La primera vez que vimos a Roberto Leal en la tele fue hace 32 años. Lleva 16 en Madrid y, entre una fecha y otra, a la capital había venido tres veces a lo sumo: la primera cuando era un chaval de 13, y luego, ya, de paso. María Teresa Campos fue la culpable de su giro radical: aquel reportero con gracia innata que lo mismo entraba en las cocinas de un bar de toda la vida, o se metía en una de las 3.000 viviendas de Sevilla con sus 3.000 millones de problemas, hizo las maletas y se plantó en la gran ciudad. Y fue pisar el asfalto y, como Leonardo DiCaprio en la quilla del Titanic, podría haber gritado: “Soy el rey del mundo”. O de la tele. Se convirtió en estrella.
Lo mismo te presenta El Desafío que Pasapalabra, flirtea con Barcelona –OT– o con la literatura. Porque Roberto Leal acaba de debutar en la novela, y lo hace a través de un thriller. Uno de esos que huele más a Hitchcock que a Stephen King, porque los monstruos son de andar por casa y el terror cala en los huesos con la misma parsimonia y cadencia con la que cae una gota de agua de una cañería en mal estado. Así se titula, de hecho: El sótano, una historia en la que este periodista y escritor de novela negra observa, en un juego de espejos, a un vigilante con muy malas intenciones para reflexionar sobre los límites de la privacidad. Aquí nos sumamos como un tercer espejo y también nos convertimos en voyeurs, porque vamos a mirar en libros de reservas, por mirillas y escaparates para descubrir su ruta madrileña. Esa que no solo hace con sus mallas de runner, sino donde goza de los placeres de una ciudad que ya conoce como la palma de su mano y que, como dicen los ingleses, es maravillosamente terrific.
Roberto, cómo es tu relación con Madrid. ¿Es cierto eso de que en Madrid nadie se siente extraño?
Es así. Llevo 16 años viviendo en esta ciudad a la que le debo muchísimo. Es cierto que uno no deja de echar de menos su tierra, pero aquí he encontrado a grandes amigos, conocí a mi mujer y han nacido mis hijos. Como comprenderás, me siento como en casa.
¿Cómo fue tu llegada y ese primer golpe de efecto?
Al llegar me costó acostumbrarme. Yo venía de Alcalá de Guadaíra, en Sevilla. Mi ritmo de vida era muy diferente y me vine a vivir al mismísimo centro. Recuerdo que lo que más me llamó la atención fue la posibilidad de hacer planes a cualquier hora, los siete días de la semana. La vida en la calle, en su gente, en los restaurantes...
¿Cuál es tu lugar favorito?
Ese donde te gusta perderte y pasar inadvertido. Uno de mis lugares favoritos de Madrid es el Parque del Retiro. No es un lugar para pasar inadvertido, ni lo pretendo, pero siempre es un refugio, un lugar lleno de vida en el que pasear y desconectar en cualquier época del año.
Ahora que estás viajando para la segunda temporada de Nos vamos de madre, ¿qué crees que tiene Madrid quela acerca a las grandes metrópolis del mundo?
Además de su belleza e historia, su oferta gastronómica y cultural, por encima de todo está su gente. Muchos de los que vivimos en Madrid no somos de aquí y, sin embargo, nos sentimos como uno más. Es una ciudad acogedora, tan salvaje como hospitalaria.
Periodísticamente hablando, Madrid es el centro de todo. Sin embargo, has trabajado muchos años en Andalucía. ¿Tienes esa sensación de que si no estás en Madrid no cuentas?
Esto siempre ha sido así, no nos podemos engañar. Como andaluz –y estoy seguro de que opinan igual compañeros de otras comunidades–, hay veces que Madrid se toma como punto de referencia para todo. El “ombliguismo” que llaman algunos. Como periodista me he visto en Madrid hablando de un atasco en la M-30 como noticia de interés para un informativo nacional. Esto pasaba, pasa y pasará. Mis mejores años como periodista de calle fueron los de España Directo, donde la noticia estaba en los pequeños pueblos, en las personas que, viviendo lejos de las grandes urbes, tenían mucho que contar. Éramos su único altavoz, y esto también es periodismo.
“Madrid es una ciudad acogedora, tan salvaje como hospitalaria”
¿Qué te reconcilia con Madrid cuando estás harto de Madrid? ¿Qué podríamos envidiar de Sevilla y qué podría Sevilla tomar prestado de Madrid?
