Se habla a menudo de conciliación, de cómo trabajar y llegar a tiempo al colegio o poder quedarte en casa con los niños cuando están enfermos. También a veces se habla de crecer profesionalmente siendo madre, pero Ana Peleteiro va mucho más allá: "Tener hijos no debería significar renunciar a nuestros sueños", afirmaba la atleta al recoger el Premio GEN ¡H! deporte y trayectoria el pasado 22 de septiembre en Madrid. ¿Por qué elegir entre ser madre y buscar el triunfo profesional?
Peleteiro bien sabe de esto, puesto que sigue en la competición y en su mejor nivel después de haber dado a luz a dos hijos. "Pero nuestros sueños profesionales tampoco deberían obligarnos a renunciar o aplazar nuestra vida personal", subraya, recordando que es la situación en la que se encuentran la mayoría de mujeres que se dedican profesionalmente al deporte. Defiende que todas ellas están en su derecho de elegir cuándo tener a sus hijos, sin que eso les suponga una penalización en lo que a su profesión se refiere.
"La palabra clave es libertad", nos dice al respecto Mercedes Bermejo, psicóloga sanitaria experta en infancia, adolescencia y familia, fundadora y directora de Psicólogos Pozuelo y de la Editorial Sentir y vocal del Consejo Oficial de la Psicología de Madrid. "No todas las mujeres quieren ser madres, ni todas las personas que son madres quieren trabajar; lo uno y lo otro es legítimo y debe ser respetado".
Una madre cuyo trabajo es una fuente de satisfacción para ella, cuando vuelve a casa con sus hijos, lo hace con mucha más energía, con más ganas y más ilusión
En la sociedad de hoy en día no hay unos cánones estrictos de las etapas del ciclo vital que la mujer tenga que pasar; es decir, ya no se ve mal si el embarazo llega a mayor edad, por ejemplo, pero la realidad es que sigue siendo difícil elegir el momento adecuado para ello (o quizás sea ahora más difícil que en épocas anteriores). Tiene que haber una libertad real para poder elegir, si bien lo difícil sea, quizás, justo lo contrario: no tener que elegir entre profesión e hijos y que la mujer pueda desarrollarse plenamente en su ámbito profesional a la vez que tiene tiempo para criar a sus niños con presencia.
Bermejo nos comenta que vivimos en una cultura en donde hay mucha falta de conciliación entre la vida personal y profesional, y que esto afecta a nivel de salud mental. "Uno de los asuntos pendientes que tenemos como sociedad es no caer en esta hiperexigencia en los diferentes roles y que haya posibilidad de conciliación", afirma la psicóloga. "Hoy en día cada vez menos personas quieren tener hijos, en parte, por la gran responsabilidad que conlleva, que eso también es importante, pero sobre todo porque se vive como una renuncia al desarrollo de otras áreas de su vida, y e esto creo que, como sociedad, hay una responsabilidad conjunta".
El éxito de la madre, la mejor lección para los hijos
Ana Peleteiro es el valiente ejemplo de la no renuncia. Ha tenido a sus hijos en lo más alto de su carrera profesional, algo que muchas mujeres dejan a un lado para no caer estrepitosamente, especialmente si esa carrera profesional está ligada al deporte de élite, como en su caso; sin embargo, ella volvió rindiendo tanto o más que antes. "Aunque ahora tengo menos tiempo, duermo muchísimo menos y hago malabares para poder trabajar y asistir a asistentes como este, también tengo dos razones más para demostrar que merece la pena luchar por aquello que te hace feliz", decía la atleta al recoger el premio GEN ¡H!
La directora de Psicólogos Pozuelo comenta que hay mujeres a las que, como a Ana Peleteiro, la maternidad les supone un fuerte impulso para organizarse mejor, gestionar mejor los tiempos, priorizar... y puede ser una fuente de motivación importante para querer aprovechar esos espacios para el desarrollo profesional y como ejemplo para los propios hijos. Y añade que, sin embargo, para muchas mujeres la crianza es la gran fuente de cansancio, de estrés, de sobrecarga mental, de falta de recursos muchas veces…. Por eso "es importante no idealizar ni la maternidad ni la no maternidad".
Dicho esto, la psicóloga también pone de manifiesto la necesidad de que los hijos vean que su madre, además de ser mamá, es trabajadora, es pareja, es amiga… "Es decir, conocer otros roles de los cuidadores primarios también favorece de cara a la identidad del niño y de cara a incorporar ciertos valores que tienen que ver con la importancia del logro y con la importancia de desarrollarse a nivel profesional, en un papel que le gusta, que disfruta y que elige".
En este sentido, cobran un destacado valor las palabras de la atleta en referencia al ejemplo que quiere transmitir a sus hijos: "Quiero que crezcan viendo una mujer que les quiere con locura, pero que también trabaja, sueña y se esfuerza y pelea por sus objetivos".
Nos indica que, en la infancia, los grandes referentes son los cuidadores primarios "y aquí el modelaje tiene un papel muy importante": tener un referente que trabaja, al que le satisface lo que hace, que disfruta, que tiene toda una serie de valores en torno al trabajo… todo ello influye no solo la manera en la que los hijos ven y entienden el valor del esfuerzo, sino que también favorece el vínculo materno filial. Así, una madre cuyo trabajo es una fuente de satisfacción para ella, cuando vuelve a casa con sus hijos, lo hace con mucha más energía, con más ganas y más ilusión, según nos comenta Bermejo. "No quiero decir que las madres que trabajan tengan una mejor relación, pero vemos en consulta muchas madres que tienen que quedarse al cuidado de los hijos, a lo mejor no por elección, y el estar toda la vida girando constantemente alrededor de los niños puede suponer un desgaste y un cansancio importante”.
"Los niños y las niñas son esponjas emocionales (observan y aprenden) y ver a una madre satisfecha y contenta influye en ese vínculo temprano que es tan importante en el desarrollo madurativo y en el apego seguro, que necesitan para tener una buena autoestima segura y que es fundamental", señala la experta en familia, que insiste en que ver a una mamá feliz es diferente a ver una mamá triste, cansada o amargada porque el trabajo que tiene no le gusta, porque no quiere trabajar o porque no trabaja. "El estado de ánimo por supuesto que influye", asegura. "La actitud y la conducta del adulto, los niños la ven y les afecta y es un modelo a seguir no solamente para su vida actual, sino también en la futura".






