservar, transformar y valorar aquello que ya forma parte de nuestras ciudades y de nuestra historia”, concluye Jaime.
La cocina abierta al salón y al comedor que vemos en la imagen pertenece a un piso centenario de Malasaña, en Madrid, que Isabel Quirós, de Outline Interior, rehabilitó con respeto absoluto por los materiales originales. Un ejemplo de que lo construido hace décadas (o siglos) no caduca: con una mirada inteligente y sensible, puede ganar nuevas capas de historia sin perder su esencia.
El futuro de nuestras ciudades no se escribe solo levantando edificios de viviendas nuevos. Se escribe también, y sobre todo, sabiendo leer lo que ya está ahí.




