Aún cuesta creer que Blanca Fernández Ochoa no esté entre nosotros y cuesta todavía más pensar que hayan pasado ya siete años desde su triste partida. Este sábado, con motivo del aniversario de su muerte, familiares, amigos, vecinos y todos aquellos que tuvieron el privilegio de cruzarse con ella en algún momento de su vida volvieron a reunirse en Cercedilla para rendirle uno de los homenajes más especiales: caminar hasta el lugar donde fue encontrada sin vida en septiembre de 2019.
No fue una marcha cualquiera. A las nueve de la mañana, el grupo partió desde Las Dehesas, junto a Casa Cirilo, el mismo lugar donde Blanca dejó aparcado su coche antes de desaparecer, para emprender una subida de unas dos horas y media hacia el Colladito del Rey y la zona del pico de La Peñota. Es el recorrido que su familia cree que realizó la campeona olímpica durante sus últimas horas y que, siete años después, se ha convertido en una manera de volver a caminar junto a ella.
Una ruta para volver a encontrarse con Blanca
Al frente de esta nueva edición de 'La Hora Blanca' estuvo su hermana Lola Fernández Ochoa, que ha explicado cómo transcurre un homenaje que ha querido mantenerse alejado de protocolos y grandes ceremonias.
"Es un clásico, nos juntamos todos los que quieran ir, desde amigos del pueblo hasta cualquier persona que quiera saber más sobre Blanca, y hacemos la excursión que creemos que fue la que hizo ella", explicaba Lola a Informativos Telecinco.
Tras dos horas y media de ascenso, el grupo llegó hasta las proximidades del lugar donde apareció el cuerpo de Blanca. Allí no hubo grandes discursos. Un bocadillo, recuerdos compartidos, una poesía e incluso alguna canción bastaron para volver a sentirla cerca.
"Llegamos al sitio donde apareció ella, en la zona del pico de La Peñota, nos tomamos un bocata, hablamos, leemos una poesía y alguien incluso canta, y ya nos bajamos. Todo para recordarla", relataba su hermana.
La sencillez es precisamente lo que hace especial este encuentro. Año tras año se suman familiares, amigos, vecinos de Cercedilla, montañeros y personas que quizá nunca conocieron personalmente a Blanca, pero que quieren mantener vivo el recuerdo de la mujer que hizo historia en el deporte español.
Del dolor a recordarla con una sonrisa
Para Lola, recorrer este camino también ha cambiado con los años. Las primeras ediciones estuvieron marcadas por el dolor de regresar al lugar donde perdió a su hermana. Hoy consigue hacerlo desde el cariño. "Los primeros años fueron duros, yo no podía ni hablar, pero ahora es un momento de recordarla con mucho cariño. Han pasado siete años y siempre que hablo de ella tengo una sonrisa", reconoce.
Ahora prefiere quedarse con la Blanca divertida, creativa y risueña y dejar atrás la parte más dura de su enfermedad. Incluso La Peñota se ha convertido en un lugar especial al que regresar: "Aunque podría parecer un horror por lo que ocurrió allí, para mí es un sitio especial. Está claro que mi hermana eligió ese sitio por algo".
Once días de búsqueda que mantuvieron en vilo a España
Blanca Fernández Ochoa fue vista por última vez el 24 de agosto de 2019. Había viajado hasta Cercedilla y dejó su coche en Las Dehesas, cerca del monolito dedicado a su hermano Paco Fernández Ochoa.
Cuando su familia denunció su desaparición comenzó un enorme dispositivo en la sierra de Guadarrama. Durante días, cientos de profesionales, voluntarios, familiares, vecinos y amigos participaron en una búsqueda que mantuvo pendiente a todo el país.
Sus hijos, Olivia y David Fresneda, recordarían años después que hubo un detalle que les hizo sospechar desde el principio que algo no iba bien: Blanca había dejado en casa a Choco y Trufa, sus perros, algo completamente inusual. "Donde iba mi madre iban ellos", explicó David en '¡De viernes!'.
La búsqueda terminó el 4 de septiembre de 2019, once días después de que se perdiera su rastro. Un guardia civil fuera de servicio que se encontraba acompañado por su perro localizó su cuerpo en las proximidades del pico de La Peñota.
El recuerdo de sus hijos
Con el paso del tiempo, Olivia y David también han conseguido poner palabras a aquellos días y a una faceta de su madre que durante años permaneció en la intimidad familiar. Blanca padecía trastorno bipolar y sus hijos han querido hablar públicamente sobre salud mental para contribuir a romper el tabú que todavía rodea a estas enfermedades.
"Mi madre era una persona superalegre por fuera, muy noble. Se guardaba todo dentro", contó Olivia. David recordaba que, incluso cuando atravesaba momentos difíciles, su madre intentaba que ellos no cargasen con sus problemas: "Siempre que te veía te recibía con una sonrisa, aunque después se fuese triste".
Olivia conserva además con enorme nitidez la última jornada que pasó junto a ella. Blanca fue a buscarla a su centro de entrenamiento, comieron juntas en uno de sus restaurantes favoritos y después se fueron a hacerse las uñas. "El último abrazo, se subió al coche y no la volví a ver", recordó emocionada.
La campeona que abrió camino
Antes de aquella trágica búsqueda, Blanca Fernández Ochoa ya había hecho historia en el deporte español. Siguiendo los pasos de su hermano Paco, participó en cuatro Juegos Olímpicos de Invierno y en Albertville 1992 conquistó el bronce en eslalon, convirtiéndose en la primera mujer española en ganar una medalla olímpica. A ello sumó cuatro victorias y veinte podios en la Copa del Mundo.
Pero quienes hoy suben a la montaña no recuerdan solo a la campeona, sino también a Blanca. De ese recuerdo ha nacido además una Fundación impulsada por Lola para ayudar a otros deportistas con su salud mental. "Espero que mi hermana esté contenta y orgullosa de lo que estamos haciendo", asegura.
Cada año vuelven a recorrer el camino que creen que hizo por última vez, no solo para recordar cómo se marchó, sino, sobre todo, cómo vivió.










