En noviembre de 1947, todas las miradas estaban puestas en Londres. La princesa Isabel, como se la conocía entonces, estaba a punto de casarse con el apuesto teniente Felipe Mountbatten en la abadía de Westminster. La capital estaba llena de miembros de la realeza: entre los 2.000 invitados a la ceremonia había numerosos reyes, reinas, príncipes y princesas.
En el centro de todo aquello se encontraba el Claridge’s, el legendario hotel del barrio londinense de Mayfair, que ya había sido apodado 'el anexo del palacio de Buckingham' gracias a su larga tradición de hospedar a la realeza.
Hay un anécdota de un diplomático que ha pasado a la historia. Al llamar al hotel, pidió que le pusieran con el rey. —Por supuesto, señor —fue la respuesta—. Pero ¿con cuál de ellos? Hay una razón por la que Claridge’s es conocido como 'la reina de los hoteles' y 'el hotel de los reyes'. Su reputación se consolidó en el siglo XIX, cuando monarcas desposeídos de sus tronos, procedentes de una Europa convulsionada por las revoluciones, buscaron refugio allí.
Contar la verdadera historia
Ahora, la historia del Claridge’s se recoge en un libro del historiador Martin Williams, quien, con la ayuda de Kate Hudson, la archivera del hotel, ha investigado bibliotecas, cartas y libros para elaborar una retrospectiva que incluye personajes que van desde la reina Isabel, la Reina Madre, hasta Kate Moss.
"No hay ningún lugar que atesore más grandes historias que un gran hotel", afirma Martin, quien se puso en contacto con el establecimiento para proponerle la idea después de considerar "asombroso" que el Claridge’s, cuya primera versión abrió sus puertas en 1812, todavía no tuviera un libro que describiera su extraordinario pasado.
El hotel fue el lugar donde la reina Isabel II se reencontró por primera vez en casi 30 años con la duquesa de Windsor, mientras el duque se recuperaba de un tratamiento médico. Según explica Martin, la visita se realizó discretamente, utilizando una entrada lateral del hotel. "Aunque su relación con su tío y su tía nunca llegaría a ser especialmente cercana, aquel gesto indicaba que se había producido algún tipo de reconciliación".
Más adelante, David y Elizabeth Emanuel trabajaron en el vestido de novia de lady Diana Spencer al lado del Claridge’s. Después de que Diana partiera de luna de miel, la reina llegó al salón de baile del hotel para asistir a una fiesta organizada por su prima, lady Elizabeth Shakerley. Además de prácticamente toda la familia real, entre los invitados había "seis reyes, ocho reinas, innumerables príncipes y princesas, decenas de nobles, unos cuanos embajadores y un maharajá", explica Martin.
También hay cariñosas referencias a la Reina Madre. "Creo que podemos afirmar legítimamente que fue la amiga más fiel del hotel", comenta el historiador. Recuerda que, finalmente, ella aceptó la propuesta de matrimonio del duque de York después de una cena y un baile en el hotel. Era el tercer intento de él. El vínculo era tan estrecho que, en 1998, después de un almuerzo para celebrar el centenario de la nueva etapa del hotel, el Claridge’s incluso envió a la Reina Madre su receta de ensalada de cangrejo y bogavante. Tras haber "intentado, sin éxito, describírsela a su cocinero, la receta fue enviada inmediatamente a Clarence House", su residencia.
Sus lujosos interiores y su inquebrantable compromiso con la discreción han convertido desde hace mucho tiempo al Claridge’s en un destino habitual de las grandes estrellas. Entre sus huéspedes figuran Audrey Hepburn, cuyo encuentro decisivo con William Wyler, director de Vacaciones en Roma, tuvo lugar en el hotel, y Marlene Dietrich, cuya aventura amorosa con el actor estadounidense Douglas Fairbanks Jr. no pasó inadvertida durante su estancia. "Se comportaba bastante mal", afirma Kate. "Y eso me encanta".
La fiesta de cumpleaños definitiva
En 2004, Kate Moss celebró parte de su célebre fiesta por su 30º cumpleaños en el hotel. La temática estaba inspirada en Hermosos y malditos, de F. Scott Fitzgerald, y aprovechaba la decoración art déco por la que es conocido el establecimiento. Las celebraciones comenzaron con cócteles y champán Cristal. Kate se cambió después y lució un vestido de época que, más tarde, descubrió que había llevado Britt Ekland en el estreno de El hombre de la pistola de oro, en 1974.
Después de una fiesta en la casa de la artista Sam Taylor-Wood, Kate, que había estado acompañada por Naomi Campbell, Tracey Emin, Grace Jones y Gwyneth Paltrow, regresó al Claridge’s. Se cuenta que, en un momento de la noche, cantó Summertime, de George Gershwin, acompañada al piano por Jools Holland. Quizá no resulte sorprendente que a Martin le costara encontrar información detallada sobre aquella celebración. "Hay una enorme cantidad de rumores y toda clase de versiones diferentes", explica. "Hay empleados que siguen trabajando aquí y que ya estaban aquí entonces. Sé que ninguno de ellos hablará públicamente sobre lo que ocurrió", afirma Kate. "Jamás se nos ocurriría hacerlo. Quiero decir, créeme, hay algunas historias extraordinarias".
Estas anécdotas muestran cómo el hotel ha desempeñado su propio papel en la historia. Martin menciona una historia sobre la dramaturga Clare Boothe Luce, que visitó el hotel desde Estados Unidos en 1940. "Está almorzando en el restaurante del Claridge’s el día en que termina la evacuación de Dunkerque. Puedes imaginarte la escena: todas las mujeres con sus preciosos sombreros y vestidos primaverales y, de repente, entra un grupo de oficiales cubiertos de sal, arena y sudor, directamente desde las playas de Dunkerque, que llegan a Claridge’s para almorzar", relata. "Claridge’s es un escenario en el que se han desarrollado muchísimas historias extraordinarias", añade. "He intentado recoger tantas como he podido".













