Los expertos han dado la voz de alarma. En el último congreso de la Sociedad Española de Nutrición (SEÑ), se recalcó cómo las generaciones más jóvenes se alejan cada vez más de la dieta mediterránea y se alertó de que hay carencias nutricionales estables en la población infantil.
Hablamos de todo ello con la profesora Marcela González-Gross, catedrática de Nutrición y Fisiología de la Universidad Politécnica de Madrid y presidenta de la SEÑ.
Los adolescentes saben identificar los alimentos más saludables perfectamente, por tanto, no es un problema de conocimiento. Pero indican que la comida saludable es aburrida, que es un “rollo” tener que pelar la fruta o que la fruta y la verdura no les llena
¿Cuáles son las causas que barajan para explicar que en la población infantil esté cayendo la adherencia a la dieta mediterránea?
El alejamiento de la dieta mediterránea en la población española se viene observando desde hace tiempo. Y datos científicos recientes lo han confirmado. Hemos tenido la oportunidad de comparar datos de un estudio que se realizó en escolares entre 8 y 17 años de edad en el año 1998-2000 (estudio ENKID) con datos obtenidos en otro estudio en chicos y chicas de las mismas edades en 2019 y en 2022 (estudio PASOS). En los 20 años transcurridos, se observa un descenso significativo en ambos sexos y en todas las edades, independientemente del tamaño de la ciudad, la distribución geográfica o el nivel de estudios de los padres.
Los factores que han conducido a este cambio son difíciles de establecer. El ambiente en la casa, la accesibilidad a los alimentos, las veces que se come fuera de casa o cómo se percibe en el hogar el precio de los alimentos conforman el ambiente físico. El tipo de educación que siguen los padres, las reglas, los hábitos alimentarios de los padres, y el modelo que ejercen, si las comidas se hacen en la mesa o delante del televisor se considera el ambiente social.
Según un estudio reciente en niños y adolescentes, un 45% de los encuestados realizan al menos una comida al día delante del televisor cuando comen en familia. Estos datos son muy preocupantes. Las comidas en familia son muy importantes para la educación alimentaria de los hijos, el establecer rutinas, estar sentado, y, sobre todo, sin pantallas. Los adolescentes saben identificar los alimentos más saludables perfectamente, por tanto, no es un problema de conocimiento. Pero indican que la comida saludable es aburrida, que es un “rollo” tener que pelar la fruta o que la fruta y la verdura no les llena.
¿Qué consecuencias sobre la salud puede ocasionar esta realidad?
La alimentación de los niños y adolescentes tiene que ser diferente de la de los adultos. Los niños no son adultos en pequeñito. Por kilogramo de peso, durante la infancia y la adolescencia se tienen que consumir más calorías que los adultos (es decir, proporcionalmente), así como mayor cantidad de proteína, grasas e hidratos de carbono, además de las cantidades adecuadas de vitaminas y minerales. Una alimentación variada que garantice el aporte de energía y nutrientes es fundamental para el crecimiento y desarrollo, tanto físico como mental. El organismo en crecimiento requiere de una nutrición adecuada, es una gran responsabilidad.
La dieta mediterránea tiene muchos platos variados ricos en nutrientes, que se pueden adaptar al gusto de los niños y adolescentes. Pero es evidente que gustos y costumbres evolucionan y quizás debamos adaptar el mensaje de dieta mediterránea al tiempo actual y que no parezca una forma de alimentarse “anticuada”. Desde la SEÑ son muchos los investigadores y los grupos que estamos trabajando en estos aspectos, e incluso estamos en grupos de trabajo internacionales con investigadores de Italia, Grecia, Francia, que comparten nuestra preocupación.
Se ha visto también que los escolares tienen déficit de vitamina D, vitamina E, calcio, magnesio y folatos. ¿Qué problemas puede acarrear ese déficit?
La falta de cualquier nutriente afecta al desarrollo infantil y juvenil. Puede afectar a cualquier órgano o sistema del organismo, al crecimiento, al desarrollo cognitivo, al sistema inmune. A corto plazo afecta a la capacidad de concentración y a la memoria, y al propio desarrollo del cerebro, pudiendo favorecer la aparición de trastornos por déficit de atención con hiperactividad.
A más largo plazo, la falta de nutrientes es un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades mentales como la depresión, la ansiedad, incluso la esquizofrenia. No debemos olvidar que muchos nutrientes como el folato, los ácidos grasos omega 3, el zinc, el magnesio y otras vitaminas del grupo B participan en la síntesis de neurotransmisores y en la de las estructuras del sistema nervioso. De ahí la importancia de tomar una dieta variada, porque ningún alimento aporta todos los nutrientes.
