El término 'madres sándwich' no solo hace referencia a un determinado perfil de mujer, sino que habla más bien de una experiencia, tal y como nos indica Olga Albaladejo Juárez, psicóloga experta en bienestar y salud integrativa (www.olgapsicologaycoach.com). Nos dice que habla de ser, al mismo tiempo, el punto de apoyo de quienes te criaron y de quienes estás criando. "Son mujeres cuyos hijos todavía necesitan crianza y acompañamiento mientras sus padres requieren ayuda por enfermedad, dependencia o pérdida de autonomía", aclara. "La imagen es la de un sándwich: la persona queda en medio de dos generaciones que necesitan su atención".
Es una definición que viene ya de antiguo, pues como señala la psicóloga, fue en 1981 cuando Dorothy A. Miller, profesora en la Faculta de Trabajo Social de la Universidad de Kentucky (Estados Unidos), describió esta situación en un artículo publicado en 1981 en la revista Social Work. "Pero la metáfora deja fuera algo esencial" -advierte Albaladejo-: "quien sostiene a ambas generaciones también tiene necesidades".
El bienestar de los hijos no debería depender de que una sola persona llegue a todo
La realidad es, sin embargo, muy diferente, pues en el día a día esas necesidades pasan desapercibidas, especialmente por la madre, por la propia persona que cuida. Decimos "por la madre" por en España los cuidados siguen teniendo un marcado carácter femenino, pero esta situación de cuidar a los padres al tiempo que a los hijos menores de edad no es una situación exclusiva de las mujeres, como bien puntualiza la psicóloga. "Es importante tener en cuenta que cuidar no consiste únicamente en acompañar a una consulta, preparar una comida o recoger a los niños; también implica recordar citas, organizar relevos, gestionar trámites y anticipar necesidades", añade. "A veces, lo que más pesa es sentir que nunca se puede dejar de estar disponible. La responsabilidad continúa incluso cuando la tarea ha terminado".
El impacto de ser una 'madre sándwich'
Es indudable que sostener esta doble carga de cuidados impacta en la persona que los ejerce. La cuestión es cómo. Para responder a ello, la experta en bienestar y salud integrativa nos remite a un estudio longitudinal publicado en Public Health en 2025 que observó que empezar a cuidar de un familiar mayor mientras se criaba a hijos se asociaba con un deterioro de la salud mental que persistía durante varios años. Nos explica que esa asociación era más marcada entre quienes dedicaban más de veinte horas semanales al cuidado del familiar y que, en los cuidados intensivos, se observó, además, un mayor deterioro de la salud física.
Otro estudio estadounidense, publicado por Lei y colaboradores en 2023, encontró que los cuidadores sándwich dedicaban el mismo tiempo a sus progenitores que aquellos que no tienen hijos pequeños; lo mismo ocurre con personas que, además, tienen un trabajo fuera de casa, que no se reduce horas ni en los cuidados ni en el trabajo, con todo lo que ello implica.
Olga Albaladejo comenta un aspecto muy importante que la mayoría de las veces se pasa por alto, y es que cuidar puede aportar afecto, cercanía y sentido. Aun así, hay que tener presente que "sostener durante mucho tiempo una doble responsabilidad, con poco relevo y escaso margen para recuperarse, puede tener un coste emocional y físico", subraya. "El cariño y el agotamiento pueden coexistir: sentirse desbordada no significa querer menos a la familia".
Y pone sobre la mesa otra cuestión también fundamental: a juzgar por ella, uno de los riesgos más profundos es que la vida propia vaya quedando aplazada: primero el descanso, después las amistades, la salud o los proyectos. "A ello puede sumarse una culpa difícil de resolver: mientras atiende a sus padres, siente que debería estar con sus hijos; cuando está con sus hijos, se preocupa por sus padres", detalla. "Puede estar haciendo muchísimo y vivir con la sensación de que siempre está fallando a alguien".
Cómo impacta en los hijos que su madre o su padre sea un 'cuidador sándwich'
Cuidar a los padres al mismo tiempo que a los hijos menores de edad, ¿puede afectar a la crianza de éstos? "Sí, puede afectar, pero no hay evidencia de que cuidar a los abuelos pueda perjudicar por sí mismo a los hijos", nos responde la psicóloga. "Lo relevante es cómo se organiza esa situación y cuánta energía, paciencia y disponibilidad emocional les queda a los adultos que los crían".
Es casi una consecuencia lógica que, en el día a día, una madre muy agotada pueda tener menos paciencia para escuchar, responder con brusquedad o estar físicamente presente mientras su atención sigue pendiente de otra urgencia. Sin embargo, "señalarlo debería servir para movilizar apoyos, no para añadir culpa", recalca Albaladejo.
Puede estar haciendo muchísimo y vivir con la sensación de que siempre está fallando a alguien
"Desde mi perspectiva, cuidar de los abuelos también puede ofrecer oportunidades para enseñar afecto, reciprocidad y solidaridad". Y este aprendizaje tan importante debe girar en torno a no cargar de más a los niños: "debe permitir que los hijos sigan siendo hijos: colaborar de manera adecuada a su edad es diferente de asumir responsabilidades adultas o sentirse encargados de mantener emocionalmente a su madre".






