Buena parte de nuestro bienestar se construye en la relación con los demás. Sentirnos escuchados, respetados y queridos nos proporciona seguridad y nos permite mostrarnos como somos. Pero tener personas alrededor no garantiza necesariamente tener buenos vínculos. La diferencia está, sobre todo, en cómo nos relacionamos con ellas.
Séneca resumió hace siglos una manera de mirar al otro en una expresión que sigue resultando sugerente: "Homo homini sacra res", que puede traducirse como "el hombre es cosa sagrada para el hombre" o, en un lenguaje más actual, "el ser humano es sagrado para el ser humano". Una reflexión sobre el valor que concedemos a los demás que tiene, además, una conexión especial con la princesa Leonor.
Quién fue Séneca
Lucio Anneo Séneca fue un filósofo, escritor y político romano nacido en Corduba, la actual Córdoba, alrededor del año 4 a. C. Considerado uno de los grandes representantes del estoicismo romano, dedicó buena parte de su obra a reflexionar sobre cuestiones profundamente humanas: cómo afrontar las dificultades, controlar la ira, relacionarnos con los demás o emplear bien nuestro tiempo.
Muchas de estas reflexiones aparecen en sus Epístolas morales a Lucilio, escritas durante los últimos años de su vida. Y es precisamente en una de ellas donde encontramos el origen de la frase que nos ocupa.
Qué quiso decir Séneca con "Homo homini sacra res"
La expresión procede de la Epístola 95 a Lucilio, aunque Séneca escribió literalmente "Homo, sacra res homini". Con ella defendía el valor del ser humano frente a la crueldad y recordaba que una persona debía ser respetada por otra.
Su significado va, por tanto, mucho más allá de ser amable. Habla de reconocer la dignidad del otro y de entender que la manera en la que tratamos a quienes nos rodean también dice mucho de nosotros.
El lema de la universidad de la princesa Leonor
"Homo homini sacra res" es el lema de la Universidad Carlos III de Madrid, donde la princesa Leonor estudiará Ciencias Políticas. La expresión figura en la parte inferior del escudo de la institución y forma parte de su identidad. Y que se haya escogido precisamente esta frase adquiere un significado muy especial.
Y es que la etapa universitaria prepara a los jóvenes para ejercer una profesión y les proporciona conocimientos y herramientas que utilizarán en su futuro laboral. Pero la formación no termina ahí. Sea cual sea el camino que elijan, tendrán que trabajar con otras personas, escuchar, colaborar, tomar decisiones que pueden afectar a otros y desenvolverse en una sociedad de la que forman parte.
Entendida de esta manera, la frase de Séneca recuerda que el conocimiento y las capacidades individuales también pueden ponerse al servicio de los demás. Respetar la dignidad de quien tenemos delante, reconocer su valor y entender que nuestras acciones tienen consecuencias sobre otras personas son principios aplicables tanto a la vida profesional, pero también a la personal. Porque en esta última se construyen los vínculos que nos van a sostener en la vida.
¿Cuál es el secreto de las relaciones sanas?
Las relaciones personales son una parte fundamental del bienestar porque pueden proporcionarnos confianza, seguridad y un espacio en el que sentirnos libres para ser nosotros mismos.
Pero una relación sana no se define únicamente por el afecto o por el tiempo que dos personas pasan juntas. Importa la calidad del vínculo, el respeto, el apoyo emocional y lo que cada uno aporta a la relación.
Miguel Navarro, CEO de Productividad Feroz, pone precisamente el foco en la responsabilidad personal. Su propuesta consiste en observar qué aportamos y qué recibimos en nuestras relaciones y qué podemos hacer nosotros para mejorarlas, en lugar de colocar siempre en la otra persona la responsabilidad de que funcionen.
Esa responsabilidad empieza también por la relación con uno mismo. "La clave de tu felicidad está en ti", sostiene Navarro. Depositar nuestro bienestar completamente en otra persona puede desequilibrar el vínculo; trabajar la autoconfianza, en cambio, permite relacionarnos desde un lugar más autónomo.
El respeto hacia los demás tampoco debería construirse a costa del respeto hacia uno mismo. "Valórate, cuídate y respétate y verás cómo tus relaciones fluyen de forma natural", aconseja Navarro. De ahí que una relación saludable necesite cierta reciprocidad: poder cuidar y sentirnos cuidados, escuchar y ser escuchados, respetar las necesidades del otro sin ignorar permanentemente las propias.
También implica comprender que querer a alguien no significa que todas las relaciones deban mantenerse a cualquier precio. Navarro recuerda que "no todas las relaciones están destinadas a durar" y propone aceptar algunas despedidas sin interpretarlas necesariamente como un fracaso.
Al final, las relaciones saludables comienzan con uno mismo, pero se construyen entre dos. Y quizá ahí la máxima de Séneca recupere todo su sentido: reconocer el valor del otro, tratarlo con respeto y recordar que nuestras capacidades no solo sirven para avanzar individualmente, sino también para contribuir positivamente a la vida de las personas con las que compartimos el camino.









