En España, la obesidad afecta ya a más del 21% de la población adulta, pero su impacto en la salud reproductiva sigue siendo uno de los grandes olvidados en las consultas de fertilidad. Mientras gran parte de la atención se enfoca en complejos tratamientos hormonales, los especialistas advierten que el exceso de peso, tanto en mujeres como en hombres, reduce las probabilidades de embarazo, compromete la calidad de los gametos y dificulta incluso los procesos de fecundación in vitro.
En un contexto donde la maternidad se retrasa y la infertilidad aumenta, abordar la salud metabólica previa emerge como una pieza clave que muchas parejas aún no están valorando, tal y como nos cuenta el Dr. Nicolás Umpiérrez, médico experto en obesidad de Yacen.
¿Cómo está afectando la obesidad a la fertilidad en España y por qué es un factor que seguimos infravalorando?
La obesidad en España constituye una enfermedad crónica que afecta ya al 21,6% de la población adulta. Su impacto en la fertilidad es severo debido a que el exceso de tejido adiposo altera la regulación hormonal y metabólica relacionada con la reproducción.
Este factor se infravalora porque la atención suele centrarse de forma exclusiva en los tratamientos hormonales, ignorando que el exceso de peso es un obstáculo biológico determinante. Un IMC (Índice de Masa Corporal) elevado se asocia con una menor probabilidad de embarazo. Incluso en el ámbito de la reproducción asistida, según datos del registro de la Society for Assisted Reproductive Technology (SART), la obesidad se asocia con menores tasas de nacidos vivos y peores resultados en reproducción asistida.
¿Por qué la obesidad masculina sigue siendo la gran olvidada en los estudios de fertilidad?
Existe un sesgo histórico que desplaza la responsabilidad de la infertilidad hacia la mujer, lo cual carece de base científica. La obesidad masculina es un factor condicionante en el éxito reproductivo de la pareja. El exceso de peso en el varón induce hipogonadismo, eleva el estrés oxidativo y causa alteraciones estructurales en el ADN espermático.
Estas anomalías no solo dificultan la concepción por vías naturales, sino que comprometen la viabilidad del embrión en tratamientos de reproducción asistida. La fertilidad debe abordarse siempre como un proyecto de salud compartido por ambos miembros de la pareja.
Existe un sesgo histórico que desplaza la responsabilidad de la infertilidad hacia la mujer, lo cual carece de base científica. La obesidad masculina es un factor condicionante en el éxito reproductivo de la pareja
¿Por qué una pérdida moderada de peso puede ser más efectiva que tratamientos hormonales de alta intensidad?
La reducción de peso actúa directamente sobre la raíz de la disfunción metabólica. La evidencia clínica demuestra que una pérdida moderada de peso, situada entre el 5% y el 10% del peso corporal, se asocia frecuentemente con mejoría de la ovulación y optimiza las tasas de éxito de forma natural. Restablecer el equilibrio metabólico previo evita tener que someter al organismo a terapias hormonales de alta intensidad en un contexto de inflamación crónica de bajo grado asociada a la obesidad.
¿Cuánto tiempo antes del embarazo conviene iniciar un proceso de pérdida de peso para mejorar la fertilidad?
El marco temporal idóneo oscila entre los 3 y los 6 meses previos a los intentos de concepción. Este periodo permite consolidar la pérdida ponderal necesaria y, en caso de utilizar fármacos de última generación (como los análogos de GLP-1), permite seguir las recomendaciones actuales sobre suspensión del tratamiento antes del embarazo.
¿Qué errores cometen las parejas cuando intentan perder peso sin supervisión profesional?
El error más frecuente es la adopción de regímenes restrictivos extremos. Estas intervenciones provocan déficits de micronutrientes esenciales para la calidad del gameto (como el ácido fólico o el zinc) y elevan los niveles de cortisol por estrés físico, lo que agrava la disfunción gonadal. Asimismo, se prescinde del soporte psicológico necesario para tratar la ansiedad y el hambre emocional, abocando el intento al fracaso metabólico.
¿Qué señales indican que el peso está afectando a la fertilidad?
En la mujer, el indicador primario es la alteración del ciclo menstrual (oligomenorrea, amenorrea o ciclos anovulatorios), habitualmente vinculada al Síndrome de Ovario Poliquístico, cuyo cuadro se exacerba con el aumento de peso. En el varón, las señales clínicas incluyen la disminución de la libido, la disfunción eréctil y el cansancio crónico, derivados de la caída en los niveles de testosterona activa.
Optimizar la salud metabólica previa no solo facilita la concepción, sino que disminuye el riesgo de patologías gestacionales graves como la diabetes gestacional o la preeclampsia, protegiendo la salud de la madre y del futuro recién nacido
¿Qué cambios realistas pueden empezar a aplicar hoy mismo para mejorar su salud metabólica?
Proponemos implementar una estrategia terapéutica estructurada en tres pilares fundamentales:
- Abordaje multidisciplinar: coordinar de forma simultánea el soporte médico, la reeducación nutricional y la asistencia psicológica para tratar la raíz de la patología.
- Prescripción de ejercicio: combinar entrenamiento de fuerza y ejercicio aeróbico regular para optimizar la función de los receptores de insulina y disminuir la resistencia a la misma, superando el enfoque tradicional basado únicamente en el ejercicio cardiovascular.
- Higiene del sueño y cronobiología: asegurar un descanso nocturno de 7 a 8 horas y distanciar la última ingesta un mínimo de dos horas antes de dormir, lo cual puede contribuir a una mejor regulación metabólica y hormonal.
¿Qué mensaje de esperanza quiere transmitir a las parejas que están en este proceso?
La disfunción metabólica asociada a la obesidad es reversible. No se requiere alcanzar el normopeso ni parámetros estéticos estrictos para restaurar la capacidad reproductiva. Una reducción del 5% al 10% del peso inicial activa una respuesta biológica altamente favorable. Optimizar la salud metabólica previa no solo facilita la concepción, sino que disminuye el riesgo de patologías gestacionales graves como la diabetes gestacional o la preeclampsia, protegiendo la salud de la madre y del futuro recién nacido.






