"Me gustaría ser una reina en el corazón de las personas, pero no me veo siendo la reina de este país", advirtió la princesa Diana en una de sus muchas intervenciones, con las que consiguió dejar prendada a toda una ciudadanía. Fue precisamente su cercanía y una simpatía inédita hasta entonces en la monarquía británica lo que permitió trazar nuevas líneas de comportamiento dentro de la institución, posteriormente asumidas por la nueva generación e, incluso, por quien hoy ostenta el título de princesa de Gales. Sin embargo, más allá de ese nuevo protocolo adoptado por los miembros más jóvenes de la Familia Real, existen símbolos dinásticos que perduran con el paso del tiempo. Es el caso de los hilos engastados en diamantes que conforman la emblemática tiara Spencer, una histórica joya que jamás han lucido ni Kate Middleton ni Meghan Markle, aunque por una razón de peso que convierte esta pieza en una de las más inaccesibles de la realeza británica.
La historia detrás de una joya irrepetible
La boda entre el entonces príncipe Carlos y Diana de Gales convirtió al Reino Unido en el epicentro internacional de un mundo que soñaba con contemplar algunas de las imponentes joyas de los Windsor. Sin embargo, la madre de los príncipes Guillermo y Harry optó por hacer honor a una tradición familiar y lucir los históricos diamantes de los Spencer, poniendo en valor el legado de su propia familia y alejándose, por un día, de uno de los joyeros reales más importantes del mundo. Aquella tiara con la que Diana de Gales caminó hacia el altar no fue lucida posteriormente ni por Kate Middleton ni por Meghan Markle en el día de sus respectivas bodas. Muchos llegaron a pensar que, como homenaje a la princesa fallecida, la ahora princesa de Gales elegiría la histórica joya familiar para su 'sí, quiero'. La duquesa de Sussex tampoco tuvo esa oportunidad, aunque todo responde a una razón de peso que mantiene a ambas alejadas del uso de esta emblemática alhaja.
La tiara remonta sus orígenes al año 1919, cuando Lady Cynthia Hamilton —abuela paterna de la princesa Diana— recibió la parte central de la joya como regalo con motivo de su boda con el séptimo conde Spencer. Desde entonces, las novias de la familia han sido las encargadas de lucir esta emblemática alhaja en uno de los días más importantes de sus vidas. La propia princesa de Gales también hizo honor a esta tradición durante su enlace con el entonces príncipe Carlos, hijo de la reina Isabel II. Sin embargo, esta histórica tiara no ha podido ser lucida ni por la actual princesa de Gales ni por Meghan Markle, ya que no forma parte del joyero real británico, sino que se trata de una joya privada perteneciente a la familia Spencer. En la actualidad, la pieza forma parte de la colección de Charles Spencer, noveno conde Spencer y hermano de la princesa Diana.
Sin embargo, las hermanas de Diana de Gales pusieron a disposición de Harry y Meghan la famosa tiara Spencer, con la que se casó la madre de Harry. "Mis tías me preguntaron que si a Meghan le gustaría llevar la tiara de mi madre. Aquello nos llegó al corazón a los dos, y Meghan se pasó muchísimas horas con la diseñadora del vestido de novia para que el velo conjuntara con la tiara y tuviera un ribete festoneado similar. Sin embargo, poco antes de la boda, mi abuela se puso en contacto con nosotros y nos ofreció su colección de tiaras", cuenta Harry en su biografía.
Una tiara que se ha convertido en una de las piezas de joyería más emblemáticas de la realeza británica y que, inevitablemente, se asocia a la figura de Diana de Gales. Fue ella quien la lució en numerosas ocasiones, contribuyendo a convertirla en uno de los símbolos más reconocibles de su imagen. Elaborada en oro y plata y engastada con cientos de diamantes de diferentes tamaños, la joya está inspirada en motivos florales y destaca por su brillo y elegancia. No obstante, esta tiara no ha sido lucida únicamente por la princesa Diana. Tras su fallecimiento, ha vuelto a aparecer sobre los elegantes recogidos de varias mujeres de la familia Spencer, entre ellas su sobrina Celia McCorquodale, su cuñada Victoria Lockwood y sus hermanas, Lady Jane y Lady Sarah. Una tradición que, sin embargo, nunca se ha repetido en el caso de Kate Middleton ni de Meghan Markle, quienes en sus apariciones oficiales han recurrido a las tiaras del joyero real británico, cedidas en su día por la reina Isabel II y que actualmente forman parte del patrimonio de la Corona bajo el reinado de Carlos III.








