"Los hematomas durante las primeras semanas de embarazo son relativamente frecuentes y generan una gran preocupación en las futuras madres. Sin embargo, en la mayoría de los casos acaban desapareciendo espontáneamente y permiten que la gestación continúe con total normalidad. Lo más importante es realizar un seguimiento adecuado y confiar en la valoración individualizada de cada caso", comenta el Dr. Antonio Gallinas, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital El Pilar, de Barcelona. Repasamos con él todas las implicaciones que tiene esta situación en el embarazo.
Cuando hay un hematoma, más que reposo absoluto, hablamos de sentido común: reducir esfuerzos y permitir que el embarazo evolucione bajo vigilancia médica
¿Por qué puede aparecer un hematoma en las primeras semanas de embarazo?
Durante las primeras semanas de embarazo se están produciendo cambios muy importantes dentro del útero. El embrión se implanta y comienza a desarrollarse la futura placenta, un proceso muy complejo en el que intervienen numerosos vasos sanguíneos. En ocasiones puede producirse una pequeña separación entre el saco gestacional y la pared uterina, lo que provoca un pequeño sangrado que queda retenido y forma un hematoma.
La mayoría de las veces no encontramos una causa concreta ni algo que la mujer haya hecho para provocarlo. De hecho, muchas pacientes se sienten culpables porque creen que han realizado algún esfuerzo o algún movimiento inadecuado, cuando en realidad suelen ser situaciones que aparecen de forma espontánea.
¿De qué depende que el hematoma se reabsorba sin riesgo para el embrión y de qué depende que pueda 'arrastrar' al embrión y provocar un aborto?
Lo más importante es el tamaño del hematoma, su localización y cómo evoluciona con el paso de los días. Los hematomas pequeños suelen reabsorberse poco a poco o vaciarse mediante pequeños sangrados vaginales sin afectar al desarrollo del embarazo. En cambio, cuando son muy grandes o están situados en zonas donde pueden interferir con la correcta implantación del saco gestacional o de la placenta, aumenta el riesgo de complicaciones.
Me gusta explicar a las pacientes que no es tanto que el hematoma "arrastre" al embrión, sino que puede favorecer un desprendimiento progresivo de los tejidos que sostienen la gestación. Afortunadamente, la mayoría de los hematomas que diagnosticamos en consulta evolucionan favorablemente.
¿Cuándo se aconseja reposo relativo o absoluto a la mujer que tiene un hematoma al comienzo del embarazo? En todo caso, ¿qué es lo que está desaconsejado totalmente en esta situación: coger peso, relaciones sexuales...?
Actualmente sabemos que el reposo absoluto no ha demostrado claramente mejorar el pronóstico de estos embarazos. Sin embargo, cuando existe sangrado activo o el hematoma es importante, solemos recomendar una reducción de la actividad física. Normalmente, aconsejamos evitar ejercicios intensos, actividades de impacto, esfuerzos importantes y levantar peso. También es frecuente recomendar abstinencia sexual temporal mientras persista el sangrado o hasta comprobar que el hematoma está disminuyendo.
En definitiva, más que reposo absoluto, hablamos de sentido común: reducir esfuerzos y permitir que el embarazo evolucione bajo vigilancia médica.
¿Se da a la mujer alguna medicación para proteger ese embarazo?
No existe un medicamento capaz de hacer desaparecer el hematoma. En determinados casos utilizamos progesterona, especialmente cuando el hematoma se acompaña de sangrado durante el primer trimestre o existe una amenaza de aborto. La progesterona es una hormona fundamental para el mantenimiento de la gestación y puede ayudar en algunas situaciones clínicas concretas. Más allá de eso, lo verdaderamente importante es el seguimiento ecográfico y la evolución que vemos en cada control.
¿Son más frecuentes los controles médicos en este caso? ¿Cada cuánto tiempo se llevaría a cabo?
Sí. Cuando detectamos un hematoma, solemos realizar controles más cercanos que en un embarazo normal. La frecuencia dependerá de cada caso, pero habitualmente repetimos la ecografía una o dos semanas después del diagnóstico para comprobar si el hematoma se mantiene estable, disminuye de tamaño o se ha resuelto. Una vez observamos una evolución favorable y comprobamos que el embarazo progresa con normalidad, el seguimiento vuelve a ser similar al de cualquier otra gestación.
Cuando hay un hematoma, la mujer puede sangrar. ¿Cuándo es normal y no debe preocuparse y cuándo puede significar que está teniendo un aborto o debe ir al hospital?
La presencia de pequeñas pérdidas de sangre no siempre significa que el embarazo vaya mal. De hecho, muchas veces el sangrado corresponde al propio vaciamiento del hematoma y forma parte de su evolución. Lo que debe alertarnos es un sangrado abundante, similar o superior al de una menstruación, la aparición de dolor abdominal intenso, contracciones, mareo, sensación de desvanecimiento o la expulsión de coágulos importantes. Ante cualquiera de estas situaciones siempre recomiendo acudir a Urgencias para realizar una valoración.
En determinados casos utilizamos progesterona, especialmente cuando el hematoma se acompaña de sangrado durante el primer trimestre o existe una amenaza de aborto
Una vez pasadas las primeras semanas de gestación, ¿pueden aparecer otros hematomas? ¿Por qué motivo?
Sí. Aunque hablamos con frecuencia de los hematomas del primer trimestre, pueden aparecer sangrados y colecciones hemáticas en cualquier momento del embarazo. Las causas son diferentes según la etapa gestacional. En fases más avanzadas pueden relacionarse con alteraciones de la placenta, pequeños desprendimientos placentarios o problemas vasculares. Por eso, cualquier sangrado durante el embarazo debe ser evaluado independientemente de las semanas de gestación.
Si aparecieron en un embarazo anterior, ¿es más probable que la gestante vuelva a tener un hematoma en un siguiente embarazo?
En general, no necesariamente. La mayoría de las mujeres que han tenido un hematoma en un embarazo posterior no vuelven a presentarlo. La aparición de un hematoma suele considerarse un hecho aislado y no una enfermedad que vaya a repetirse obligatoriamente. Solo en algunas pacientes con determinadas alteraciones uterinas, problemas de coagulación o antecedentes obstétricos concretos podríamos considerar que existe un riesgo algo mayor de recurrencia.








