El cerebro de la madre cambia en el embarazo. Es algo que las mujeres siempre han intuido y que ha demostrado una científica española, la doctora en Neurociencias Susana Carmona. La experta explica, en el podcast Salud de la Mujer, presentado por Esther Gómez Cordero, que el embarazo es el proceso que más cambios cerebrales produce. En muchas ocasiones, se compara a los cambios que se producen en el cerebro de los niños cuando llegan a la adolescencia, tan evidentes a ojos de su entorno más cercano y de su familia.
Para averiguar si es exactamente así, si los cambios cerebrales que se producen durante la gestación son comparables a los de la adolescencia, hemos hablado con Mª Isabel Carretero, profesora de Psicobiología de la Universidad CEU San Pablo, Doctora en Psicología y Especialista en Neuropsicología Clínica. Y nos da información sorprendente acerca de los procesos cerebrales asociados a la maternidad.
Durante la adolescencia y la gestación el cerebro sufre cambios similares: una reducción en el número de neuronas.
¿Qué cambios se producen en el cerebro de la mujer cuando se queda embarazada?
El embarazo se caracteriza por cambios hormonales masivos que no solo apoyan el desarrollo fetal, sino que también desempeñan un papel fundamental en la reorganización del cerebro de la madre, preparándolo para el cuidado del bebé. Los niveles de estrógeno y progesterona aumentan dramáticamente, lo que contribuye a cambios en la estructura y funcionalidad cerebral. También durante el parto y el postparto la oxitocina y la prolactina alcanzan niveles máximos. La oxitocina facilita el vínculo entre la madre y su bebé y ayuda al desarrollo de "conductas maternales". La prolactina apoya la lactancia, pero también influye en la motivación materna y las conductas de cuidado hacia el recién nacido.
Hay quien compara esos cambios a los que se producen neurológicamente en la adolescencia. ¿Es así? ¿Qué tienen en común ambos procesos?
Así es, durante la adolescencia y la gestación el cerebro sufre cambios similares, se trata de una reducción en el número de neuronas de la corteza cerebral, algo que se conoce como poda neural, y una mejora en las conectividad entre las neuronas que se mantienen, que se hace más fuerte y eficaz, lo que facilita una comunicación más rápida y coordinada entre diferentes regiones del cerebro, permitiendo una mejor integración de la información cognitiva y emocional, y optimizando determinadas respuestas comportamentales.
Durante el embarazo esta poda refina redes neurales, especialmente en áreas involucradas en la cognición social y la empatía, para hacer que la madre esté más en sintonía con las necesidades del bebé. También en ambas etapas, adolescencia y maternidad, hay un aumento en la producción de dopamina, un neurotransmisor que responde ante recompensas naturales como son la comida, el sexo o el reconocimiento social.
Los bebés activan el sistema de recompensa natural del cerebro de la madre garantizando que el brindar cuidados se sienta intrínsecamente gratificante, de un modo casi adictivo, motivando a las madres a priorizar el bienestar de sus hijos.
¿Existe lo que se conoce como ‘mum brain’? Si la respuesta es afirmativa, ¿en qué consiste?
Sin duda existe el mum brain. Los cambios anatómicos y funcionales resultado de la gestación y la maternidad ocurren especialmente en áreas involucradas en la cognición social y la empatía. Estudios de resonancia magnética funcional (fMRI) han revelado una mayor actividad en redes neuronales específicas involucradas en los comportamientos maternos. Por ejemplo, la amígdala, que participa en la detección de emociones y amenazas, se vuelve más sensible. La respuesta intensificada de la amígdala garantiza que las madres estén alerta a posibles peligros y respondan a las necesidades y señales emocionales de sus bebés.
La corteza cingulada desempeña un papel en la regulación de las emociones, la empatía y la toma de decisiones, su mayor actividad en las madres respalda su capacidad para gestionar las demandas emocionales del recién nacido y priorizar el bienestar de su hijo. La corteza orbitofrontal está asociada con el apego y las recompensas, una mayor actividad en esta área está relacionada con los sentimientos positivos que experimenta una madre al interactuar con su hijo, lo que refuerza el vínculo materno-infantil. La interacción con el bebé libera oxitocina y dopamina, lo que refuerza las conductas de cuidado y fomenta un fuerte vínculo emocional con el bebé.
