Cómo afrontar las analíticas de los más pequeños, como hace Lucía Villalón, según dos expertas: "Es importante evitar transmitir miedo"


Cuando los niños tienen que afrontar el momento del pinchazo, es útil recurrir a ciertas estrategias para intentar calmarles


Lucía Villalón el 20 de noviembre de 2025 en Madrid© GTRES
14 de julio de 2026 a las 18:02 CEST

Lucía Villalón compartía recientemente una foto orgullosa junto a su hijo, acompañada de una frase que resume ese pequeño triunfo que para muchas familias es enorme: “El rey de las analíticas! Que se porta de 10!!”. Detrás de esta imagen hay un momento que, para la mayoría de los niños, despierta nervios, anticipación y una ansiedad difícil de gestionar. Por eso, hemos querido contar con la mirada experta tanto de la enfermera Silvia Mariño Pérez, de la consulta de alergia infantil en el Hospital Universitario La Paz, colegiada del Colegio Oficial de Enfermería de Madrid, como de la doctora María Jesús Pascual, jefa del servicio de Pediatría de los Hospitales Universitarios Vithas Madrid La Milagrosa y Aravaca, quienes nos han ayudado a entender qué ocurre emocionalmente en ellos antes de una analítica de sangre y cómo poder acompañarlos con estrategias prácticas para que este trámite médico no se convierta en un mal recuerdo.

"Es normal que una analítica genere nervios, tanto en los niños como en los padres. Pero cuando se prepara bien, se explica con honestidad y el niño se siente acompañado, la experiencia suele ser mucho mejor de lo que imaginamos", nos anticipa la doctora María Jesús Pascual. "Los niños aprenden mucho observando cómo reaccionamos los adultos. Si nosotros transmitimos calma, seguridad y confianza, ellos también afrontarán mejor no solo esa analítica, sino muchas otras situaciones médicas a lo largo de su vida. Y ese aprendizaje, probablemente, sea uno de los mejores regalos que podemos hacerles", nos comenta.

¿Cuáles son las razones más habituales por las que se solicita una analítica en niños pequeños?

María Jesús Pascual: En Pediatría no hacemos analíticas "porque sí" ni como parte de una revisión rutinaria si el niño está sano. Siempre tienen un motivo concreto y responden a una sospecha clínica.

Las pedimos, por ejemplo, cuando necesitamos valorar mejor una infección o una fiebre, estudiar una posible anemia o un déficit de hierro, investigar síntomas que se prolongan en el tiempo, como una diarrea persistente, pérdida de peso o dificultades para crecer adecuadamente, o para controlar enfermedades crónicas, como la diabetes, la enfermedad celíaca o algunas enfermedades inflamatorias.

Es importante recordar que una analítica es una herramienta más. El diagnóstico sigue basándose, sobre todo, en escuchar a la familia, conocer bien la historia del niño y hacer una buena exploración física.

Si ya han vivido una extracción desagradable, es normal que lleguen a la siguiente con miedo incluso antes de entrar. Esa memoria emocional influye mucho en cómo afrontan futuras experiencias.

María Jesús Pascual, pediatra

¿Qué elementos del entorno sanitario suelen incrementar la ansiedad infantil?

Silvia Mariño Pérez: Los niños pueden sentir miedo ante situaciones desconocidas. Elementos como el ambiente de la consulta, el material sanitario, la bata blanca, la presencia de personas desconocidas, los olores característicos o experiencias previas negativas pueden aumentar la ansiedad. También influye la propia preocupación de los padres: los niños perciben fácilmente el nerviosismo de los adultos que les acompañan.

María Jesús Pascual: Muchas veces el miedo no está tanto en el pinchazo como en todo lo que les rodea. Los niños perciben perfectamente el ambiente: una sala de espera llena, ver llorar a otro niño, el material sanitario, un lugar desconocido o incluso los nervios de sus propios padres.

Además, si ya han vivido una extracción desagradable, es normal que lleguen a la siguiente con miedo incluso antes de entrar. Esa memoria emocional influye mucho en cómo afrontan futuras experiencias.

¿Qué explicación breve y adecuada recomiendan los profesionales sanitarios a los padres?

Silvia Mariño Pérez: Lo más recomendable es explicar al niño la situación con un lenguaje sencillo y adaptado a su edad. Por ejemplo: “Vamos a hacer una pequeña prueba para saber cómo estás por dentro. Será un momento incómodo, pero estaremos contigo todo el tiempo”. Es importante ser sinceros, evitando frases como “verás que no te va a doler nada”, ya que puede generar desconfianza si siente alguna molestia.