La mayoría de los estudios científicos coinciden en que, además de la dieta, otros factores del estilo de vida como la falta de sueño y/o de actividad física también influyen en el desarrollo de depresión o ansiedad infantil y juvenil. En otro estudio que hemos realizado recientemente en niños de Primaria en la ciudad de Madrid, el estudio ASOMAD, hemos podido observar que el consumo de pescado dos o tres veces en semana y el consumo de verduras al menos dos veces al día se asocia con un menor riesgo de baja calidad de vida y de problemas emocionales.
Si se llega a una desnutrición crónica, es decir, que los niños toman una dieta baja en calorías y nutrientes, e incluso carente de hierro o yodo, se produce discapacidad intelectual y retraso en el aprendizaje. De ahí que no podamos insistir lo suficiente en la importancia de alimentar de forma correcta a nuestros niños y adolescentes. Esto además empieza desde antes de la gestación de la madre, por eso es tan importante educar a las mujeres que están planeando un embarazo que la alimentación que sigan durante el mismo va a condicionar la salud futura de sus hijos.
Esta vitaminas y minerales podrían obtenerse a través de la alimentación, pero ¿cuándo sería necesario optar por una suplementación farmacológica en población pediátrica para llegar a los niveles requeridos?
Todas las vitaminas y todos los minerales son nutrientes esenciales. Esto quiere decir que no los podemos sintetizar en nuestro organismo, por lo que debemos ingerirlos con los alimentos. Hay que seguir las recomendaciones de las guías y pirámides alimentarias diseñadas para niños y adolescentes. Si se come alimentos de todos los grupos, se ingieren los nutrientes.
A los niños hay que enseñarles a comer bien y a realizar ejercicio físico de forma regular, al igual que les enseñamos matemáticas o a leer y escribir. La suplementación de vitaminas y minerales siempre debe hacerse consultando al pediatra o al médico de cabecera. Por ejemplo, dado que hay una prevalencia muy alta de deficiencia de vitamina D, se está recomendando su suplementación desde las asociaciones de pediatría. Esto es porque la otra forma de “obtener” vitamina D es exponiendo la piel al sol, y esto cada vez está menos recomendado.
¿Cuáles son las proteínas de alta calidad que deben garantizarse en el menú infantil y que son deficitarias actualmente?
Las de mayor calidad son las del huevo, la carne y el pescado, ya que contienen todos los aminoácidos esenciales y en buena cantidad. Pero esto no quita que las legumbres combinadas con cereales (por ejemplo, lentejas con arroz) también pueden ser una buena fuente de proteína. Pero en la edad infantil y juvenil se debe priorizar la proteína animal frente a la vegetal, para garantizar el crecimiento y desarrollo.
Para volver a esa dieta mediterránea tan saludable en los menores, ¿cuáles serían las principales recomendaciones para las familias?
Lo importante es tomar todo tipo de alimentos y educar el paladar de los niños y adolescentes a los diferentes sabores. Se puede volver a una dieta mediterránea si desde pequeños educamos a nuestros hijos, sobrinos, nietos a consumir los platos y a los sabores. Es muy importante integrarlos a ellos en todos los procesos, es decir, ir con ellos a la compra, que sepan diferenciar unos alimentos de otros, cómo identificar si una carne o un pescado están frescos, preparar y cocinar los alimentos. Es una actividad divertida y supondrá un aprendizaje muy importante para su salud actual y futura.
Hay algunos estudios realizados en adultos donde se les pregunta sobre las barreras de consumir dieta mediterránea, e indican causas como no conocer las recetas de los platos tradicionales, no saber cocinar, el sabor de alimentos como el ajo y la cebolla, o que lleva demasiado aceite. Si seguimos así, esto va a ser lo habitual en las generaciones jóvenes en pocos años.
No se debe transmitir que comprar y cocinar es una pérdida de tiempo, sino todo lo contrario. Si realmente no se tiene tiempo, se pueden tomar alimentos preparados, en conserva o congelados, pero se deben elegir aquellos que pertenecen a nuestra dieta. Hay ahora mismo una gran variedad de ellos, verduras, paella, cocido, etc, y dejar otros alimentos como pizza o hamburguesas para las ocasiones especiales. Perder las bondades de la dieta mediterránea es una tragedia. Además de ser nuestra dieta tradicional, es de las dietas que más estudios científicos tiene, y en los que se demuestra sus bondades de aporte de alimentos con una buena calidad nutricional, que favorece el crecimiento y desarrollo y ayuda a prevenir la mayoría de las enfermedades no transmisibles, como la obesidad, la diabetes y la demencia.









