Dra. Laura Camargo, oftalmóloga: "A partir de una hora de exposición a cualquier pantalla, el riego de aparición y progresión de miopía en niños aumenta un 21%"


¿Cómo se puede proteger la salud visual en los menores que tienen un alto consumo de pantallas? ¿De qué manera les afecta la sobreexposición y cómo atenuar esos riesgos?


Dra. Laura Camargo, oftalmóloga© Baviera
30 de septiembre de 2026 a las 15:44 CEST

Aunque las recomendaciones pediátricas hablan de pantallas cero hasta los seis años de edad y a partir de entonces de 'una dieta' bastante estricta de consumo, la realidad es que muchos menores se saltan estas pautas y permanecen delante del móvil, la tablet o los videojuegos durante muchas horas al día.

Hablamos con la Dra. Laura Camargo, oftalmóloga de la Unidad de Oftalmología Pediátrica de Baviera Barcelona, para que nos indique las formas más efectivas de proteger la salud visual de niños y adolescentes en estos casos.

Miopía, hipermetropía y estrabismo pueden tener peor evolución cuando el niño tiene un alto consumo de pantallas sin las condiciones adecuadas

Dra. Laura Camargo, oftalmóloga

¿Cuánto tiempo de exposición a pantallas, que suelen verse a una distancia cercana, se considera excesivo desde el punto de vista de la salud oftalmológica de los niños?

El uso prolongado de dispositivos electrónicos y el consiguiente esfuerzo continuo de enfoque en distancias cortas en edades tempranas puede alterar los movimientos oculares y favorecer la aparición de algunos problemas. Esto no solo puede afectar a la visión a corto plazo, sino que puede influir en el desarrollo visual del niño. Por lo que es clave equilibrar el tiempo frente a pantallas con actividades que estimulen la vista de manera natural, como jugar al aire libre. Así, se recomienda limitar el tiempo de exposición a este tipo de dispositivos y fomentar al menos dos horas al día actividades al aire libre que favorecen el descanso ocular y ayudan a prevenir estas complicaciones.

En cuanto al tiempo recomendable del uso de pantallas, la pauta más extendida es no usarlas en menores de 2 años y establecer un máximo de una hora al día para el ocio hasta los 12 años. En este sentido merece la pena recodar que se ha publicado que a partir de una hora de exposición a cualquier pantalla, aumenta en un 21% el riesgo de aparición y progresión de la miopía, de ahí esta recomendación. Además, es importante que haya una buena luz ambiental cuando se estén usando las pantallas y que sea preferiblemente luz natural. También es importante no usar smartphones ni tablets después de cenar, ya que pueden alterar el sueño.

Niños pequeños viendo una tablet© Getty Images

¿Puede perjudicar un elevado tiempo de exposición a pantallas la evolución de afecciones comunes como la miopía, el astigmatismo o el estrabismo en la población infanto-juvenil?

En el caso de la miopía, la evidencia es clara. Como hemos comentado, el uso prolongado de pantallas a corta distancia en edades tempranas sin las condiciones oportunas (buena luz natural y descansos periódicos), y la falta de luz natural al aire libre acelera su aparición y progresión, debido a esta mayor exigencia acomodativa que hacen los ojos.

Por otro lado, en el caso de pacientes hipermétropes, especialmente en aquellos niños con hipermetropías bajas, comúnmente consideradas fisiológicas y que habitualmente no requieren corrección, esta sobreexigencia acomodativa puede ocasionar la aparición de síntomas, como cefaleas, astenopía (fatiga visual), problemas en el aprendizaje y la concentración. Además, como las pantallas suelen causar ojo seco, debido a que al estar concentrados bajamos el ritmo de parpadeo, puede ocasionar que los niños se froten los ojos de manera constante y deformen mecánicamente la córnea.

En el caso del estrabismo, el exceso de esfuerzo visual fatiga los músculos oculares, lo que puede descompensar el equilibrio de los ojos y hacer visible la desviación, agravando la condición en niños que ya tienen factores de riesgo como antecedentes familiares u otro problema visual de base.

Niña con gafas viendo un móvil© Getty Images

¿Hay algunos problemas de salud visual que aparezcan o estén específicamente ligados a la elevada exposición a pantallas?

Sí. Una exposición prolongada a las pantallas puede provocar molestias principalmente relacionadas con la fatiga visual: sequedad, irritación o enrojecimiento ocular. También visión borrosa, dificultad para enfocar correctamente o dolores de cabeza.

Por eso es importante enseñar a los niños a utilizar las pantallas de forma adecuada, controlando su uso, haciendo descansos frecuentes, teniendo una buena luz ambiental, manteniendo una distancia correcta y, sobre todo, combinando el tiempo de actividades de cerca con tiempo de juego y actividad al aire libre. También se pueden usar lágrimas artificiales si se nota mucha sequedad ocular. Por último, el uso de estos dispositivos, en momentos previos a irse a dormir, puede provocar desórdenes en el sueño por los efectos de la exposición a la luz azul.

Niña viendo un móvil en un interior© Getty Images

Para minimizar los riesgos, ¿qué conviene hacer en relación con la luz del dispositivo, el lugar desde donde se usa, la luz ambiente, el ángulo adecuado...?

