Harald de Noruega empezó a navegar antes que a caminar. Su madre, la princesa Marta de Suecia, era una gran aficionada a la vela y él adoptó esa pasión desde pequeño, casi como una extensión natural de su carácter. Para el soberano, fallecido el pasado 28 de agosto, la navegación lo era todo: deporte, vacaciones, retiros familiares e incluso celebraciones. Sus bodas de plata con la reina Sonia, por ejemplo, las festejó con un crucero en el que llevó a la realeza europea a descubrir sus fiordos favoritos, una travesía que él mismo describió como "una de las alegrías más grandes de mi vida". Harald V navegó y compitió por todo el mundo, y su mayor gesta deportiva estaba a punto de ser recordada la próxima primavera, un aniversario que él ya no podrá ver.
Cuarenta años después de aquel triunfo, la victoria de Harald en el Campeonato del Mundo de 1987 volvía a cobrar vida. Con la embarcación Fram X, diseñada por Bruce Farr y construida en Nueva Zelanda, el entonces príncipe heredero logró en Kiel el oro que siempre describió como su mayor logro deportivo. "Lo mejor fue ganar el entonner‑pokalen (Copa One Tone) en 1987. Vencer a los profesionales fue realmente especial", dijo en una entrevista años después, recordando la expresión de sorpresa de sus rivales cuando él y su tripulación cruzaron la línea de meta. Fram X, según los expertos, era un barco rápido, especialmente en la ceñida contra el viento, y se convirtió en el símbolo de su carrera como regatista, el más emblemático de todos los que llevaron el nombre Fram. Aquel verano en Kiel marcó para siempre su biografía deportiva y consolidó su reputación como uno de los grandes navegantes amateurs de Europa.
Según informó NRK, Fram X está siendo restaurado en Grimsøy, Østfold, con el objetivo de devolverle su aspecto original para el 40 aniversario del título. Su propietario actual, Martin Kamperhaug, trabaja para eliminar la pintura azul, reparar daños estructurales y recuperar el blanco puro del casco tal como era en 1987. "Todo el azul debe desaparecer; el barco tiene que volver a ser completamente blanco", explicó al medio noruego. El velero, que ha pasado por varios propietarios desde la época de Harald, muestra hoy signos evidentes de desgaste: pintura descascarillada, daños en la cubierta y problemas en la zona de la quilla que requieren una intervención profunda.
El proyecto de restauración tenía un componente emocional que ahora adquiere un matiz inevitablemente triste. El actual dueño soñaba con que el rey Harald pudiera ver el barco terminado, tal como lucía cuando ganó el Mundial. "La idea era que él pudiera contemplarlo de nuevo, igual que en 1987", confesó a NRK. Pero el monarca falleció antes de que el trabajo pudiera completarse. El aniversario sigue acercándose, y Fram X avanza hacia su renacimiento, pero ya sin el hombre que lo convirtió en historia. La idea es que, a modo de homenaje, el velero pueda exhibirse en Oslo para que el público vea el barco de la victoria tal como era. "Es la historia lo que importa, y que el proyecto se complete, aunque no haya sido como lo imaginamos", añade el dueño de la embarcación sobre un último sueño quedó pendiente.
El rey Harald y su vínculo histórico con la vela española
Durante décadas, el rey Harald se aficionó a la Copa del Rey de Vela de Palma de Mallorca, donde vivía a bordo del Norge y competía con su tripulación en el Fram XVIII, aquella presencia reforzó su estrecha conexión con la Familia Real española, igualmente apasionada por el mar. El rey Harald compitió en vela en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, México 1968 y Múnich 1972, y fue abanderado en la ceremonia inaugural de Tokio, un gesto que Felipe VI, como príncipe de Asturias, que fue uno de los invitados a ese famosos crucero por las bodas de plata de los reyes noruegos, haría en Barcelona 1992.
Incluso cuando los achaques de salud empezaron a limitar su agenda oficial, el rey Harald nunca dejó de navegar. Primero regresó a Palma movido por la nostalgia del mar y, en los últimos años de su vida, cambió el océano por los lagos de Alemania y Suiza, donde capitaneó el Sira, un velero de ocho metros con el que disputó los mundiales de 2021 y 2022 en el lago Constanza y el Lemán. Aquellas competiciones llegaron a pasarle factura, como en agosto de 2022, cuando fue ingresado con una fiebre muy alta días después de competir. Pero ni siquiera entonces abandonó su pasión: Harald navegó mientras pudo.









