Salud

Dra. Marisa López, pediatra: "En los primeros meses hay que vigilar si el bebé no busca la voz con la mirada o no reacciona ante sonidos familiares"


La pérdida de audición en el niño se puede presentar desde el nacimiento; por eso se lleva a cabo una prueba de cribado universal. ¿Por qué es tan importante detectar los déficits auditivos cuanto antes?


Dra. Marisa López, pediatra© Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela
17 de julio de 2026 a las 15:05 CEST

Cuando el bebé nace se somete a una serie de pruebas. Una de ellas es el cribado auditivo neonatal, que se realiza a todos los recién nacidos antes de recibir el alta en el hospital, con el objetivo de detectar si hay alguna dificultad en la audición. Es una prueba sencilla y no invasiva que, desde los primeros días, permite poner el foco en un posible problema y prestar la atención y el seguimiento debidos a niños que pudieran tener un déficit en ese sentido.

Hay que tener en cuenta que la detección precoz es muy importante, ya que la pérdida auditiva no solo afecta a la capacidad de oír, sino que impacta en otros ámbitos, como la adquisición del habla y del lenguaje y el aprendizaje. Hablamos de ello con la Dra. Marisa López, jefa del servicio de Pediatría del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela, de Madrid.

Cuando el cribado auditivo en el recién nacido no tiene resultado favorable, la prueba se repite antes de los tres meses de edad y si vuelve a salir alterado se deriva al bebé al especialista

Dra. Marisa López, pediatra

¿Qué protocolo se sigue cuando en el cribado auditivo del recién nacido los resultados no son concluyentes o el sonido no pasa bien?

Cuando un recién nacido no supera el cribado auditivo, lo primero es explicar a la familia que ese resultado no confirma una pérdida auditiva. Puede deberse a restos de líquido, vérnix, movimiento del bebé, ruido ambiental o una situación transitoria del oído medio. Por ello, el protocolo habitual es repetir la prueba mediante otoemisiones acústicas o potenciales evocados auditivos automatizados, según el circuito de cada centro, siempre antes de los tres meses de edad. Si el resultado vuelve a estar alterado, o si existen factores de riesgo, se deriva al bebé a otorrinolaringología y audiología infantil para completar el estudio.

Lo importante es no esperar a comprobar en casa si el niño reacciona al sonido, porque los primeros meses son clave para el desarrollo del lenguaje.

Bebé en prueba de cribado auditivo© Getty Images

¿Cuáles son las patologías congénitas que pueden llevar asociada una pérdida auditiva?

La hipoacusia congénita aparece de forma aislada, muchas veces por causas genéticas, o asociada a otros síndromes. Entre las patologías que pueden incluir pérdida auditiva se encuentran el síndrome de Waardenburg, Pendred, Usher, CHARGE, Treacher Collins, branchio-oto-renal o algunas cromosomopatías como el síndrome de Down.

También influyen malformaciones del oído externo, medio o interno, como microtia, atresia del conducto auditivo o alteraciones cocleares. Además, algunas infecciones durante el embarazo, especialmente el citomegalovirus congénito, afectan a la audición del recién nacido. Por eso, cuando se confirma una alteración auditiva, la valoración debe tener en cuenta antecedentes familiares, embarazo, parto y exploración física completa.

Recién nacido dormido© Adobe Stock

Desde casa, ¿cuáles son las señales de alarma en un recién nacido que pueden poner en alerta a sus padres de que no oye bien?

En los primeros días de vida no siempre es fácil detectar una pérdida auditiva desde casa, porque el recién nacido todavía tiene respuestas muy inmaduras al sonido. Aun así, conviene consultar si el bebé no se sobresalta ante ruidos intensos, no modifica su expresión o su respiración ante sonidos fuertes, o no parece calmarse con la voz de sus padres.

Durante los primeros meses también debe vigilarse si no busca la voz con la mirada, no reacciona ante sonidos familiares o no aparece el balbuceo esperado. Estas señales no sustituyen al cribado auditivo, ya que algunos niños con pérdida unilateral o restos auditivos pueden reaccionar a ciertos sonidos. Ante la duda, siempre es preferible consultar pronto con el pediatra.

Bebé tumbado con signos de interrogación rodeándolo© Adobe Stock

Si se detecta que el niño tiene problemas de audición desde el nacimiento, ¿hay probabilidad de revertir la situación auditiva o son medidas para facilitarle herramientas para que oiga mejor?

Depende de la causa. Algunas pérdidas de transmisión, por ejemplo las relacionadas con líquido en el oído medio u otras situaciones tratables, pueden mejorar o corregirse. En cambio, cuando se trata de una hipoacusia neurosensorial congénita, por afectación del oído interno o del nervio auditivo, lo habitual es que no se revierta de forma espontánea.

En estos casos, el objetivo es aprovechar al máximo la capacidad auditiva del niño mediante audífonos, implantes cocleares si están indicados, seguimiento audiológico y apoyo logopédico. Estas medidas son fundamentales porque ayudan a que el cerebro reciba estímulos sonoros en una etapa de gran plasticidad. Por lo tanto, cuanto antes se interviene, mejores oportunidades tiene el niño para desarrollar lenguaje y comunicación.

Niña en la consulta del otorrino mientras la explora con el otoscopio por otitis© Adobe Stock

¿Desde qué edad un niño puede llevar un audífono u optar por un implante coclear?

La intervención temprana es fundamental y debe comenzarse tan pronto como sea posible después del diagnóstico. En caso de una hipoacusia detectada tras no superar las pruebas de cribado neonatal, el tratamiento debe ser instaurado antes de los 6 meses de edad.

Un bebé puede llevar audífonos desde los primeros meses de vida si se confirma una pérdida auditiva que se beneficia de amplificación. No hay una edad mínima única, pero sí es necesario contar con un diagnóstico fiable, una adaptación correcta y revisiones frecuentes, porque el oído del lactante cambia rápido y los dispositivos deben ajustarse. Están indicadas como primera opción en las hipoacusias neurosensoriales.

El implante coclear se valora en niños con hipoacusia neurosensorial severa o profunda cuando los audífonos no ofrecen suficiente acceso al sonido. En muchos casos es posible plantearse alrededor de los 9-12 meses si el niño cumple criterios, aunque la decisión depende del estudio completo de otorrinolaringología, audiología, pruebas de imagen y evolución con audífonos. El dispositivo debe acompañarse siempre de terapia auditivo-verbal y seguimiento.