Es importante tener en cuenta diferentes variables: cuidar tanto las condiciones del entorno como la forma en la que utilizamos las pantallas. Lo primero es evitar utilizarlas completamente a oscuras y contar con una iluminación ambiental suficiente y homogénea, evitando que la luz incida directamente sobre la pantalla o provoque reflejos. También debemos ajustar el brillo del dispositivo a la iluminación de la habitación, evitando que la pantalla resulte demasiado brillante.

En cuanto a la posición, el niño debe poder utilizar el dispositivo manteniendo una postura cómoda, con la espalda y el cuello relajados y sin acercarse demasiado a la pantalla y a una distancia que permita verlo con comodidad, sin necesidad de forzar la vista, por lo que se recomienda no acercarse a menos de 30 cm del móvil, a menos de 40 cm de la tablet y a menos de 50 cm del ordenador. En concreto, en el caso de los ordenadores, es recomendable colocar el monitor ligeramente por debajo de la línea de los ojos. De la misma manera, también es importante hacer descansos frecuentes. Una buena referencia es la regla 20-20-20: cada 20 minutos, apartar la mirada de la pantalla durante unos 20 segundos y fijarla en un punto situado a unos 20 pies (6 metros).

Niño con gafas viendo pantalla© Getty Images/Maskot

¿Sirven de algo las gafas de filtro azul cuando hablamos de alta exposición a dispositivos en niños y adolescentes?

Actualmente no hay evidencia científica suficiente que demuestre que este tipo de lentes proteja los ojos frente al uso de dispositivos digitales o que reduzca de forma significativa la fatiga visual. Tampoco está demostrado científicamente que la luz de las pantallas pueda afectar a la larga negativamente a nuestros ojos.

Las molestias en este tipo de dispositivos están más relacionadas con mantener la vista desde cerca durante periodos prolongados, la falta de parpadeo o tener malas condiciones de luz o distancia. Por eso, nuestra recomendación será siempre fomentar buenos hábitos como hacer descansos, mantener una distancia adecuada, una iluminación ambiental correcta y alternar las actividades de cerca con pasar tiempo al aire libre.

Una buena referencia es la regla 20-20-20: cada 20 minutos, apartar la mirada de la pantalla durante unos 20 segundos y fijarla en un punto situado a unos 20 pies (6 metros)

Dra. Laura Camargo, oftalmóloga

Si el menor siente molestias, como ojo seco, tras estar mucho tiempo delante de la pantalla, ¿cómo hay que actuar?

La primera recomendación será siempre hacer una pausa y dejar descansar la vista. También es importante recordarles que parpadeen con frecuencia, ya que cuando estamos concentrados frente a una pantalla tendemos a hacerlo menos y esto puede favorecer la sequedad ocular.

Además, conviene revisar las condiciones reflejadas anteriormente en las que utiliza el dispositivo: evitar reflejos, mantener una iluminación ambiental adecuada y procurar que la pantalla esté a una distancia correcta. Si las molestias son frecuentes o persisten, lo recomendable es consultar con un oftalmólogo para valorar la causa y, si fuera necesario, indicar el tratamiento más adecuado. Si, además, aparecen de forma recurrente síntomas como ojo rojo, dolor, visión borrosa o molestias que no desaparecen al descansar, no debemos atribuirlos simplemente al uso de pantallas: es importante realizar una revisión oftalmológica para descartar cualquier otro problema visual.

Niño en revisión oftalmológica© Getty Images

¿Ante qué síntomas está indicado acudir al oftalmólogo en estos casos?

Cuando las molestias aparecen de forma muy puntual y desaparecen al descansar, no suelen ser motivo de preocupación, pero si esta sintomatología ocurre de forma frecuente o interfiere en la actividad habitual del niño, es recomendable hacer una revisión por parte de un oftalmólogo.

En el caso de los niños, además, hay que estar atentos a determinadas señales de que pueden estar teniendo dificultades para ver: acercarse demasiado a las pantallas o a los libros, cerrar un poco los ojos para enfocar, perderse al leer, evitar actividades que requieran visión lejana o una caída del rendimiento escolar sin causa aparente.

En el caso de ser usuario de lentes de contacto, ¿pueden surgir otros problemas derivados de llevar las lentillas cuando estás mucho tiempo delante de las pantallas?

Sí, tenemos que contar con que pueden aparecer más molestias, sobre todo vinculadas a la sequedad ocular, ya que, en aquellos que utilizan lentillas, esta sensación puede ser más acusada, pues las propias lentillas pueden favorecer la sequedad. También puede aumentar el riesgo de hipoxia corneal e irritaciones si no se respetan bien los tiempos de uso y la higiene de las lentillas. Por eso suele recomendarse alternar con gafas durante las sesiones largas frente a pantallas y extremar la higiene y el mantenimiento de las lentes.            

Niña al aire libre con flores en los ojos© Getty Images

Al margen de la reducción de tiempo frente a ellas, ¿qué es lo que más ayuda a la salud visual de estos niños con elevado consumo de pantallas?

La medida con más respaldo científico es pasar tiempo al aire libre. Sabemos que la exposición a la luz natural y realizar actividades en exteriores se asocia con un menor riesgo de desarrollar miopía, por lo que es importante que los niños tengan cada día momentos de juego y actividad fuera de casa.

A esto se suman las revisiones oftalmológicas pediátricas periódicas anuales, que permiten detectar a tiempo cualquier problema antes de que se agrave. En definitiva, una buena salud visual no depende de una única medida, sino de combinar ciertos hábitos y estar atentos a cualquier señal de que el niño puede estar teniendo dificultades para ver correctamente.