Cristina Velasco, psicóloga: "En los campamentos no se 'aparca' a los niños, deben tener unos objetivos pedagógicos concretos"


Hablamos con la experta sobre esta solución a la que recurren muchos padres para tratar de conciliar en los meses de vacaciones escolares


Cristina Velasco, profesora de Psicología de la Educación de la Universidad CEU San Pablo.© CEU
3 de julio de 2026 a las 13:01 CEST

Con la llegada de julio y agosto, muchas familias se enfrentan al encaje de bolillos que supone conciliar las vacaciones escolares con la jornada laboral. En este contexto, para muchos padres, recurrir a los campamentos de verano genera un inevitable sentimiento de culpa bajo el temor de estar usando estos espacios para "aparcar" a sus hijos mientras ellos tienen que seguir trabajando. 

Sin embargo, la psicología educativa desmonta este mito. Hablamos con la experta Cristina Velasco, profesora de Psicología de la Educación de la Universidad CEU San Pablo, sobre cómo un buen campamento se convierte en una herramienta magnífica para que niños y adolescentes desarrollen la empatía, mantengan rutinas saludables y desconecten de las pantallas, siempre y cuando se respete el derecho del menor a descansar y a disfrutar de su entorno familiar. 

niños disfrutando de las actividades de un campamento de verano© Getty Images

Desde el punto de vista del desarrollo cognitivo y emocional, ¿cuáles son los principales beneficios que aporta un campamento de verano a un niño o adolescente que no se consiguen dentro del aula ordinaria?

Las dinámicas en los campamentos son mucho más abiertas de lo que es un aula ordinaria de primaria y secundaria, estos espacios fomentan de algún modo otras competencias y facultades en los niños. Por un lado, el fomento de tiempos para compartir con otros niños que no se conocen todos, incluso a veces de otras edades. En las aulas normales los niños están siempre con niños de la misma edad (de su cole), y relacionarse con niños más mayores o pequeños que no conocen les permite poder aprender nuevos juegos, otras habilidades, canciones, realizar manualidades, así como trabajar las habilidades sociales (conocer a alguien, darse a conocer uno mismo, explicar sus aficiones o hobbies). A su vez, los más mayores puede aprender de niños más pequeños a cuidar, a enseñar, a tener paciencia, a acompañarlos a algún lugar… 

El verano suele romper las rutinas escolares. ¿De qué manera ayuda un campamento a mantener una estructura saludable sin que el menor sienta la rigidez del curso académico?

El campamento permite al niño mantener una rutina diaria (necesaria al igual que en los adultos), con un horario, comidas saludables, tiempo de juego organizado, tiempo de descanso activo… Todo esto aporta una estructura externa al niño que si se rompe durante 2 meses y pico puede ser un problema cuando llega septiembre. Hacer ejercicio es otro de los beneficios para salud que puede tener asistir a un campamento, en contraposición a estar en casa en el salón y con pantallas gran parte del verano. Exponerse al sol moderadamente, nadar, montar en bici, compartir juegos, hacer manualidades y comer comidas saludables son rutinas muy beneficiosas que están presentes en los campamentos. 

Relacionarse con niños más mayores o pequeños que no conocen les permite poder aprender nuevos juegos, otras habilidades o canciones

Cristina Velasco, profesora de Psicología de la Educación

Se habla mucho de la socialización en estos entornos. ¿Cómo contribuyen los campamentos a trabajar las llamadas 'soft skills' o habilidades blandas (empatía, resolución de conflictos, trabajo en equipo)?

El niño que comienza un campamento generalmente se enfrenta a un grupo nuevo de iguales y de monitores, tiene que relacionarse de 0 con otros y con unos nuevos referentes. Todo ello contribuye al desarrollo de la socialización, y esto es especialmente significativo para edades entre los 6 y los 12 años donde estas competencias son adquiridas por los niños casi de un modo natural.
Pongo un ejemplo: si el monitor da las pautas para un juego en el que hay que hacer equipos, se ponen en marcha todas estas competencias. Primero, que ningún niño se quede sin elegir (empatía: a ti no te gustaría quedarte sin ser elegido). También aprenderte el nombre de los compañeros. Y entre todo el equipo tienen que perseguir un mismo objetivo: ganar el juego. Por último, seguro que surgen modos de ver el juego diferente o incluso se van a enfadar unos con otros es la oportunidad para ayudarles a resolver conflictos, mediando iguales o el propio monitor. A través del juego se pueden mejorar muchas de estas habilidades blandas, por eso muchas veces en los campamentos se crean equipos, patrullas o grupos con los que también adquieres una identidad grupal. 

niños disfrutando de las actividades de un campamento de verano© Getty Images/Maskot

El término "aparcaniños" planea a veces sobre los meses de julio y agosto. ¿Dónde está la línea roja que diferencia un campamento con un proyecto pedagógico real de un simple espacio de custodia para cubrir el horario laboral de los padres?

