Rubén Baler, neurocientífico, sobre el abuso de pantallas en menores: "Los padres tienen poder para proteger de un daño que puede ser irreversible"


¿Existe realmente la adicción a la tecnología en los menores? ¿Qué efectos tiene en el cerebro? ¿Se está respondiendo como merece ante una situación tan novedosa que está empezando a mostrar efectos preocupantes?


Rubén Baler, neurocientífico© Rubén Baler
13 de junio de 2026 a las 7:09 CEST

Rubén Baler es neurocientífico del Instituto Nacional de Abuso de Drogas (NIDA, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos. En su rutina profesional es el ámbito que estudia, pero también dirige su mirada hacia otro fenómeno altamente preocupante: el excesivo consumo digital. Según manifestó en el 28 Congreso de Patología Dual, organizado recientemente por la SEPD (Sociedad Española de Patología Dual), estamos ante un "asedio tecnológico", ante el que no estamos sabiendo responder. Y lo más grave: tampoco proteger a los menores.

Por eso, hace cinco años puso en marcha un proyecto innovador en Argentina, donde son los propios adolescentes los que instruyen a chicos de su edad, a través de un acercamiento desde la neurociencia sobre lo que supone el abuso digital. El programa está disponible en español y de forma gratuita para todo el que quiera replicarlo en la web www.cerebr.org. De su eficacia y de su visión sobre la situación actual hemos charlado con él.

Cuando los chicos se enfrentan a algo tan atractivo como las pantallas es sumamente difícil despegarse y produce síndrome de abstinencia muy parecido a la droga cuando forzamos esa separación

Rubén Baler, neurocientífico

En algún momento ha comentado que la industria tecnológica hackea el cerebro del adolescente que es muy permeable en ese momento vital. ¿Hasta dónde llega ese hackeo? 

Depende de muchos factores. En Biología nada es todo o nada, siempre hay una gradación y depende de cuán vulnerable sea el individuo, cuán robustos sean los círculos de protección que tiene tanto biológicos como ambientales, del grupo de pares, de la familia, de cuántas otras actividades sean apasionadas, productivas y constructivas... Es todo un enjambre de factores que contribuyen a que ese hackeo sea un hackeo sutil, leve y que no lleve a más a impactos tremendos o que lleve a una adicción y que el chico o la chica empiece a perder el control del uso y esto impacte negativamente en otras esferas de la vida.

Sucede igual con las drogas de abuso: hay gente que prueba un poquito y puede usarlas esporádicamente y hay gente que cae en ese agujero negro del cual es muy difícil volver. Exactamente lo mismo ocurre con esta obsesión que puede desarrollarse con el uso de las redes sociales y de todas las plataformas que tienen este modelo de negocio de hackear nuestra atención y que puede terminar mal en algunos individuos vulnerables igual que sucede con las drogas.

Niño mira el móvil© Getty Images

Propone retrasar las redes sociales hasta los 16 años, sin embargo, muchos padres se sienten confundidos porque entre los propios expertos no hay consenso, pues hay quien niega que exista esta adicción... 

No hay todavía estudios clínicos a largo plazo, longitudinales, que cumplan con el estándar dorado en investigación. Pero no podemos darnos el lujo de esperar 10, 15, 20 años para que esos resultados den fruto: la situación es urgente y ya tenemos muchos elementos preliminares donde vemos que está bajando la función cognitiva, la función ejecutiva, el desempeño escolar, los niveles de salud mental... Vemos índices de depresión y de ansiedad, de bullying y de autolesiones de los que no hay precedentes en la historia de la salud mental del adolescente, así que tenemos que empezar a preocuparnos realmente. Y parte de esa preocupación es tomar este riesgo en serio y poner alguna protección porque si los indicios que tenemos de que son un peligro para la salud mental son reales no nos podemos permitir el lujo de no haber hecho nada, cuando todavía teníamos opción.  

Sería totalmente irresponsable como padres y como agentes de salud no hacer nada y esperar esos 10-15 años a que aparezca la evidencia clínica. No podemos esperar ese rigor del método científico porque se perdería alguna generación o dos, y las tecnológicas, con el filón económico que tienen, tampoco van a hacer nada. La sociedad civil tiene la llave y la educación y la concienciación son la ruta a seguir.

Niños y adicción a las pantallas© Getty Images

Con respecto al programa que puso en marcha en Argentina junto con la Dra. Diana Gómez hace cinco años, en que los adolescentes forman a otros adolescentes sobre los peligros de la tecnología, ¿cómo se lleva a cabo? 

