Todo el mundo ha visto osos en Somiedo. Juan, el de la hidroeléctrica, los ha fotografiado con el móvil. Herminio, el de Casa Miño, está cansado de verlos desde la terraza de su restaurante y Mario, que antes de trabajar aquí de camarero fue guía de la principal empresa ecoturística dedicada a avistarlos, llegó a ver once en un solo día. Por eso, cuando llevamos plantados casi dos horas en el mirador de La Peral, contemplando rebecos, corzos, ciervos, jabalíes, zorros, gatos monteses y humanos con el ojo pegado a un telescopio, nos sentimos alegres, pero algo contrariados, porque en el arca asturiana de Noé no han desfilado esta mañana los plantígrados.
Gracias a Dios, que maneja todas las barcas, en el último momento aparece un osezno, y luego otro, y un tercero, y la madre detrás de ellos. Y Sofía, la experta que dirige la observación, nos advierte que se acerca a ellos un quinto oso, un macho grandote y en celo que no viene con buenas intenciones.
Que en Somiedo hay muchos osos es evidente. Lo indica una señal de tráfico nada más cruzar el puerto de Somiedo. Lo ratifica el mural que hay frente al restaurante El Meirel, en Pola de Somiedo, donde ruge una enorme osa pintada por el artista urbano El Séptimo Crío y donde el hermano de la dueña, Juan, el de la hidroeléctrica, nos enseña los osos de su móvil. Y lo sella y certifica Sofía G. Berdasco, fundadora de Somiedo Experience, que nos espera en la terraza de Casa Miño: "Hay 400 osos en la Cordillera Cantábrica y gran parte de ellos –280, según los cálculos más optimistas– están aquí. Raro será que mañana no veamos alguno. Salimos a las 7:30". Buena hora.
Salida para ver osos en Somiedo
Después de madrugar y desayunar, subimos con Sofía a La Peral, uno de los pueblos más altos del concejo, a 1360 metros sobre el mar y a 20 minutos en coche desde Pola de Somiedo, la capital. A la braña-pueblo de Vaqueiros de Alzada, que aún conserva algunas de sus tradicionales casas de teito vegetal, llegamos a las 7:50, cuando el sol comienza a iluminar un grandioso paisaje, presidido, a naciente, por el pico Putracón, y, al norte, por la cresta dentada de los Pacharones.
Desde el mirador que hay en lo más alto, con los prismáticos y telescopios de Sofía, vemos mil pájaros –águilas reales, cernícalos vulgares, busardos ratoneros, alimoches, buitres leonados…– y casi todos los animales que se mueven por el monte a cuatro patas, incluidos los osos, que aparecen a las 9:45, cuando está a punto de acabar la observación.
El macho grandullón que persigue a la osa deseada y a sus crías para eliminar a estas y que ella entre de nuevo en celo, se huele algo en el último instante, quizá que él puede ser el padre –"no sería raro", explica Sofía, "porque es una especie muy promiscua"–, y dobla en otra dirección. ¡Uf!
Tras dos horas de observación estática, apetece estirar las piernas y la mirada paseando otras dos con Sofía por el valle del río Trabanco. Más que una vaqueira de alzada, nuestra guía parece una osa reencarnada, tan familiares le resultan las huellas –"mano izquierda de una hembra adulta y es reciente: ayer no estaba ahí"–, los excrementos llenos de huesos de cerezas y los arañazos en los troncos con que los machos avisan a los posibles rivales de que están en celo y los pueden cortar en juliana.
La Casa del Oso, en Pola de Somiedo y otros lugares imprescindibles
Para acabar la actividad, nos acompaña a la Casa del Oso, en Pola de Somiedo, donde tiembla al ver los tremendos cepos con que cazaban a estos animales y reímos como niños al subirnos a la báscula que compara nuestro peso con el de ellos. Para pesar lo que un macho grande –más de 200 kilos–, hay que comer mucho pote asturiano.
Sofía nos recomienda visitar otros lugares de Somiedo, pero ya por nuestra cuenta, sin madrugones ni telescopios: el ecomuseo de casas de teito de Veigas, la centenaria central hidroeléctrica de La Malva, el molino de Guillermina, la recóndita aldea de Perlunes, la braña de La Pornacal y los lagos glaciares de Saliencia.
En el camino que lleva a estos últimos, junto al alto de la Farrapona, han instalado hace poco un mirador enorme de acero corten en forma de lazo, excesivo para estas alturas y estas soledades. A Sofía no le gusta. Ella, para lo suyo y para lo de los demás, pide respeto, paciencia y, si no se ve nada, o no se ve bien, marcharse a otra parte canturreando una vaqueirada: Como quieres que te quiera, / si yo no te puedo querer, / si tú tienes una madre / que a mí no me puede ver.
EL CONSEJO DEL EXPERTO
- "En Somiedo nada se puede planificar", dice Sofía G. Berdasco. Por eso, su empresa Somiedo Experience (somiedoexperience.com) intenta avistarlos en distintos sitios, por la mañana o por la tarde, dependiendo de la época, del clima y del comportamiento de la fauna. La actividad dura cuatro horas.
- La primera gran hidroeléctrica de Asturias, la de La Malva, se esconde desde 1917 en un desfiladero precioso cerca de Pola de Somiedo, rodeado de osos como los que fotografía su encargado, Juan Sánchez. Para visitarla, se reserva en espana.edp.com.
- En el Ecomuseo de Somiedo (somiedo.es), en Veigas, se conservan tres espectaculares casas de teito de escoba, que estuvieron en uso hasta mitad del siglo XX. Marité Lana descubre todos sus rincones y sus secretos.
- El Molino de Guillermina, en Valle de Lago, es también de teito vegetal y el único de Somiedo que aún funciona. Para visitarlo, hay que llamar antes al tel.: 616 79 75 91.
- Perlunes, a seis kilómetros de la capital del concejo, es una antigua braña y hoy una aldea recóndita y solitaria donde vive todo el año una sola familia. Una ruta etnográfica del agua permite admirar sus muchos molinos, lavaderos, fuentes y olleras (o fresqueras).