Esto es muy relevante, pasa algo similar cuando dejas a un niño en un centro de primer ciclo, donde se puede caer en pensar que simplemente “los cuidan”. Por eso hemos cambiado el nombre de guardería (como guarda niños). En el caso de los campamentos es lo mismo, no simplemente se aparca a los niñosEl campamento debe tener unos objetivos pedagógicos concretos. Como padres os animo a preguntarlos y pedirlos si vais a apuntar a vuestros hijos a uno, así como el horario que van a seguir y el perfil de monitores que van a tener.
El campamento debe estar orientado a objetivos educativos transversales como pueden ser fomentar la socialización, un espacio de tiempo libre saludable, generar espacios para desarrollar hábitos de responsabilidad, etc. También puede tener metas más ligadas a lo académico o conocimientos específicos, por ejemplo, en el caso de los campamentos de inglés, de música, danza, futbol, etc. con profesores especializados en la materia. Estos últimos son un modo de perfeccionamiento de una disciplina, pero desde un enfoque más lúdico e integrador. 

Cuando la motivación principal de la familia es puramente la conciliación por falta de apoyo o vacaciones laborales, ¿puede el niño percibir el campamento como un "castigo" o una obligación? ¿Cómo afecta esto a su actitud y bienestar emocional?

Sin duda, el campamento debe ser algo que el niño o niña disfrute. He tenido compañeras que al mandar a sus hijos a un campamento (fuera de casa) no han disfrutado, han llorado, lo han pasado mal. No hay obligación de llevar a los niños a campamentos. Si vemos que no les gusta el campamento elegido, podemos tratar como padres de preguntarle al niño por qué no le gusta o bien al director o a los monitores de campamento, para saber si notan algo raro. Si no le gusta un campamento es por algo, sería bueno conocerlo y trabajarlo. 

El campamento debe tener unos objetivos pedagógicos concretos. Como padres os animo a preguntarlos, así como el horario que van a seguir y el perfil de monitores que van a tener

Cristina Velasco, profesora de Psicología de la Educación

¿Qué consecuencias pedagógicas o psicológicas puede tener para un menor pasar prácticamente todo el verano enlazando un campamento tras otro sin apenas tiempo de descanso en el entorno familiar?

Desde luego esta situación no es la ideal. El tiempo familiar y de descanso es necesario. Yo animaría a las familias, si ellos no pueden, a optar por pedir ayuda a la familia extensa, abuelos, tíos... de tal modo que el niño tenga un tiempo de estar en familia, sin horarios, sin gente desconocida a su alrededor. Los niños crecen muchísimo en verano (lo ven los profes a la vuelta al cole), pero no solo crecen en lo físico, crecen en lo emocional, afectivo, social porque integran todo el contenido del curso en los meses de verano. Por ello, cuidar de que descansen y puedan “asimilar” todo lo trabajado y aprendido es fundamental. 

Para los padres que están buscando una opción realmente enriquecedora, ¿en qué elementos deberían fijarse para saber si hay una base pedagógica sólida detrás?

Es importante saber quién está detrás de la organización del campamento, esto es, si es una Fundación, un colegio, un ayuntamiento… y valorar si el ideario de esta entidad encaja con el vuestro. Por otro lado, preguntar los objetivos pedagógicos que tiene el campamento, qué actividades van a hacer y con qué objetivo. También si hay periodos de descanso saber qué van a hacer en ellos y si van a estar supervisados por monitores en todo momento. Muy especialmente, saber con quiénes van a estar. 

niños disfrutando de las actividades de un campamento de verano© Getty Images

En los últimos años han proliferado los campamentos temáticos (robótica, idiomas, deportes de alto rendimiento). Desde una perspectiva educativa, ¿es mejor buscar la especialización o priorizar el juego libre y el ocio no estructurado tras un curso escolar exigente?

Ambas modalidades pueden ser muy beneficiosas para los niños. Los campamentos temáticos, al ser más especializados, suelen ser más caros. Por eso, en el caso de las familias que no puedan asumirlo, no pasaría nada por elegir una modalidad más lúdica, porque realmente las competencias trasversales de habilidades, responsabilidad, autonomía, empatía, trabajo en equipo y ocio y tiempo libre saludable se cumplirían en ambos tipos de campamentos, siempre que estén bien pensados y creados para los niños. 

Si tuviera que darle un consejo clave a las familias para equilibrar la necesidad de conciliación con el derecho del niño al descanso y al aburrimiento. ¿cuál sería?

Yo les diría que, entendiendo que el trabajo es muy importante y necesario (no se puede dejar ni vivir sin él), piensen que la infancia es muy corta, son realmente 12 años aproximadamente de toda nuestra vida laboral, que son una media de 36 años. Organizarse toda la familia, los padres, los hijos, los abuelos... es un reto, pero permite que los niños puedan tener su tiempo de descanso, de aburrimiento… y así comenzar a fomentar su creatividad y ampliar sus afectos. Porque necesitan pasar tiempo con quienes más les quieren: sus padres y familia extensa. Los niños tienen derecho a ser niños. Eso quiere decir que el tiempo de juego, de estar en casa, de sentirse queridos y acompañados en cada momento por su familia.