La deshidratación en niños puede llegar a ser un cuadro de mucho riesgo, por eso lo mejor es prevenirla, y estar muy al tanto, sobre todo en épocas de intenso calor, como el verano.
Charlamos de ello con Rosa Pérez, enfermera de Emergencias y coordinadora de la iniciativa 'Divulga SEMES' de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias.
Hay que vigilar que los bebés mojen el pañal (5/6 pañales día en los lactantes) y que su piel no esté muy caliente. Se debe ofrecer agua al niño o niña más mayor, aunque no la pidan y no exponerlos al calor en las horas centrales del día
Un niño pequeño, ¿necesita hidratarse más o menos que una persona mayor?
Sí, necesitan más agua que una persona adulta, por varios factores: tienen mayor proporción de agua en su cuerpo que en la de un adulto; reconocen de manera diferente la sensación de sed y en algunos casos les cuesta saber si tienen sed cuando el cuerpo empieza a deshidratarse y, además, niños y niñas termorregulan peor que las personas adultas, sobre todo los menores de 4 años, que sudan mucho menos y aumentan más la temperatura corporal. La adaptación al calor es más lenta y menos efectiva en los niños y niñas que en la de las personas adultas.
También tienen más actividad y se mueven más que una persona adulta, por lo que sus necesidades de agua son mayores. Todos estos factores hacen que las necesidades de hidratación sean mayores, pero la principal diferencia con una persona adulta es su vulnerabilidad y dependencia de otras personas para hidratarse y mantenerse fresco, sobre todo en el caso de lactantes y niños y niñas de menos edad, por lo que es fundamental estar atento a las necesidades de hidratación de los más pequeños de la casa.
¿Cómo podemos reconocer que un bebé tiene necesidad de hidratación?
Un lactante menor de seis meses alimentado con lactancia materna o de fórmula no necesita beber agua adicional, pero sí se les puede ofrecer el pecho o biberón con más frecuencia en los días de más calor. La madre lactante sí debe aumentar su ingesta de agua y alimentos ricos en agua en épocas de más calor. A partir de los seis meses se les debe dar agua frecuentemente, con más frecuencia que la que necesitaría una persona adulta.
Si un bebé presenta fiebre alta, piel caliente y seca, boca seca, llanto débil (a veces sin lágrimas) e incluso las fontanelas (las partes de la cabeza del bebé más blanditas) están hundidas, debe ser valorado de urgencia. Los lactantes pueden perder peso en caso de deshidratación.
En un niño se puede dar un cambio en su manera de comportarse, lo ves adormilado y sin ánimo, incluso puede llegar a perder el conocimiento, sufrir un desmayo o una convulsión. Se debe llamar siempre al 1-1-2 ante estos síntomas. También debemos observar su orina y sus deposiciones, si la orina es oscura, orina con menos frecuencia o las deposiciones son secas o está estreñido, pudiera ser causado por una deshidratación.
¿Cómo se debe actuar en caso de deshidratación infantil?
En caso de deshidratación, sobre todo en la de los niños y niñas más pequeños, se debe tratar con soluciones de rehidratación comerciales (en farmacias), ya que el agua no será suficiente para compensar la falta de minerales y electrolitos que también tendrán. En algunos casos más graves o cuando no se pueda beber, esta rehidratación deberá realizarse mediante un suero intravenoso en el hospital.
Lo que debemos es prevenir que esto ocurra y ofrecerles la mejor bebida que se le puede dar cuando hace calor: el agua; no se debe dar bebidas azucaradas o demasiado frías, el cambio de temperatura puede ser perjudicial, agua fresca sí, pero no agua helada.
También se deben añadir alimentos frescos y con alta proporción de agua, como sopas frías o frutas frescas. Hay que evitar zumos o licuados por su alto nivel de azúcar.
La cantidad de agua recomendada es de 50/60 ml de agua por kilo de peso/día. Se debe aumentar si hace mucho calor o si se tiene más actividad. A partir de los 4 años puede beber entre 1.2 y 1.5 litros al día, dependiendo de su actividad.
¿Qué factores aumentan el riesgo de deshidratación en el niño?
No solo el calor puede deshidratar a un bebé o a un niño o niña pequeños, también tener diarrea y/o vómitos puede deshidratarlos y puede ser frecuente en verano, por lo que se sumaría al calor y se deshidrataría antes. Por lo que los episodios de infecciones gastrointestinales en lactantes y niños y niñas pequeños deben ser siempre valorados para evitar la deshidratación, sobre todo si van acompañados de fiebre.
