Acaba de estrenar la comedia Haciendo amigos, una de las películas que aspiran a convertirse en uno de los éxitos del verano, y en los próximos días viajará a Kenia para participar en el rodaje de Si los muertos hablaran, en la que compartirá reparto con Carmen Machi, Hugo Silva y Maribel Verdú. En medio de esa intensa agenda, Megan Montaner siempre reserva un hueco para regresar a su tierra. La actriz, que nació en Huesca, aunque desde hace años reside en Madrid por motivos profesionales, vuelve siempre que puede para desconectar del ritmo de los rodajes, "disfrutar de la vida, lo tengo bien metido en la cabeza" y reencontrarse con la naturaleza en la que creció. La última vez, hace unos días.
El lugar elegido por Megan ha sido el valle de Tena, donde se ha fotografiado en la cascada de Argualas, cerca de Panticosa, y en la ermita de Santa Elena, junto a Biescas, dos enclaves que muestran la espectacular riqueza natural y patrimonial de este rincón del Pirineo oscense que se extiende desde Sabiñánigo hasta el puerto de El Portalet, en la frontera con Francia.
El Balneario de Panticosa, a 8 kilómetros del pueblo del mismo nombre y que se alcanza por una preciosa carretera de montaña llena de curvas, es el punto de partida de numerosas rutas. Lo primero que sorprende al llegar es el ibón de Baños, un pequeño lago glaciar en el que nace el río Caldarés y en torno al cual se fue construyendo este gran complejo hotelero abierto en 1854 y rodeado de tresmiles, cuyas aguas termales —que emergen de la tierra a 53 ºC— ya probaron los romanos. Ahora se disfrutan en el moderno edificio acristalado de las Termas de Tiberio o, más en privado, en las del Gran Hotel, reformado por el arquitecto Rafael Moneo.
Desde el ibón se alcanza en apenas 10 minutos la cascada de Argualas, el salto de agua que baja del barranco del mismo nombre y al que se ha acercado Megan Montaner con su familia. Aunque la caída principal ronda los 15 metros, su atractivo no reside tanto en la altura como en el espectacular entorno, porque el agua cae entre grandes bloques de granito en pleno bosque. La ruta se puede alargar unos 5 kilómetros más para llegar hasta los ibones de Ordicuso, que se alcanzan en algo más de una hora. Más exigente es aún la ascensión al pico Argualas, que requiere de una jornada completa.
OTRAS CASCADAS
En el refugio Casa de Piedra, al final del recinto del Balneario de Panticosa, arranca el sendero GR-11 que lleva a los ibones de Bachimaña, otra de las rutas más bonitas del entorno. El recorrido completo requiere unas 5 horas ida y vuelta si se hace con calma y paradas y salva un desnivel de unos 600 metros. Pero se puede hacer la excursión más corta y recorrer solo el primer tramo, que pasa por el Mirador de la Reina y dos espectaculares cascadas: el salto del Pino, de unos 30 metros de altura, que se precipita por una pared de granito entre bosques de pino negro y grandes bloques de roca; y el salto del Fraile, donde las aguas del río Caldarés descienden con gran fuerza desde el ibón inferior de Bachimaña, formando una cascada cuyo estruendo acompaña a los que deciden afrontar la Cuesta del Fraile.
LAS PASARELAS MÁS EMOCIONANTES
Sobre el río Caldarés cuelgan unas pasarelas que combinan emoción y vértigo. Son 800 metros de longitud los que tienen estos pasos anclados a la pared que salvan hasta 160 metros de desnivel. Abajo se ven las aguas del río saltando por las pozas que se han ido formando en este lugar desde hace miles de años.
El recorrido por las pasarelas comienza en el aparcamiento de la telecabina de Panticosa y tiene un primer tramo más vertical, con una panorámica espectacular del abrupto barranco, y un segundo que resulta más largo y discurre por la margen derecha. Una hora aproximadamente se tarda en recorrer el camino y asomarse al mirador de O Calve, desde el que se dominan todas las montañas del entorno: sierra de la Partacua, sierra de Tendenera, valle de Caldarés… En la subida se ven también búnkeres de la llamada Línea P, la obra de ingeniería militar más grande en Europa, que recorre todos los Pirineos.
EXCURSIONES EN TELECABINA
En verano abre la telecabina de Panticosa y se puede subir desde el pueblo hasta la cota de 1.900 metros, desde donde parten varias rutas de senderismo muy cómodas. Las más populares son las de los ibones de Sabocos y de los Asnos. Hasta el 30 de agosto, existe una excursión guiada todos los días, que tiene como punto de encuentro la terraza de la cafetería de Petrosos y comienza a las 10:30, con la que se aprende, gracias a un guía, a interpretar un mapa y descubrir la flora y la fauna de estas montañas.
EN TREN DE ALTA MONTAÑA
Por el valle de Tena también puedes hacer la excursión al desconocido valle de la Ripera en un pequeño tren de alta montaña. El Sarrio (trenelsarrio.com) parte del mismo pueblo de Panticosa y se adentra en este entorno al que solo se puede acceder a pie o en este medio de transporte. Al final del recorrido, los pasajeros descienden y eligen seguir, ya por libre, entre 6 senderos señalizados, desde un sencillo paseo hasta una cascada o rutas que acercan a preciosos ibones. Allí mismo, hay mesas de pícnic para hacer una parada o remojarse en el río. Durante el trayecto en el tren, y gracias a una audioguía, podrás conocer curiosidades, historias y alguna leyenda sobre estos paisajes. Abre hasta mediados de octubre, con dos salidas al día y tiene un precio de 18 € (ida y vuelta).
EMOCIONES FUERTES SOBRE EL EMBALSE
Quien busca emociones más fuertes en el valle de Tena, se acerca al pueblo de Hoz de Jaca, junto al embalse de Búbal, para lanzarse por la tirolina doble más larga de Europa, con 950 metros de recorrido, un desnivel de 120 metros y velocidades superiores a los 90 kilómetros por hora (tirolinavalledetena.com) o, en el mismo entorno, balancearse en el columpio gigante suspendido en una enorme pared a 150 metros de altura.
LA ERMITA DE SANTA ELENA
Entre Hoz de Jaca y Biescas, encontramos la ermita dedicada a Santa Elena de Constantinopla, la patrona del valle de Tena, que Megan Montaner visitó durante su escapada al Pirineo de Huesca. Es un lugar emblemático porque se alza sobre un promontorio que domina la espectacular foz de Santa Elena, el desfiladero excavado por el río Gállego entre las sierras de Telera y Tendeñera. En su interior guarda una pequeña cueva vinculada a la leyenda de la santa y junto a la ermita brota la fuente de la Gloriosa, cuyas aguas —milagrosas, según la tradición— forman una pequeña cascada. El atractivo del enclave va mucho más allá del santuario. El paseo permite descubrir varios dólmenes prehistóricos, un singular calendario celta y el Fuerte de Santa Elena, una antigua fortificación que durante siglos vigiló el estratégico acceso hacia Francia por el valle del Gállego.












