Viajes, campamentos, helados en la playa y comidas sin horario. El verano es sinónimo de libertad, pero para las familias con niños que sufren alergias alimentarias, la ruptura de la rutina estival no significa descanso, sino un pico de alerta por el posible riesgo que existe con la contaminación cruzada en chiringuitos, buffets o heladerías. ¿Cómo gestionar la ansiedad de la pérdida de control sin limitar el disfrute ni aislar al pequeño? Hablamos con la doctora Valeria Herrera-Lasso, especialista en Alergología y Microbiota de la Unidad de Microbiota Vithas/Inmunomet, del Hospital Universitario Vithas Madrid Arturo Soria, sobre las pautas para prevenir riesgos, actuar ante una emergencia fuera de casa y, sobre todo, conseguir que el niño gane autonomía con seguridad y sin miedos.
¿Cómo cambia el riesgo para las familias con niños con alergias alimentarias cuando llega el verano y se improvisan más comidas fuera de casa?
El riesgo se eleva exponencialmente por un motivo fundamental y es la pérdida de rutinas, esto es, horarios de comida, de sueño, de juego. Hay que procurar no limitar al niño en exceso para que pueda disfrutar del tiempo libre que suponen las vacaciones y que no le genere frustración. Si el paciente tiene una alergia alimentaria mediada por cofactor como puede ser el ejercicio, darle la opción de merendar y después promover una actividad tranquila... ¡pero apetecible! Por ejemplo, que elija un libro, un cómic o una manualidad que pueda hacer con sus seres queridos tras la ingesta.
¿Qué temores son los más frecuentes en los padres y cómo se manifiestan en el día a día?
Uno de los más frecuentes es perder el control, tenerlos lejos, es decir, que el niño se vaya de campamento, por ejemplo. Esto, como es natural, genera mucha preocupación y ansiedad. Lo más importante es que el niño entienda su alergia y gane autonomía cuanto antes.
¿Tendemos a infravalorar el riesgo en verano por la sensación de “relajación” general?
Creo que todo lo contrario. Hay mayor ansiedad en los padres por la sensación de pérdida de control al haber desaparecido las rutinas que marca el horario escolar.
¿En qué situaciones veraniegas la contaminación cruzada es realmente más probable?
En los establecimientos “temporales”, como puede ser un chiringuito de playa o en un buffet, no suelen tener buen control de alérgenos. En este último caso, aunque lo tengan, al poder cada uno servirse lo que quiera, la contaminación está garantizada. Si existe opción de elegir a la carta en vez de buffet, mejor. Si se puede elaborar el helado en casa con los ingredientes que sabemos que tolera el niño, mejor. Y si no se puede evitar el chiringuito de playa, aunque no es la mejor opción nutricional, procurar la ingesta de manera puntual de alimentos que vienen envasados, especificando ingredientes. Insisto que lo mejor es evitar el chiringuito y lo ideal es traer la comida de casa, sin dejar de hacer la actividad como es ir a la playa, para no añadir mayor desaliento al niño.
¿Son los helados y postres son especialmente problemáticos para niños alérgicos a leche, huevo o frutos secos?
Sí, muchos lo son, pero lo bueno es que ahora hay buenas alternativas igual de apetecibles y heladerías con mucha atención a este tipo de detalles porque, al final, se juntan alérgenos muy comunes en este tipo de productos y no les funcionaría el negocio si no es así. Los helados a base de agua, por ejemplo. Lo mejor de todo sería fabricar esos dulces de forma casera para que no suponga una decepción para el niño. Comprometerse con él a que no puede tomarse ese helado para merendar mientras paseamos por la playa pero que, al volver a casa, tendrá esa opción de postre si la quiere.
Hay mayor ansiedad en los padres por la sensación de pérdida de control al haber desaparecido las rutinas que marca el horario escolar
¿Qué señales deben alertar a los padres de que un establecimiento no controla bien la contaminación cruzada?
