La Esteatosis Hepática Metabólica, más conocida como hígado graso, se ha convertido en la enfermedad hepática más frecuente del mundo: afecta ya a una de cada cuatro personas adultas y avanza en silencio durante años. Pero los endocrinólogos alertan de un fenómeno especialmente preocupante: el aumento de casos en niños y adolescentes, impulsado por el sedentarismo, los ultraprocesados y los cambios en los hábitos de vida.
“Cada vez vemos más sedentarismo, más tiempo frente a pantallas, menos actividad física espontánea y una mayor exposición a bebidas azucaradas”, advierte la Dra. Ana Sánchez-Bao, quien recuerda que identificar la enfermedad en fases iniciales es clave para evitar su progresión hacia problemas de salud más graves. Sobre todo ello hemos hablado con la especialista, coordinadora del Grupo Esteatosis Hepática Metabólica de la de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).
¿Por qué está aumentando el hígado graso en niños y adolescentes? ¿Cuáles son los factores que más preocupan a los endocrinólogos?
El aumento del hígado graso en niños y adolescentes va de la mano del incremento de la obesidad infantil y de otros problemas metabólicos. Cada vez vemos más sedentarismo, más tiempo frente a pantallas, menos actividad física espontánea y una mayor exposición a alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas.
Lo que más nos preocupa no es únicamente la acumulación de grasa en el hígado, sino que esta suele formar parte de un contexto metabólico más amplio que puede incluir exceso de peso, resistencia a la insulina, alteraciones del colesterol o elevación de la presión arterial desde edades tempranas.
¿Qué diferencia al hígado graso infantil del adulto? ¿Evoluciona más rápido, es más silencioso, tiene peor pronóstico?
En esencia hablamos de la misma enfermedad, aunque en niños y adolescentes todavía estamos aprendiendo mucho sobre su evolución a largo plazo. Lo que sí sabemos es que, al aparecer antes, existe una mayor exposición en el tiempo a los factores que la favorecen.
No todos los niños con hígado graso desarrollarán formas avanzadas de la enfermedad. De hecho, muchos pueden mejorar significativamente si se actúa precozmente sobre los hábitos de vida. Por eso el diagnóstico temprano es tan importante.
Cada vez vemos más sedentarismo, más tiempo frente a pantallas, menos actividad física espontánea y una mayor exposición a alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas
¿Qué señales deberían alertar a las familias cuando hablamos de niños y jóvenes, teniendo en cuenta que es una enfermedad silenciosa?
La realidad es que la mayoría de los niños con hígado graso no presentan síntomas específicos. Por eso es importante prestar atención a factores de riesgo como el exceso de peso, el aumento del perímetro abdominal, los antecedentes familiares de diabetes o enfermedad metabólica y la presencia de otras alteraciones como colesterol elevado o prediabetes.
Más que esperar síntomas, debemos identificar a los niños y adolescentes con mayor riesgo para poder evaluarlos adecuadamente.
¿Cómo influye el consumo de ultraprocesados, bebidas azucaradas y el sedentarismo en el desarrollo de hígado graso en edades tempranas?
Estos factores favorecen el exceso de peso y alteraciones metabólicas que facilitan la acumulación de grasa en el hígado. Las bebidas azucaradas tienen un papel especialmente relevante porque aportan grandes cantidades de azúcar con escasa capacidad de saciar.
Sin embargo, no debemos demonizar alimentos concretos. Lo realmente importante es el patrón global de alimentación y actividad física mantenido a lo largo del tiempo.
¿Qué papel juega el sueño en la salud metabólica infantil y por qué su alteración aumenta el riesgo?
Dormir bien es tan importante como alimentarse bien o hacer ejercicio. Cuando un niño duerme menos horas de las necesarias, pueden alterarse mecanismos relacionados con el apetito, el metabolismo y el control del peso.
Cada vez existe más evidencia de que el sueño forma parte de la salud metabólica y debe considerarse un pilar fundamental de un estilo de vida saludable.
¿Puede haber niños y jóvenes con hígado graso sin obesidad?
Sí. Aunque la obesidad es uno de los principales factores de riesgo, no es imprescindible para desarrollar la enfermedad. Algunos niños con peso aparentemente normal pueden presentar acumulación de grasa en el hígado debido a factores genéticos, metabólicos o a una distribución de la grasa corporal menos favorable.
Por eso no debemos fijarnos únicamente en el peso cuando valoramos la salud metabólica de un niño.
¿Qué pruebas son las más útiles para detectar hígado graso en fases iniciales?
La evaluación suele comenzar con la historia clínica, la exploración física y una analítica. En algunos casos pueden encontrarse alteraciones en las enzimas hepáticas, aunque estas no siempre están elevadas.
La ecografía puede ayudar a detectar la presencia de grasa en el hígado, pero la indicación de las pruebas debe individualizarse y valorarse siempre en función del contexto clínico de cada paciente.
Algunos niños con peso aparentemente normal pueden presentar acumulación de grasa en el hígado debido a factores genéticos, metabólicos o a una distribución de la grasa corporal menos favorable.
¿Qué riesgos de salud presentan los jóvenes con hígado graso?
El principal mensaje es que el hígado graso suele ser una señal de que existe una alteración metabólica más global. Estos jóvenes tienen mayor riesgo de desarrollar obesidad persistente, diabetes tipo 2, alteraciones lipídicas o enfermedad cardiovascular a lo largo de la vida.
Por eso el objetivo no es únicamente proteger el hígado, sino cuidar la salud metabólica en su conjunto.
¿Qué cambios de estilo de vida son más eficaces en niños y adolescentes para prevenir este problema de salud?
Las medidas más eficaces son también las más sencillas: aumentar la actividad física diaria, reducir el tiempo sedentario, priorizar alimentos frescos y poco procesados, limitar las bebidas azucaradas, mantener horarios regulares y asegurar un descanso adecuado.
Lo más importante es que estos cambios impliquen a toda la familia. Los hábitos saludables funcionan mejor cuando forman parte del entorno habitual del niño y no se viven como una obligación individual.
¿Piensa que estamos normalizando hábitos que dañan el hígado desde la infancia?
Creo que, más que normalizar el daño hepático, hemos normalizado determinados hábitos que no favorecen la salud metabólica. Pasar muchas horas sentados, consumir con frecuencia productos ultraprocesados o dormir menos de lo recomendado se ha vuelto muy habitual.
La buena noticia es que son factores modificables y que pequeñas mejoras sostenidas en el tiempo pueden tener un impacto muy importante en la salud de los niños.
¿Puede un niño con hígado graso desarrollar complicaciones graves en la vida adulta?
Puede ocurrir, pero no es el escenario inevitable ni el más frecuente. Lo que sabemos es que cuando una alteración metabólica aparece en edades tempranas existe una mayor probabilidad de que persista durante años si no se interviene.
Precisamente por eso es tan importante actuar pronto. La infancia y la adolescencia representan una oportunidad extraordinaria para instaurar hábitos saludables que mejoren la salud metabólica y reduzcan el riesgo de enfermedad en la vida adulta.







