Isabel Allende atraviesa uno de los momentos más especiales de su vida. A sus 84 años, la escritora chilena acaba de alzarse con el Premio Planeta 2026, gracias a La hora antes del alba, un reconocimiento que llega apenas unos meses después de que recibiera a ¡HOLA! en su casa de Sausalito (California). Entonces habló con sinceridad sobre el amor, la familia, el recuerdo de su hija Paula y la serenidad que ha encontrado en esta etapa de su vida.
Visiblemente emocionada al recoger el galardón de manos de los Reyes, Allende confesó que nunca antes se había presentado a un premio literario. "No esperaba esto, qué emoción tan grande. No saben lo que significa para mí. ¡El premio más importante de la lengua española!", expresó ante el auditorio.
La escritora, que obtuvo el galardón gracias a una novela que ella misma define como "el cierre del universo complejo de los personajes de La casa de los espíritus", vive este éxito en una etapa muy distinta a la de otros momentos de su vida. Así lo contó el pasado verano a nuestra revista, cuando presentó La palabra mágica. Una vida escrita y repasó una trayectoria marcada por las alegrías, los desafíos y algunas de las pérdidas más dolorosas que puede afrontar una persona.
"Por fin he encontrado paz y amor"
Durante aquella conversación, Isabel Allende sorprendía por la serenidad con la que describía el momento vital que atraviesa. Una calma especialmente significativa en alguien que define su vida como "una montaña rusa, de subidas y bajadas: un día disfrutando del máximo éxito y, al siguiente, padeciendo la desgracia de la muerte de mi hija", reconocía. "Y ahora, por fin, cuando me queda poca vida, he encontrado este momento estupendo".
La autora aseguraba sentirse plenamente satisfecha con la etapa que atraviesa. "Estoy en un momento estupendo de mi vida; por fin he encontrado paz y amor", confesaba. Una felicidad construida sobre la sencillez de la vida cotidiana, la escritura y la libertad de elegir cómo emplear su tiempo. "Me siento plena conmigo misma, sigo escribiendo y llevo una vida totalmente sencilla".
No es casual que buena parte de esa serenidad tenga que ver con Roger Cukras, el abogado estadounidense con quien contrajo matrimonio en 2019. Después de dos largas relaciones anteriores, la escritora reconoce haber encontrado junto a él una complicidad muy especial. "Es esa camaradería, esa amistad y esa confianza absoluta", explicaba al describir la relación que mantienen. Una historia marcada por el cariño y la conciencia de que el tiempo es un bien muy valioso.
"Como los dos somos mayores, tenemos la sensación de que nos queda muy poco tiempo; vivimos el amor y la vida con una sensación de urgencia, de que no se puede perder el tiempo en tonterías", relataba. Una reflexión que hoy cobra especial significado mientras celebra uno de los mayores reconocimientos de su carrera. Sin embargo, entre las alegría que hoy celebra Isabel Allende, también hay una herida que nunca ha terminado de cerrarse.
La herida que nunca desaparece: el recuerdo de Paula
Si hay una ausencia que atraviesa la vida y la obra de Isabel Allende es la de su hija Paula, fallecida en 1992. Más de tres décadas después, la escritora sigue hablando de ella con emoción, como alguien cuya compañía sigue intacta. Preguntada por las palabras de consuelo que daría a alguien que haya pasado por una experiencia similar, respondió con una sinceridad desgarradora: "Lo único que me ha servido a mí es tenerla presente".
Allende recordó que Paula tenía 28 años cuando cayó en coma y 29 cuando murió. Desde entonces, vive aferrada a una promesa que le hizo entonces y que sigue marcando su forma de afrontar la vida. "Le prometí que yo iba a vivir por ella. Y trato de vivir como ella habría querido hacerlo en cada circunstancia. Cuando me encuentro ante un dilema pienso: '¿Qué haría Paula en este momento?'".
La escritora recordaba además a su hija como una persona excepcionalmente generosa. "Era un ser absolutamente generoso y desprendido de todo", aseguraba. Tanto es así que una de las enseñanzas que conserva de ella continúa acompañándola cada día: "Mamá, ¿qué es lo más generoso que puedes hacer en este momento?".
Con el paso del tiempo, ha desarrollado una visión profundamente personal sobre la pérdida. "La muerte es un terrible inconveniente, pero no es un obstáculo para el amor ni para la comunicación", reflexionaba.
Su hijo Nicolás, uno de sus grandes apoyos
Junto al recuerdo permanente de Paula, la relación con su hijo Nicolás ocupa un lugar fundamental en su presente. Madre e hijo no solo mantienen una estrecha relación familiar, sino que también trabajan juntos. "Nico vive a doce minutos de mi casa", contaba con orgullo. Ambos colaboran en la fundación impulsada por la escritora y en la gestión de numerosos proyectos profesionales.
Aunque cada uno conserva su independencia, el vínculo entre ambos sigue siendo muy estrecho. "Mantenemos mucha independencia, pero estamos muy unidos y nos lo contamos todo", explicaba.
Una vida intensa de la que no renegaría
Al echar la vista atrás, Isabel Allende admitía en su conversación con ¡HOLA! que hay muchas decisiones que hoy tomaría de otra manera. "¿Te arrepientes de algo? De todo", respondía entre risas. Sin embargo, esa primera reacción daba paso enseguida a una reflexión mucho más profunda sobre el balance de su existencia. "Estoy contenta con mi vida porque me ha tocado de todo; ha sido una vida muy plena, con mucho dolor, mucha alegría y también mucho amor".
Quizá por eso el Premio Planeta llega en un momento especialmente simbólico. Después de décadas de éxitos literarios internacionales, de pérdidas irreparables y de continuos comienzos, Isabel Allende recibe uno de los reconocimientos más prestigiosos de las letras en español cuando la escritora afirma vivir una de las etapas más felices de su vida.