La Dra. Gómez trabajaba hace años con un grupos de adolescentes muy apasionados por la salud pública. Y de ahí partimos para enseñar neurociencia a sus iguales: qué es el cerebro, cómo funciona, cómo se desarrolla, por qué es tan vulnerable la adolescencia... Así desarrollamos un currículo pequeño de cuatro lecciones básicas que todo adolescente debe entender. Es un currículo que apunta a un mensaje de prevención universal. No es solamente prevenir sobre los peligros de las redes o de la adicción a las pantallas, porque son mensajes que se pueden volver obsoletos en cuestión de semanas. El mensaje de prevención universal tiene que ser mucho más profundo y tiene que enfocarse en el cerebro, en qué es lo que lo hace robusto, qué es lo que lo hace frágil, qué es el desarrollo. Porque los chicos deben tomar el volante de su desarrollo y no ser meros pasajeros en ese proceso que es tan activo.

Si ellos entendieran que todo lo que hacen y a todo lo que se exponen durante esta época es como imprimirle líneas de código a su cerebro y en sus conexiones, tendrían otro tipo de mirada y de responsabilidad frente a lo que hacen, a lo que escuchan y a lo que se dedican. Se trata de tomar conciencia de que lo que hacen tiene un impacto directo en la trayectoria de vida a través de los fenómenos y los procesos neurobiológicos que están ocurriendo durante el desarrollo. Todo ese tipo de mensajes muy básicos, muy fundamentales, que no se explican en realidad en los colegios de este modo, creo que es una ventana para tratar de luchar, con alguna esperanza, contra estos embates a la salud pública y a la salud mental de los chicos.

Las evaluaciones y testimonios preliminares con los que contamos de los chicos que han asistido a este programa son esperanzadores porque algunos han cambiado de hábitos y han entendido profundamente lo que sucede. Por supuesto, esto no ocurre en todos, pero creemos que sembrando estas semillas puede haber un efecto amplificador viral de unos chicos a otros. Estos mensajes no funcionan si vienen de un empleado del gobierno, un maestro, un adulto... porque ante ellos levantan una barrera y el mensaje no llega. Por eso creemos que el hecho de que estos mensajes se impartan por pares es fundamental para al éxito del programa.

Una niña pequeña con un móvil© Getty Images

Los daños que pueden haberse producido ya en cierta generación de adolescentes o de niños que han tenido un sobreconsumo digital, ¿pueden revertirse de algún modo?

Sí, todo se puede revertir de algún modo y en algún grado. Si algo tiene de esperanzador el cerebro es su capacidad de ser plástico; es plástico tanto para lo malo como para lo bueno, por eso sabemos que hay gente que sufre de trastornos por el uso de drogas y se pueden recuperar con un proceso que puede llevar varios años o décadas, porque los estragos que produce una droga en el cerebro pueden ser bastante profundos.

Los estragos que puede producir el uso obsesivo, compulsivo, patológico de estas plataformas también puede llevar a daños realmente muy profundos, porque estamos hablando de un uso que comienza en edades muy tempranas, cuando el cerebro está empezando a programar y que puede llevar a todo tipo de disfunciones. Estamos viendo, por ejemplo, disfunciones sexuales que no existían antes en gente joven por el consumo de la pornografía, y es realmente preocupante.

Yo no sé si las pantallas son adictivas o si las plataformas son adictivas, pero epidemiológicamente estamos viendo fenómenos nuevos, estamos frente a un experimento épico, y es responsabilidad de los padres pensar qué significa esto y qué se puede hacer en la realidad. Los padres tienen poder para proteger de un daño que puede llegar a ser irreversible o casi irreversible.

Padres piden cita online para sacar el DNI a su hija© Getty Images

Cuando habla del consumo de drogas de abuso, insta a buscar las raíces de fondo que llevan a ese consumo. Si hablamos de tecnología, ¿que fue primero: esas raíces de fondo que llevan a un consumo compulsivo digital o al revés, ha sido el consumo compulsivo el que ha deteriorado la salud mental infanto-juvenil en los niveles tan drásticos que estamos viendo ahora?

Los motivos por los cuales la gente gravita hacia el uso de drogas son múltiples. Hay muchas avenidas por las cuales un individuo puede caer en el uso, el abuso y la adicción de drogas. Lo mismo ocurre también con las pantallas. Hay chicos que, por ejemplo, no tienen grupos sociales enriquecedores, se sienten solos, y las pantallas prometen un entorno, la capacidad de pertenecer a un grupo social, y eso puede ser positivo en algunos casos, si es medido y está supervisado.

Pero no hay duda de que las plataformas que se han desarrollado son altamente adictivas, cada vez más adictivas. Pero muy rápido esos bucles adictivos diseñados por algoritmos se vuelven muy difíciles de abandonar.

Los adultos sabemos cómo funciona esto y nos cuesta mucho separarnos y no gravitar en forma casi patológica por las redes sociales, que usamos casi de forma obsesiva con mucha frecuencia. Imaginémonos a los chicos cuando se enfrentan a algo tan atractivo: es sumamente difícil despegarse y produce síndrome de abstinencia muy parecido a la droga cuando forzamos esa separación, además de ansiedad, depresión... Así que es un fenómeno sumamente paralelo al de las drogas y hay múltiples caminos por los cuales los chicos pueden caer en eso.