Actualmente, un 19% de los niños españoles de entre cinco y siete años son miopes y se estima que para el año 2030, el porcentaje suba hasta el 30%. Un nuevo estudio realizado por profesionales de la Clínica Universidad de Navarra ha puesto el foco en un factor protector para evitar la miopía que está al alcance de cualquier familia.
Hablamos con el Dr. Sergio Recalde, investigador del Laboratorio de Oftalmología Experimental de la Clínica Universidad de Navarra (CUN), sobre cómo conseguir esa prevención sobre un defecto de refracción que está aumentando considerablemente entre la población infantil.
La clave: pasar tiempo al aire libre
Los niños de hoy dedican menos tiempo a actividades al aire libre, son más sedentarios y eso se nota en distintos indicadores de salud, como el sobrepeso y la obesidad, y los defectos visuales como la miopía. Además, el uso de pantallas también tiene influencia. De hecho, la Copa COVAP y el Colegio de Ópticos-Optometristas de Andalucía advierten de que el riesgo de miopía aumenta más de un 20% por cada hora diaria adicional frente a las pantallas.
Para analizar cómo impacta esta realidad, el Departamento de Oftalomología de la Clínica Universidad de Navarra ha investigado, en colaboración de la asociación AMIRES (Asociación de Miopía Magna con Retinopatías de España), los datos de 2.262 escolares de la Comunidad de Madrid.
En el citado trabajo se han comparado los datos de los niños que pasaron más y menos de 7 horas libres al aire libre a la semana. ¿El resultado? "Pasar más horas al aire libre se asocia con una reducción del 50% del riesgo de sufrir esta enfermedad", resalta el Dr. Recalde. En el estudio se ha visto que el 19% de los niños que pasan más tiempo en interiores tiene miopía.
El CUVAF, un dato clave
Además, de contestar a un cuestionario sobre sus antecedentes familiares y sus hábitos de vida, los menores del estudio se sometieron a un examen oftalmológico y a una parte de ellos se les realizó una medición del CUVAF (Autofluorescencia Ultravioleta Conjuntival, por sus siglas en inglés), "un biomarcador que apareció con más frecuencia en los niños que pasaban más tiempo al sol", como indica la Dra. Miriam de la Puente, oftalmóloga de la CUN y participante en el estudio. "Hemos comprobado que se asocia inversamente a la miopía, es decir, cuanto mayor sea esta huella, menor es el riesgo de padecer la enfermedad". Además, los datos que arroja el CUVAF pueden ayudar a identificar el riesgo de desarrollar miopía en programas de cribado.
Pero ¿cómo se realiza la medición del CUVAF? "La medición del CUVAF es una técnica sencilla, rápida y no invasiva. Consiste en iluminar la conjuntiva del ojo con una fuente de luz ultravioleta y capturar una imagen en la que aparecen unas áreas fluorescentes. Estas zonas reflejan la exposición acumulada a la luz solar a lo largo del tiempo. Posteriormente, esas áreas se clasifican en función de su tamaño, lo que permite estimar de forma objetiva cuánto tiempo ha estado el niño expuesto a la luz natural. Es una prueba muy bien tolerada por los niños y fácilmente integrable en consultas o incluso en programas escolares", detalla el Dr. Recalde.
Estar al aire libre, pero protegidos del sol
Cuando hablamos de exposición al aire libre como protector frente a la miopía no significa que el niño tenga que exponerse directamente al sol, lo que, además, conlleva un riesgo. "Lo importante no es tanto la exposición directa al sol, sino la cantidad de luz ambiental. Incluso en días nublados, la intensidad lumínica en el exterior es mucho mayor que en interiores, y eso ya tiene un efecto protector. El estudio se basa en población de distintas zonas y refuerza la idea de que el factor clave es el tiempo al aire libre, más que la radiación solar directa. Es decir, no hace falta 'tomar el sol', sino simplemente pasar tiempo fuera, jugando, haciendo deporte, paseando….", destaca el oftalmólogo.
La exposición directa al sol puede ocasionar daños oculares, por eso se habla de "una exposición controlada y generalmente indirecta, ya que la exposición directa y prolongada al sol, especialmente sin protección, sí puede ser dañina. Por ejemplo, mirar directamente al sol puede causar lesiones graves en la retina, y la exposición intensa sin protección durante largos periodos puede contribuir a patologías como queratitis, cataratas o daño en la superficie ocular. Por eso es importante diferenciar entre beneficio de la luz ambiental y riesgos de la radiación directa excesiva, y aplicar medidas de protección cuando sea necesario", advierte el Dr. Recalde.
¿Se puede revertir la miopía al estar al aire libre?
Una de las conclusiones más interesantes del estudio de la Clínica Universidad de Navarra es que incluso en niños con predisposición genética (tener padres miopes aumenta el riesgo de que sus hijos también lo sean), el hecho de pasar más tiempo al aire libre "se asocia con un menor riesgo de desarrollar miopía", confirma el especialista. "Esto refuerza la idea de que, aunque la genética influye, el estilo de vida puede modificar significativamente ese riesgo. En otras palabras, la predisposición no es un destino inevitable", resalta.
No obstante, aunque pasar esas 7 horas semanales al aire libre protege frente a la miopía hablamos siempre de prevención, no de reversión. "Es decir, aumentar el tiempo al aire libre puede ayudar a reducir el riesgo de aparición de la miopía o a frenar su progresión, pero no suele hacer que una miopía ya establecida desaparezca. Aun así, su impacto en el control de la progresión es muy relevante", aclara el oftalmólogo. "Algo tan simple como que los niños pasen más tiempo al aire libre, sin necesidad de exposición solar directa, puede tener un efecto muy significativo en la prevención de la miopía, incluso en aquellos con mayor predisposición genética", concluye.