Sabemos que todo esto ocurre en madres biológicas, pero también podría afirmarse, aunque no está demasiado estudiado en humanos, que en madres adoptivas también ocurren cambios, ya que investigaciones en otras especies muestran que la propia experiencia de la maternidad origina modificaciones en el cerebro de hembras vírgenes que realizan comportamientos maternales.
¿Son para siempre esos cambios cerebrales o solo duran un tiempo determinado?
Las investigaciones muestran que la mayoría de los cambios se mantienen en el tiempo, confiriendo beneficios cognitivos a largo plazo, aunque no sabemos si permanentes. Estudios sobre modelos animales y madres humanas sugieren que la experiencia de cuidar puede mejorar la memoria y las capacidades de aprendizaje. Investigación con ratas ha demostrado que las ratas madre superan a las ratas no madres en ciertas tareas de memoria, y estas ventajas persisten mucho más allá del período postparto. En los seres humanos, la maternidad parece estimular de manera similar áreas del cerebro asociadas con la resolución de problemas, la multitarea y la inteligencia emocional, que se mantienen al menos varios años.
Los bebés activan el sistema de recompensa natural del cerebro de la madre garantizando que el brindar cuidados se sienta intrínsecamente gratificante.
¿Esos cambios se mantienen en sucesivos embarazos? ¿O el cerebro se modifica de manera diferente?
Los cambios anatómicos, que ocurren en el cerebro se repiten con cada embarazo, aunque los realmente llamativos se dan con la primera gestación. Algunos estudios han encontrado diferencias asociadas a áreas específicas cuando hay un segundo embarazo. Lo que no está claro es si estás diferencias se deben al propio proceso gestacional del segundo o se deben a la sumación de los cambios propios de este con los cambios debidos a la experiencia del cuidado materno ya realizado.
¿Tienen estos cambios algún fin biológico?
Sin duda, la naturaleza es sabia, y desde una perspectiva biológica la evolución ha preparado a las hembras de cada especie para aumentar las posibilidades de supervivencia propias y de su progenie. La mayoría de las veces es la hembra la única responsable del cuidado de las crías, incluso en especies sociales puede o no contar son la colaboración del macho u otros congéneres, que además pueden ser posibles amenazas. El contar con recursos cognitivos y afectivos dirigidos a la supervivencia de la madre y su bebé ofrece una ventaja adaptiva.
¿Cómo influyen en el vínculo con los hijos?
El papel de la oxitocina en la vinculación y el apego es bien conocido. Esta neurohormona desempeña un papel fundamental en el vínculo entre madre e hijo. Liberada en grandes cantidades durante el parto y la lactancia, sustenta el sentimiento de apego y aumenta la empatía hacia el bebé. Además, la oxitocina también modula la respuesta al estrés y tiene un efecto calmante al amortiguar la actividad del eje neurohormonal que se encarga de activar esa respuesta. Madres con niveles más altos de oxitocina tienden a experimentar menos estrés y ansiedad, lo que es beneficioso tanto para la madre como para su bebé.
¿La maternidad puede aumentar la resiliencia emocional desde una perspectiva neurobiológica?
En teoría debería, se supone que los cambios que ocurren en nuestro cerebro nos permiten una mejor gestión de las emociones, una mayor empatía y una mejor cognición social. Sin embargo, la depresión postparto es un hecho y sintomatología ansiosa y depresiva es bastante común sobre todo en primerizas, en mujeres con poco apoyo social o con malas estrategias de afrontamiento. Aunque la maternidad es una experiencia altamente gratificante, no por ello deja de estar cargada de estrés. Todo ello nos indica que los factores biológicos no pueden separarse de los psicológicos o los sociales y que el grado de resiliencia que se desarrolle dependerá de todos ellos.
¿Por qué algunas mujeres experimentan de manera mucho más intensa los cambios de los que hemos hablado que otras?
Cambios anatómicos y funcionales como resultado de la gestación ocurren en todas las mujeres, al igual que los cambios asociados a la pubertad ocurren en todos los adolescentes, sin embargo, como pasa con cualquier característica común a una población existe variabilidad individual, y esta variabilidad es resultado tanto de factores biológicos heredados como factores dependientes del ambiente y las experiencias. El comportamiento, o la propia vivencia individual, surge de una actividad cerebral que a su vez depende de la interacción de factores biológicos y ambientales.





