Tres semanas después de su muerte, la Casa Real noruega ha mostrado el lugar donde reposan para la eternidad los restos del rey Harald, quien falleció el pasado 28 de agosto. La monarquía que ahora lidera su hijo, el rey Haakon, aún está de luto por la triste pérdida de un Rey tremendamente querido por su familia, su pueblo y por el resto de monarquías del mundo. El sarcófago del antiguo monarca se encuentra en el mausoleo real de la fortaleza de Akershus, junto a los de sus padres, el rey Olav y la princesa heredera Märtha, y sus abuelos, los reyes Haakon VII y Maud.
Una sepultura que imita a la de los vikingos
El sarcófago, que fue diseñado por el rey Harald, se ha concebido como una embarcación de fondo redondeado, inspirada en la estrecha relación del monarca nórdico con el mar. El casco protege lo que se encuentra a bordo y lo transporta a salvo. Este motivo también evoca los entierros en barco de los vikingos, donde la embarcación llevaba al difunto en su último viaje a otro reino.
Olivino, el material usado para el descanso final de Harald de Noruega
El material utilizado para el sarcófago es olivino, una roca formada en el interior de la Tierra y empujada hacia adelante por las fuerzas que han dado forma a Noruega. Al igual que la vida marítima del rey Harald, la relación de la reina Sonia con la naturaleza del país fue una importante fuente de inspiración para el diseño de la sepultura. Harald y Sonia realizaron innumerables viajes por la campiña noruega, a pie y en esquís. Por ello, ha sido algo natural elegir la piedra de Noreuga como material para este panteón y se seleccionó piedra de Sunnmore, una zona que la reina Sonia ha recorrido a pie muchas ocasiones y que conoce muy bien. Esta piedra verdosa puede absorber y fijar el CO2, algo que los diseñadores han destacado como símbolo del amor del rey Harald y la reina Sonia por la naturaleza y su preocupación por las generaciones futuras. De este modo, el sarcófago reúne en un lugar de descanso común aquello que ha sido importante para ellos.
Una decoración con gran simbolismo
En la tapa del sarcófago se encuentran las insignias reales noruegas, la corona real, el orbe, el cetro y la espada real. En la base se encuentra el escudo de armas real. En las dos coronas hay incrustaciones de peridoto, una gema verde que también se encuentra en los aros de la propia corona real. Los ornamentos se colocan parcialmente sumergidos en la piedra sobre la superficie del sarcófago. Están hechos a mano y fundidos en bronce, mediante un proceso tradicional de fundición a la cera perdida. Cada letra del texto está tallada en latón, bañada en oro y parcialmente incrustada en la superficie del mismo. La tipografía es Futura, creada por Paul Renner en la década de 1920.
Una estructura realizada en colores verdes que se fusionan a través de verdes vetas, y cuya elaboración principal reside en el mineral olivino, formado en las profundidades de la Tierra y elevado por fuerzas tectónicas hace unos 400 millones de años. Una especie de simbología oculta que acompañará al monarca eternamente, pues la naturaleza ahora formará parte de esta tradicional etapa. Un momento lleno de guiños hacia la historia de Harald, quien fue consciente en todo momento del diseño de este sarcófago que ahora le acompaña. Y es que, el sarcófago está elaborado íntegramente con materiales noruegos, así como su propio diseño, que debe su formación a la estrecha colaboración entre los artesanos noruegos y comunidades profesionales que han subrayado con su trayectoria las tradiciones artesanales, y cuyo precio ascendería a dos millones de euros, aunque este precio correspondería a los dos sarcófagos preparados: el del rey Harald y la reina Sonia.
El sarcófago fue diseñado por la firma Snøhetta bajo la dirección del arquitecto Kjetil Trædal Thorsen y elaborado íntegramente con materiales y artesanía noruega. La estructura de diez piezas combina olivino y peridoto extraídos, pulidos y procesados por Johansen Monumenthuggeri —quienes lo instalaron en el Castillo de Akershus— y reforzados con acero por Askim Mekaniske Verksted. El conjunto se completa con símbolos de bronce fundidos por Kristiania Kunst- & Metalstøberi y SA Steinskulptur, además de letras de latón cortadas al agua y trabajadas en orfebrería. Un adiós que se traduce en elegancia, artesanía y un abrazo a la historia del país que reinó durante más de tres décadas.









