Deporte y salud reproductiva están más relacionados de lo que podría pensarse en un primer momento. Al igual que las deportistas de alta competición pueden tener problemas para lograr un embarazo, por su influencia sobre el ciclo hormonal, en mujeres que practican actividad física moderada, los beneficios sobre la fertilidad son palpables.
Hablamos de todo ello con la Dra. Ana Gaitero, directora médica de HM Fertility Center, que destaca qué parámetros deportivos son los más saludables cuando se busca el embarazo.
El deporte debe interrumpirse o modificarse en el embarazo ante preeclampsia, rotura prematura de membranas, amenaza o antecedente de parto prematuro, incompetencia cervical, sangrado persistente en 2º-3º trimestre, placenta previa desde la semana 26, restricción del crecimiento fetal o enfermedades mal controladas
¿De qué manera el deporte influye en la fertilidad?
El ejercicio físico y la fertilidad mantienen una relación de forma de U: tanto el sedentarismo como el exceso de entrenamiento pueden dificultar la concepción, mientras que la actividad moderada y bien planificada la favorece. Entender dónde está ese punto de equilibrio es clave para las mujeres que buscan un embarazo, y también para las que ya lo han conseguido y quieren seguir entrenando con seguridad.
¿Cuándo hablamos de deporte de alta intensidad en relación a la fertilidad?
No se define solo por la disciplina, sino por el volumen semanal y el balance energético. El umbral de riesgo se sitúa en torno a las siete horas semanales de ejercicio vigoroso: un gran estudio prospectivo mostró que cada hora adicional hasta ese límite reducía un 7% el riesgo de infertilidad ovulatoria, efecto que se mantenía, algo atenuado, tras ajustar por IMC (Índice de Masa Corporal). Por encima de ese volumen, sobre todo con restricción calórica asociada, el entrenamiento extenuante puede suprimir el eje hipotálamo-hipófisis-ovario y alterar la secreción de LH (hormona luteinizante) y FSH (hormona foliculoestimulante), provocando ciclos irregulares o amenorrea, la causa más frecuente de infertilidad ovulatoria en mujeres jóvenes activas.
Si nos referimos a deporte no competitivo, ¿de qué manera la actividad física propicia la fertilidad y puede favorecer el embarazo?
Fuera de la competición, la evidencia nos dice que practicar entre una y cinco horas semanales de ejercicio moderado se asocia a una probabilidad de concepción algo mayor que en mujeres sedentarias. El beneficio es todavía más marcado en presencia de sobrepeso u obesidad, donde el ejercicio mejora la sensibilidad a la insulina y con ello la función ovárica.
También en el síndrome de ovario poliquístico el ejercicio ha demostrado su valor: varios ensayos aleatorizados muestran que el HIIT (entrenamiento de intervalos de alta intensidad), cuando se realiza de forma supervisada y por tiempo limitado, mejora la frecuencia ovulatoria y reduce la testosterona circulante, incluso sin que exista una pérdida de peso relevante. La diferencia está en el enfoque: se trata de programas controlados, con recuperación adecuada, muy alejados del entrenamiento crónico y sin descanso que puede tener el efecto contrario.
¿Cuáles son los mejores deportes en este sentido y cuáles de los que habría que prescindir?
Caminar a paso vivo, nadar, ciclismo, yoga o pilates convencionales y entrenamiento de fuerza bien pautado son las opciones más favorables para buscar embarazo. En sobrepeso, combinar aeróbico y fuerza suele dar mejores resultados que el aeróbico solo.
Conviene moderar disciplinas de resistencia de muy alto volumen (maratón, triatlón, ciclismo de fondo) cuando coexisten con ingesta ajustada, y cualquier régimen que altere la menstruación, señal clínica de balance energético negativo.
¿Qué situaciones contraindican que una mujer que ha practicado deporte habitualmente siga haciéndolo en el embarazo?
Las mujeres sanas que ya entrenaban de forma vigorosa pueden mantenerlo en el embarazo con seguimiento obstétrico: la evidencia muestra menos diabetes gestacional, menos cesáreas y partos instrumentales, mejor recuperación posparto y protección frente a la depresión posparto. La recomendación general es de al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada.
Debe interrumpirse o modificarse ante preeclampsia, rotura prematura de membranas, amenaza o antecedente de parto prematuro, incompetencia cervical, sangrado persistente en 2º-3º trimestre, placenta previa desde la semana 26, restricción del crecimiento fetal, o enfermedades mal controladas (diabetes tipo 1, hipertensión crónica, hipertiroidismo, epilepsia). También se evitan deportes de contacto, actividades con riesgo de caída, buceo, calor extremo y el decúbito supino prolongado (estar mucho tiempo boca abajo) desde el segundo trimestre.
¿Necesita la mujer que hace deporte durante la gestación un aporte mayor de líquidos, nutrientes o suplementos para cumplir los requerimientos de la gestación?
El embarazo requiere unas 300 kilocalorías/día adicionales desde el segundo trimestre, más si se mantiene práctica deportiva, con atención especial a proteína e hierro. La hidratación es prioritaria, sobre todo en el primer trimestre: se recomienda beber antes, durante y después del ejercicio y evitar el calor-humedad extremos. La suplementación sigue las pautas habituales del embarazo (ácido fólico, yodo, hierro o vitamina D según analítica); el deporte por sí solo no justifica suplementos adicionales sistemáticos.
El deporte en el embarazo, ¿debería estar guiado siempre por profesionales o puede hacerse por libre?
En una embarazada sana y sin factores de riesgo, la actividad moderada puede mantenerse de forma autónoma siguiendo las recomendaciones generales, pero siempre tras una evaluación médica que descarte contraindicaciones.
Se recomienda guía profesional específica en exdeportistas de alto rendimiento, ante cualquier factor de riesgo obstétrico, o si aparecen signos de alarma: sangrado, contracciones dolorosas, pérdida de líquido, dolor torácico, mareo intenso o disminución de movimientos fetales, en cuyo caso el ejercicio debe interrumpirse y consultar de inmediato.









