Anabel Pantoja comparte a menudo su día a día en redes sociales. Un día a día que incluye a su hija, Alma, de dos añitos. A pesar de que la colaboradora televisiva es muy cautelosa con todo lo que tiene que ver con la niña -cuyo rostro no muestra nunca en su perfil-, el más mínimo detalle es analizado con lupa por decenas de personas que no tienen reparos en comentar sus publicaciones de manera excesivamente crítica. Ha sido precisamente un vídeo en el que contaba su rutina con la pequeña Alma lo que ha hecho estallar a Anabel: "No tenéis que destruirme", respondía.
Al final del vídeo dejaba ver que, tras dormir a la niña, ella se iba a la cama y se ponía unos tapones en los oídos, hecho que ha suscitado un nivel de críticas tan feroz que la sobrina de Isabel Pantoja se vio obligada a emitir un comunicado a través de otro vídeo. En él explica que, a pesar de llevar los tapones, escucha perfectamente a Alma y que se entera de cualquier ruido que ella haga, puesto que duerme: "Mi habitación no tiene puertas; Alma duerme al final, con la puerta abierta. Yo utilizo tapones porque tengo problemas, ¡pero escucho a mi hija! Basta ya de estar buscando la cosquilla, la crítica, el juzgamiento, el aprovechamiento".
En el video-comunicado Anabel no puede evitar que se le salten las lágrimas y, a pesar de que reconoce ser consciente de que es un personaje público que muestra su vida y que eso puede dar pie a que muchas personas opinen, pasar cierto límite en esas críticas está haciendo mella en ella: "Me está dando un poco de miedo el ser yo misma y el contaros mi día a día y mi vida".
Las opiniones de los demás pueden generar inseguridad, sensación de culpabilidad y pérdida de confianza en la propia capacidad como madre.
Cuando, además, esas críticas feroces juzgan a alguien como madre, el impacto emocional puede ser enorme, tal y como pone de manifiesto la Dra. Ana Isabel Sanz, médico psiquiatra y psicoterapeuta, especializada en infancia, adolescencia y adultos y directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias: "Este tipo de comentarios puede hacer que la persona se sienta invalidada y empiece a cuestionar su propia capacidad para afrontar la maternidad al sentir que no recibe la validación del público".
La Dra. Sanz afirma con rotundidad que las reacciones hostiles y las críticas directamente descalificadoras no son simples opiniones: son agresiones porque no buscan plantear de forma constructiva una alternativa ante una determinada decisión de crianza, sino que tienen una intencionalidad destructiva.
Por eso entiende perfectamente que Anabel Pantoja respondiera diciendo que "no tenéis que destruirme" a aquellas las personas que le han hablado con tanta dureza respaldadas en el anonimato propio de las redes sociales. "Esa crueldad tiene consecuencias emocionales evidentes sobre alguien que simplemente está mostrando una parte de su vida de la que se siente orgullosa, sin pretender necesariamente enseñar a los demás cómo deben criar a sus hijos".
La psiquiatra recuerda algo que es bien sabido por todos, pero que parece olvidarse en el entorno online y es que las agresiones no necesitan ser físicas para causar daño. "Las agresiones verbales y emocionales también pueden tener un impacto muy importante y, mantenidas en el tiempo, pueden llegar a quebrar emocionalmente a una persona", sentencia Sanz.
La maternidad, a juicio
Si bien Anabel Pantoja es un personaje público, muchas mujeres pueden sentirse identificadas con ella, puesto que es una realidad que hoy en día se sigue juzgando mucho a las madres por la manera de criar a sus hijos. Se opina sobre la alimentación, sobre las pautas de sueño, sobre los límites que se ponen o se dejan de poner a los hijos, sobre el uso de dispositivos tecnológicos… ¿Cómo impactatodo eso en la salud mental materna?
Incluso cuando una madre es una persona madura, unos juicios externos muy intensos, descalificadores o negativos pueden acabar influyendo significativamente en su manera de ejercer la crianza.
"Las opiniones de los demás, especialmente cuando hablamos de críticas no constructivas, pueden generar inseguridad, sensación de culpabilidad y pérdida de confianza en la propia capacidad como madre", asegura la Dra. Isabel Sanz. "Y esa percepción de una misma como madre constituye una parte muy importante de la imagen personal de una mujer, por lo que puede llegar a alterar de manera muy significativa su bienestar emocional e incluso contribuir a la aparición de cuadros depresivos".
La especialista hace hincapié en que, cuando la crítica externa es muy intensa, además de la culpa y la duda, puede aparecer una tendencia a justificarse constantemente y explicar por qué se toma cada decisión. "Esto genera ansiedad porque la persona termina cuestionándose continuamente si está actuando correctamente y se enfrenta al choque entre sus propios criterios y la presión social".
Y esto, a su vez, tiene más consecuencias: "esta justificación e hipervigilancia permanentes sobre si se está ejerciendo adecuadamente el papel de madre pueden acabar provocando un importante agotamiento emocional y físico. Incluso pueden llevar a aislarse, a evitar determinados temas o a dejar de contar ciertas cosas simplemente por miedo a ser juzgada".
Más allá de la salud mental materna: así afectan las críticas a la crianza
¿Cómo afecta eso a la manera de criar a los hijos? ¿Hay madres que cambian sus normas o su proceder por ese juicio externo? "Sí", nos responde la Dra. Sanz. "Incluso cuando una madre es una persona madura y tiene bastante claro qué quiere para su hijo, unos juicios externos muy intensos, descalificadores o negativos pueden acabar influyendo significativamente en su manera de ejercer la crianza".
La directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias explica que en todo individuo existe, de forma más o menos consciente, una necesidad de evitar el rechazo y de obtener cierta aprobación social en un ámbito tan importante como la maternidad para la percepción que tenemos de nosotros mismos. Por ello, en lo referente a la crianza, "uno de los principales riesgos es dejar de utilizar como referencia nuestros propios criterios y las necesidades particulares de nuestro hijo para empezar a guiarnos por consejos, normas o tendencias generales sobre alimentación, sueño, límites o relaciones con otros niños".
Las agresiones verbales y emocionales también pueden tener un impacto muy importante y, mantenidas en el tiempo, pueden llegar a quebrar emocionalmente a una persona.
Y advierte de que podemos acabar siendo víctimas de determinados eslóganes en lugar de responder a lo que realmente necesita nuestro hijo, que es una persona única y no comparable con ningún otro, y a aquello que nosotros queremos priorizar en su educación.
"El segundo riesgo es convertir una experiencia que debería ser enriquecedora, como la crianza, en una fuente permanente de ansiedad", añade. "Podemos volvernos hipervigilantes y controlar en exceso qué hacemos con nuestros hijos y cómo será valorado por los demás".
La doctora pone sobre la mesa un aspecto del que no se suele hablar tanto, y es que esa duda entre nuestros propios criterios y los del grupo social puede hacer que nuestras pautas sean cada vez más inconsistentes. "Podemos actuar de una manera en casa y modificar nuestros criterios cuando estamos delante de otras personas para adaptarnos a lo que creemos que será socialmente mejor aceptado".
Y se ha de tener muy presente que esa inconsistencia termina afectando también al niño, porque puede confundirle, desorientarle y generar un desequilibrio emocional.