Si se dirigen al camarero y éste duda de los ingredientes que componen el plato o no proporciona alternativas, puede ser que ese establecimiento no tenga controlados los alérgenos o que ese trabajador no haya sido entrenado para ello. De cualquier forma, si se tienen dudas, mejor evitar o pedir hablar con cocina para saber cómo funcionan en estos casos.
¿Cómo debemos actuar ante una reacción alérgica cuando sucede fuera de nuestro lugar de residencia?
Igual que en casa, la clave es ir preparado. Llevar siempre suficiente medicación de rescate (incluso llevar de más), no depender de comprarla en el lugar de destino de vacaciones y, si es preciso, solicitar al alergólogo un informe en castellano e inglés para poder viajar con la jeringa de adrenalina en los aeropuertos y localizar el hospital más cercano. Un buen consejo podría ser llevar la medicación y dosis detalladas en un papel para que no nos pille con la angustia. Y proceder como haríamos en casa.
¿Qué impacto emocional tiene en los niños vivir con miedo a una reacción?
Puede tener un impacto negativo sustancial si el niño desconoce lo que le está pasando o lo que le puede pasar y cómo debe actuar. Por desgracia o por fortuna, a los niños con cualquier patología delicada o potencialmente mortal como puede ser, en algunos casos, la alergia alimentaria grave, se le obliga a madurar antes de tiempo. Desde mi punto de vista, lo beneficioso es que pueden ganar competencias que le pueden ser útiles para el resto de su vida: la paciencia, la resiliencia, el autoconocimiento, la confianza, el autocontrol. Y ¿por qué no? ¡Dotes culinarias!
¿Cómo distinguir entre una protección necesaria por parte de los padres y una sobreprotección que limita la autonomía del niño?
Lo más importante es que, en cuanto se pueda, el niño domine y se adueñe de su alergia. Que la entienda, que le expliquemos qué se debe hacer en caso de una reacción, resolver sus dudas con calma y empatía y nunca, nunca reñirles por un desliz. La idea es que, en la medida de lo posible, el niño no se sienta diferente a los demás. Un buen ejercicio es hacerle ver que muchas personas “tienen algo de salud” y deben cuidarse de una manera también muy especial o particular, como ellos. Por ejemplo, su primo no es alérgico, pero es celíaco, su amiga no tiene alergia, pero tiene diabetes, él puede correr detrás de una pelota, pero el abuelito precisa un bastón... Procurar integrar su condición de forma natural en su cotidianeidad.
Lo más importante es que, en cuanto se pueda, el niño domine y se adueñe de su alergia. Que la entienda, que le expliquemos qué se debe hacer en caso de una reacción, resolver sus dudas con calma y empatía
¿Cómo se puede trabajar la seguridad y la calma en niños que viven con alergias severas?
En la medida de lo posible, hacer partícipe al niño de su propia condición. Y si es con diversión de por medio, ¡mejor! Por ejemplo, que junto con mamá o papá o el cuidador responsable, se cree un menú, que conjuntamente se compren los ingredientes y, con supervisión y alegría, se lleve a cabo la elaboración o cocción de éste. Esto puede incrementar en él la autoestima, la motivación y darle herramientas para entender y poder explicar mejor su condición a los demás. Los empodera de su patología, lo que hace que el nivel de estrés disminuya significativamente y se potencie el autoconocimiento y la confianza en uno mismo.
¿Qué nivel de responsabilidad es razonable pedirles en entornos como campamentos, viajes o salidas con amigos?
Para empezar, existen campamentos de verano especialmente diseñados para niños con patología alérgica. Puede ser un buen paso a la hora de adentrarse en estas actividades. El hecho de formar parte de una comunidad aumenta la sensación de pertenencia y genera mayor seguridad. Por otro lado, con el fin de no ocasionar mayor estrés en el niño por el simple hecho de estar fuera de casa, simplificaría todo mucho que los padres prevean alternativas en cada caso (salados, dulces, meriendas, cenas), que el niño ya conoce. Todo con el objetivo de que el niño pueda participar en la merienda del campamento y no tenga que esconderse ni aislarse.