Además, pueden deshidratarse antes dependiendo de su estado previo de salud, si tienen alguna enfermedad o están pasando por una recuperación de una infección o una lesión, si toman algún medicamento que pueda tener estos efectos secundarios: hacer que suden menos o que noten menos el calor o tengan un efecto diurético (orinen más veces), es importante conocer los efectos de los medicamentos que pueda tomar el niño o niña.
Igualmente, si no está bien hidratado, si está en ayunas o ha comido poco, también si ha comido mucho, son factores que pueden aumentar el riesgo de deshidratación.
¿Cómo influyen los factores externos?
El aumento de actividad física, no vestir ropa adecuada (tejidos no naturales, prendas de poliéster…), no cubrirse la cabeza, no beber agua antes de la actividad física, realizar una actividad física justo después de una comida copiosa... Todos estos son factores que aumentarían el riesgo también.
No se debe cubrir el carrito del bebé con una tela, eso aumenta la temperatura en su interior. Evitar el porteo en días de más calor.
Es muy importante, igualmente, no dejar nunca a un niño o niña en un vehículo, ni aunque esté en sombra y con las ventanillas abiertas. El aumento de la temperatura del vehículo es muy peligrosa.
¿Qué consecuencias puede tener una deshidratación severa en lactantes, bebés y niños?
Una deshidratación severa es un cuadro muy peligroso para la salud del lactante o niño y niña más pequeños. A corto plazo, el cuerpo va a buscar el agua necesaria dentro del organismo, haciendo que se orine menos o no se orine, también hará que las heces están más secas. El corazón latirá más rápido, ya que la sangre habrá perdido agua y en los músculos se notarán calambres por la falta de minerales. El cerebro notará la falta de agua y sales minerales y no funcionará bien.
Si la deshidratación severa no se trata puede dañar a los riñones, al cerebro y al corazón y los pulmones, ocasionando daños a los órganos y sistemas, provocando un shock, por lo que cualquier episodio de deshidratación que no se pueda recuperar debe ser tratado en un hospital pediátrico.
¿Cómo se relacionan el golpe de calor y la deshidratación?
Están directamente relacionados y ambos representan una emergencia en el caso de un niño o niña, una deshidratación puede hacer que ocurra antes un golpe de calor y aumente la gravedad del cuadro. En el caso de un golpe de calor la temperatura del cuerpo estará muy elevada.
Un golpe de calor se trata de una emergencia, se debe llamar al 1-1-2 y tratar de bajar la temperatura corporal con trapos húmedos, manteniéndolos a la sombra o en un lugar climatizado. Si el niño o niña están conscientes y pueden tragar se les puede dar agua mientras llega la ayuda. Si están confundidos, no darles agua, ya que pueden broncoaspirarse, mantenerles refrescados y esperar la ayuda. Si pierden el conocimiento, colocarles en posición lateral de seguridad y comprobar que respiran con normalidad.
¿Qué enfermedades pueden provocar deshidratación en el menor?
Existen varias enfermedades que se consideran un riesgo asociado para la deshidratación, como las enfermedades del aparato digestivo, como las gastroenteritis o las infecciones gastrointestinales de las que ya hemos hablado, pero también los síndromes de malabsorción o las intolerancias alimentarias que se acompañen con vómitos o diarreas. También enfermedades renales congénitas o infecciosas y alteraciones en la piel, como quemaduras extensas (incluso las quemaduras solares), tener fiebre (piel caliente), y enfermedades metabólicas como la diabetes u otras endocrinas.
Otras causas serían respirar muy rápido y superficialmente, aumento de consumo de bebidas azucaradas o isotónicas, enfermedades mitocondriales (raras), alteraciones en la conducta o problemas de desarrollo, dificultades en la comunicación… Todas ellas pueden aumentar el riesgo de deshidratación en los más pequeños.
¿Cómo nos aseguramos de que el bebé pequeño está bien hidratado en situaciones de calor extremo?
Además de aumentar la hidratación en las mamás que lactan y ofrecerles a los bebés con más frecuencia la lactancia materna o de fórmula, hay que vestirlos con prendas de tejidos naturales y dejar la piel descubierta, evitando que esté al sol y manteniéndolo siempre en la sombra o en lugares climatizados.
Hay que vigilar que mojen el pañal (5/6 pañales día en los lactantes) y que la piel no está muy caliente. Se debe ofrecer agua al niño o niña más mayor, aunque no la pidan y no exponerlos al calor en las horas centrales del día.
Acostumbrar a los niños a beber agua de manera frecuente también es esencial; no se les debe ofrecer otro tipo de bebidas, especialmente si tienen azúcar. La prevención es la mejor herramienta para evitar la deshidratación. Los buenos hábitos se adquieren en la infancia.