María Jesús Pascual: Lo mejor es hablarles con naturalidad, utilizando un lenguaje adaptado a su edad y siendo sinceros. Una explicación sencilla puede ser: "Vamos a sacar un poquito de sangre para que el médico pueda entender mejor cómo está tu cuerpo y ayudarte a encontrarte bien. Notarás un pinchacito que dura muy poco y yo voy a estar contigo todo el tiempo".

Lo que intentamos evitar es decir frases como "no te va a doler nada" cuando sabemos que sí puede notar una pequeña molestia. Es preferible ser honestos, porque esa confianza será muy importante también en las próximas visitas.

enfermera haciendo una analítica de sangre a una niña© Getty Images

¿Es mejor avisar con antelación o justo antes para evitar ansiedad anticipatoria?

Silvia Mariño Pérez: Depende de la edad y la personalidad del niño. En general, en niños pequeños suele ser mejor explicarlo poco antes de la prueba, evitando largos periodos de espera que puedan aumentar la preocupación. En niños algo mayores puede ser útil prepararlos con tiempo suficiente para que puedan expresar sus dudas y sentirse más seguros.

María Jesús Pascual:  Coincido en que depende mucho de la edad y del niño. En los niños pequeños suele ser suficiente explicarlo el mismo día o unas horas antes. Como todavía no tienen una buena noción del tiempo, avisar con varios días de antelación solo prolonga la preocupación. Los niños más mayores, sin embargo, suelen agradecer saberlo antes. Les permite hacer preguntas, entender qué va a pasar y prepararse emocionalmente.

Lo que nunca recomendamos es engañarles. Decir que van "a dar un paseo" o "a jugar" y descubrir después que era una extracción solo consigue romper la confianza, y esa confianza es fundamental para cualquier atención sanitaria.

¿Conviene llevar al niño hidratado, descansado o con algún tipo de preparación previa?

Silvia Mariño Pérez: Sí. Es recomendable que el niño acuda bien hidratado, especialmente porque una buena hidratación facilita la localización de las venas. También es importante que haya descansado adecuadamente y que haya comido si la prueba no requiere ayuno. En caso de necesitar una preparación específica, el equipo sanitario informará previamente a la familia.

Elementos como el ambiente de la consulta, el material sanitario, la bata blanca, la presencia de personas desconocidas, los olores característicos o experiencias previas negativas pueden aumentar la ansiedad

Silvia Mariño Pérez, enfermera del Hospital Universitario La Paz

¿Qué técnicas de distracción utilizan los profesionales para reducir el miedo?

Silvia Mariño Pérez: La distracción es una herramienta muy útil. Según la edad del niño se pueden utilizar juegos, cuentos, vídeos, canciones, conversaciones sobre temas que le interesen, burbujas de jabón o ejercicios de respiración. El objetivo es que el niño centre su atención en otro estímulo y tenga una sensación mayor de control durante el procedimiento.

¿Cuál es la postura más segura y calmante para realizar la extracción?

Silvia Mariño Pérez: La postura más recomendable suele ser aquella que proporciona seguridad y comodidad al niño. En los más pequeños, estar en brazos de sus padres puede ayudar a reducir el miedo. Es importante que el niño esté bien sujeto y tranquilo para evitar movimientos bruscos, siempre siguiendo las indicaciones del personal sanitario.

¿Se recomienda el uso de cremas anestésicas para disminuir el dolor?

Silvia Mariño Pérez: Las cremas anestésicas pueden ser útiles en algunos casos para disminuir la sensación dolorosa de la punción, especialmente en niños con mucho temor o que van a someterse a procedimientos repetidos. Deben utilizarse correctamente y siguiendo las recomendaciones de los profesionales, ya que requieren aplicarse con antelación suficiente para que sean efectivas.

profesional sanitario preparando a un bebé para hacerle unos análisis de sangre© Getty Images

¿Qué papel deben tener los padres durante el procedimiento para ayudar sin interferir?

Silvia Mariño Pérez: El papel de los padres es fundamental. Su tranquilidad, cercanía y tono de voz ayudan al niño a sentirse seguro. Pueden abrazarle, hablarle y distraerle, siguiendo siempre las indicaciones del profesional sanitario. Es importante evitar transmitir miedo, pedir disculpas continuamente o mostrar demasiada preocupación, ya que el niño puede interpretar que la situación es más peligrosa de lo que realmente es.