Huir del centro cuando tu cuerpo dice basta. Excepto en los primeros meses, jamás he vivido en el corazón de la ciudad. Prefiero bajar cuando quiero y tener una vida más tranquila. No creo que Sevilla y Madrid tengan que pedirse nada prestado. Lo que me encantaría –y creo que no voy a llegar– es que hubiese manera de teletransportarme de un lugar a otro cuando lo necesitara. Siempre he pensado que de Madrid al cielo se llega en dos horas y media cogiendo el AVE.
Ya veo que Madrid te mata...
Madrid te come, te pasa por encima si no la abrazas y espabilas. Mis primeros meses aquí quería volverme cada fin de semana. Hoy en día me cuesta pensar en una vida fuera de esta ciudad, por mis hijos, mi trabajo y mis amigos.
¿Qué tiene que tener algo para que te apetezca hacerlo y no digas: “esto ya lo he hecho, esto me aburre”?
La vida pasa volando. Siempre hay algo nuevo que aprender, que vivir. Algo en lo que acertar, equivocarse, darse una hostia y levantarse. A mí me encanta sentirme vivo y, a mis 46, estoy seguro de que me quedan muchas cosas por disfrutar antes de aburrirme.
¿Qué hay de aquel reportero de España Directo que se metía en las cocinas y cruzaba las cercas policiales?
Quiero pensar que sigo siendo el mismo, pero sin gafas ni brackets. Recuerdo con muchísimo cariño aquella época y, si guardo tantos momentos bonitos de entonces, es porque aún me siento aquel chaval que recorría el país con más ilusión que oficio.
Cuéntame algo que te "hipermegachiflase" contarme y sin embargo nadie te pregunta.
Fui cantante de un grupo de música electrónica en Sevilla a los 18. Afortunadamente era solo música instrumental con cuatro samplers de voces, ya que nunca me caracterizépor ser el Joselito de mi época.
Define Madrid con tres adjetivos.
Viva, canalla y misteriosa.
Sus direcciones
TU LUGAR PARA DESAYUNAR
Me gustan mucho los bares de barrio, esos que cuando cruzas la puerta parece que estás viajando en el tiempo. Suelo desayunar por mi zona, pero cuando bajo a Madrid me gusta mucho Tragabuches (José Ortega y Gasset,40), de mi querido Dani García, o un lugar precioso como Bucólico Café (Barbieri, 4).
ESE BAR O CAFETERÍA DONDE TE VES CON LOS AMIGOS
Uno de mis templos madrileños es el Bar Lambuzo (Conchas, 9). Mi amigo Luis, además de ser uno de los mejores profesionales del sector que conozco, es buena gente. Lo único malo que tiene es que es del Betis, pero se lo perdono porque nos llevamos muy bien.
TU RESTAURANTE PARA CELEBRACIONES O PARA ESA CENA ROMÁNTICA
Me gusta mucho Don Lay (Castelló, 117) para ir con Sara, o la terraza de Picalagartos (Gran Vía, 21) para compartir con otras parejas.
TU LIBRERÍA, ESE LUGAR DONDE ECHARTE A LEER
Estoy enamorado de la Casa del Libro (Gran Vía, 29). Además de su inmejorable ubicación en pleno corazón de Madrid, es un edificio con mucha historia en el que, cuando entras, te sientes como en casa. Otra librería ideal es La Mistral (Travesía del Arenal, 2), aunque Tipos Infames (San Joaquín, 3), por desgracia para muchos, ya cerró.
ESE SITIO ESPECIAL PARA EL CONSUMISMO QUE SOLO ESTÁ EN MADRID
Soy fan del Rastro. Me parece un plan perfecto dejarte llevar por la marea y acabar llevándote a casa pequeñas joyas, la mayoría recuerdos de infancia. Me encantan especialmente los puestos donde venden revistas y periódicos de décadas atrás, muy bien conservados.
TU PLAN PERFECTO EN MADRID
Un paseo por el Barrio de las Letras, el Retiro, la Cava Baja, unas cervezas en El Doble (José Abascal, 16), unos callos en Zalacaín (Álvarez de Baena, 4) o una buena carne en Los 33 (plaza de las Salesas, 9), para acabar tomando algo en la terraza del Círculo de Bellas Artes (Alcalá, 42). Como verás, soy persona de contrastes.
¿DÓNDE TE SUELES TOMAR LA ÚLTIMA?
Yo hace años que la última me la tomo por la tarde, jajaja. Supongo que esto del "tarde" va con la edad. Desde hace años salgo menos por la noche que mi niño.












