Bebés interactuando en una cama©AdobeStock

Niños

Retraso en el lenguaje: ¿cuándo debería empezar a hablar el bebé?

Hay distintas alteraciones que tienen que ver con la capacidad del niño para comunicarse. Una de ellas es el retraso del lenguaje. ¿Qué señales tiene? ¿Cómo deben actuar los padres? ¿Cuál es su evolución?

Uno de los hitos más esperados por cualquier padre es el momento en que su hijo se arranca con las primeras palabras. Antes ya se habrá comunicado con la mirada, mediante gestos o con sonidos, pero esa palabra inicial marca un camino diferente en la adquisición del lenguaje.

Sin embargo, hay niños que van más lentos en este aspecto y que logran hablar más tarde que el resto. “Hablamos de retraso en el lenguaje cuando hay una diferencia, con respecto a niños de su edad, de máximo un año y medio en la adquisición del mismo, sin que haya otros problemas asociados”, indica Beatriz Holtkamp Álvarez, logopeda especializada en Atención Temprana y miembro del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid (CPLCM).

Señales de alarma en el retraso del lenguaje

Lo normal es que los bebés comiencen a decir sus primeras palabras entre los 12 y los 18 meses, aunque hay algunos que tardan más, y no es hasta los dos años, o pasado este umbral, cuando lo consiguen.

Hay que tener en cuenta, como explicaba la experta, que el retraso en el lenguaje no hace referencia a una alteración o una discapacidad que dificulte el habla en el niño. Cuando aludimos a retraso en el lenguaje es porque el niño va a tardar más en hablar que el resto, aunque eso no significa que haya que dejarlo sin atención especializada.

Hay distintas señales de alarma que pueden alertar a los padres de que su hijo no está llevando un desarrollo del lenguaje acorde a su edad. Son las siguientes, tal como detalla Beatriz Holtkamp:

Entre los 6 y los 12 meses

  • El niño no mantiene el contacto ocular.
  • No emite consonantes, como la m, la p y la b.

Entre los 12 y los 18 meses

  • El niño no señala lugares, objetos o personas.
  • No se despide de otras personas.
  • No dice un mínimo de tres palabras, como mamá, papá o agua.

Entre los 18 y los 24 meses

  • No emite párrafos con dos elementos de forma espontánea (no cuentan las repeticiones de algo que oiga; ha de hacer esa construcción verbal de dos elementos por sí mismo).

Entre los 24 y los 36 meses

  • Tiene una forma de hablar ininteligible para otras personas que no sean sus padres.

Entre los 3 y los 4 años

  • Para comunicarse se basa fundamentalmente en gestos en lugar de en palabras.
  • No consigue formar frases de forma espontánea de tres elementos al menos.
Niño pelirrojo hablando©AdobeStock

¿Qué factores influyen en el retraso del lenguaje?

Hay distintos factores que pueden influir en que un niño tenga retraso en el lenguaje; la mayoría de ellos son desconocidos, pero sí se sabe que puede haber una predisposición genética y que hay otras circunstancias que también tienen peso en esta situación.

A veces hay lesiones cerebrales o alteraciones neurológicas desconocidas o deficiencias auditivas que no habían sido detectadas. “En el caso de las otitis silentes repetidas, que no duelen al niño, cuando se pasa por ellas, el pequeño pierde la capacidad auditiva a nivel conversacional y eso hace que no escuchen en varios días, ralentizando así la adquisición del lenguaje”, advierte la especialista.

Otra circunstancia que también puede intervenir es la falta de estimulación, cuando el bebé pasa mucho tiempo solo. Y también la sobreexposición a pantallas: “Es preocupante porque vemos cómo hay muchos niños que desde pequeños tienen esa necesidad de hiperestimulación constante que les impide centrarse y mirarte para mantener una conversación”, explica la logopeda. “Las pantallas pueden utilizarse, pero con un uso comedido y responsable y con unos objetivos claros”, insiste.

A las causas generales también puede sumarse alguna coyuntural, como la que estamos pasando actualmente con la pandemia por coronavirus. “Los niños aprenden a hablar por imitación, fijándose en cómo mueven los labios los mayores y copiando así los fonemas. Ahora observamos que muchos niños no pueden verlo por las mascarillas y eso está llevando a que confundan los sonidos parecidos”.

Aunque popularmente se habla de que los niños bilingües tardan más en hablar, Beatriz Holtkamp desmonta esta creencia. No hablan más tarde sino que los logros que van adquiriendo tienen que dividirse entre las dos lenguas. Así, si a una determinada edad el niño debería dominar 50 palabras, en los que son bilingües, se partiría en 25 palabas en un idioma y otras 25 en el otro. Además, “hay que tener en cuenta que cada idoma tiene un ritmo de desarrollo diferente y que hay estructuras mucho más complejas que otras”, destaca la colegiada del CPLCM.

¿Cómo actuar cuando el niño tiene retraso en el lenguaje?

Los niños que tienen retraso en el lenguaje hablarán, pero más tarde que el resto. Sin embargo, esto no significa que haya que esperar sin hacer nada. “A veces nos llegan niños con cuatro años que dicen apenas unas pocas palabras”, confiesa la experta.

En este sentido no vale con la recurrente frase de ‘ya hablará’. “El periodo crucial para la adquisición del lenguaje va de los 0 a los cuatro años. De los cuatro a los seis es momento de asentar los conocimientos y adquirir los más complejos”, subraya.

Por eso, su recomendación es acudir a un logopeda en cuanto se detecte el retraso en el lenguaje. Este derivará al niño a otros profesionales médicos por si tuvieran cualquier patología que influya en este proceso (apnea del sueño, mala visión, déficit auditivo, problema neurológico...) y una vez claro este primer paso, se comenzaría con la intervención logopédica, que puede durar más o menos en función de las dificultades del niño.

“El niño puede adquirir la capacidad de hablar más tarde, pero se deja muchos conocimientos atrás. Si no tiene lenguaje, no puede aquirir bases numéricas, identificar números... Porque el lenguaje es la base que permite adquirir cualquier aprendizaje”, afirma. Además, está el aspecto social y emocional, que puede hacer que los niños con este problema sean más tímidos e inseguros y rechacen el contacto social con sus iguales.

Por todo ello, lo más adecuado es acudir a un profesional (logopeda) en cuanto se detecten estas dificultades.

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