María Jesús Pascual: El papel de los padres es fundamental. Para un niño, su madre o su padre son su principal fuente de seguridad. Lo que más ayuda es mantener la calma, sostener al niño en brazos o sentado en el regazo cuando sea posible (sabemos que estas posiciones son mucho menos estresantes que inmovilizarlo tumbado), hablarle con tranquilidad, darle la mano o distraerle con un cuento, una canción o un juguete.
Y algo muy importante: no pasa nada porque llore. Llorar es una forma completamente normal de expresar miedo. El objetivo no es que no llore, sino que se sienta acompañado y protegido durante ese momento.

¿Qué cuidados básicos se recomiendan tras la extracción?

Silvia Mariño Pérez: Después de la extracción se recomienda mantener presionado el punto de punción durante unos minutos para evitar pequeños hematomas. El niño puede continuar con su actividad habitual, salvo que el profesional indique lo contrario. Es normal que pueda aparecer una ligera molestia o pequeño morado en la zona durante los días siguientes.

Es importante evitar transmitir miedo, pedir disculpas continuamente o mostrar demasiada preocupación, ya que el niño puede interpretar que la situación es más peligrosa de lo que realmente es.

Silvia Mariño Pérez, enfermera del Hospital Universitario La Paz

¿Cómo pueden los padres reforzar la idea de que las analíticas son parte del cuidado de la salud?

Silvia Mariño Pérez: Es importante transmitir que las pruebas médicas no son un castigo, sino una herramienta para cuidar de su salud. Los padres pueden reconocer el esfuerzo del niño, felicitarle por su valentía y explicarle que gracias a estas pruebas los profesionales pueden conocer mejor cómo ayudarle. Convertir la experiencia en algo positivo favorece una mejor actitud en futuras visitas.

María Jesús Pascual: La mejor forma es hablar siempre de ellas como una herramienta para cuidar la salud, nunca como un castigo. Frases como "si no te portas bien, te van a pinchar" deberían desaparecer, porque generan miedo hacia los profesionales sanitarios y dificultan futuras visitas.

También ayuda mucho normalizar estas situaciones mediante el juego: jugar a médicos, utilizar material de juguete o leer cuentos relacionados con las visitas al pediatra.

Después de la analítica conviene reconocer el esfuerzo del niño, independientemente de que haya llorado o no. No buscamos que sea un "campeón" por aguantarse las lágrimas; buscamos que aprenda que puede enfrentarse a situaciones difíciles sintiéndose acompañado.

¿Cómo actuar ante mareos o bajadas de tensión en niños pequeños?

Silvia Mariño Pérez: Algunos niños pueden presentar mareo, palidez o sensación de debilidad durante o después de una extracción. Si ocurre, el personal sanitario actuará colocando al niño en una posición segura, normalmente tumbado, y vigilando su recuperación. Para prevenirlo es recomendable que el niño esté bien hidratado y que avise si empieza a encontrarse mal.

¿Qué signos indican que el miedo del niño es más intenso de lo habitual?

Silvia Mariño Pérez: Debemos prestar atención cuando el miedo es desproporcionado y afecta al bienestar del niño, por ejemplo si evita acudir al médico de forma intensa, presenta ansiedad anticipatoria durante días, tiene problemas de sueño, llanto muy intenso, conductas de evitación o recuerda la experiencia de forma negativa durante mucho tiempo. En estos casos puede ser útil comentarlo con el equipo sanitario para buscar estrategias que ayuden al niño.

María Jesús Pascual: Que un niño tenga miedo antes de un pinchazo es completamente normal. Lo que nos hace pensar que ese miedo necesita un abordaje diferente es que sea muy intenso o persistente: que rechace ir al centro sanitario, tenga auténticas crisis de ansiedad antes de la cita, se maree o incluso llegue a desmayarse al ver agujas. No con el pinchazo, que eso puede ser normal. Que necesite una contención muy intensa o que ese miedo impida realizar vacunas, analíticas o revisiones necesarias.

La buena noticia es que disponemos de muchas estrategias para ayudarles: preparar la visita, utilizar técnicas de distracción, favorecer la presencia activa de los padres y, cuando está indicado, emplear anestésicos tópicos que disminuyen la molestia del pinchazo.

Si el miedo se repite o condiciona la atención médica, merece la pena comentarlo con el pediatra para buscar la mejor forma de acompañar al niño.