EL PUEBLO DONDE ECHÓ RAÍCES

El refugio de Máximo Huerta es un pueblo valenciano con un castillo con vecinos y una celebración mundialmente conocida: "Los recuerdos hacen los lugares santos"


El escritor acaba de ser nombrado hijo adoptivo de la localidad valenciana donde creció, cuida de su madre y abrió una librería que lleva el nombre de su perrita


Máximo Huerta en la puerta de su librería de Buñol, Valencia© @maximohuerta
16 de octubre de 2026 a las 7:30 CEST

“Me voy a la cama con una sensación nueva. Soy hijo adoptivo de Buñol”. Hace solo unos días, Máximo Huerta compartía así su emoción después de conocer la noticia, escuchando la radio local junto a su madre, los dos pegados al transistor en el sillón. “Ella, más todavía”, contaba. No hacía falta mucho más para entender lo que significa este reconocimiento para el escritor, que llegó al municipio valenciano con apenas un año y medio, cuando sus padres se trasladaron desde Utiel, y que hoy ha vuelto a hacer de él su casa.

Buñol, rodeado de montañas© Shutterstock
La iglesia de San Pedro Apóstol sobresale sobre los tejados de Buñol, rodeado de montañas

Aquí estudió, aprendió, hizo amigos, disfrutó de las fiestas y de las dos bandas de música, vivió la Tomatina y comenzó a trabajar como periodista en la prensa y en la radio local. Buñol también ha inspirado sus novelas y es el lugar donde, en una etapa muy distinta de su vida, cuida de su madre, pasea con su perrita Doña Leo y atiende su propio negocio. Porque Huerta, que durante años estuvo acostumbrado a los platós y a la vida madrileña, ha encontrado en este pueblo de la comarca de la Hoya de Buñol una forma de felicidad mucho más doméstica, hecha de libros, conversaciones y calles conocidas.

Máximo Huerta en la plaza del Pueblo de Buñol, Valencia

En 2023 abrió La Librería de Doña Leo, el establecimiento que lleva el nombre de su perrita. Un sueño pintado de azul que empezó, según ha contado, “por amor” y que poco a poco se ha llenado de lectores, autores y libros que encuentran allí nuevas manos. En su web lo define como “un universo de libros y personajes de ficción donde las puertas se abren para dar refugio a los que sueñan con palabras, palabras, palabras”. Y lo resume con una frase que bien podría servir para explicar su regreso: “El kilómetro cero de la felicidad”.

Máximo Huerta en Buñol, Valencia
Máximo Huerta en Buñol.

La librería está en la plaza del Pueblo, frente al ayuntamiento, y es imposible separarla de la relación sentimental que Huerta mantiene con este rincón. “En la plaza del Pueblo me siento como debía sentirse Kiki en Le Dôme, en casa”, escribió en sus redes. Allí están también la iglesia, el sacristán y los bares de las sociedades musicales. “Vamos, protegido por Dios y la cultura”, bromeaba. Él mismo reconoce que podría estar mejor cuidada, pero recuerda con cariño al niño que iba con su madre a misa, se tomaba una horchata en la Jijonenca y se lavaba las manos en la fuente. “Los recuerdos hacen los lugares santos. Y eso no te lo roba nadie”.

Castillo de Buñol, Valencia© Shutterstock
Castillo de Buñol.

UN CASTILLO CON VECINOS

Aunque la imagen más reconocible de Buñol es la Tomatina, que se celebra cada último miércoles de agosto y transforma sus calles en una multitudinaria batalla de tomates, el pueblo donde creció Máximo Huerta tiene otros motivos para una visita. Desde la plaza, las calles del casco antiguo conducen hasta el castillo, uno de sus grandes atractivos. De origen medieval, la fortaleza se alza sobre el caserío y conserva una singularidad poco habitual: parte de sus dependencias siguen integradas en la vida cotidiana y hay viviendas dentro del recinto. Entre sus muros se encuentran también el Palacio Mercader, la iglesia del Salvador y los museos Arqueológico y Etnológico.

Auditorio excavado en la roca de Buñol, Valencia© Shutterstock
El auditorio de Buño está excavado en la roca.

Pero Buñol también se escucha. La Artística y La Armónica, las dos sociedades musicales del pueblo, son mucho más que bandas: forman parte de su identidad y alimentan una rivalidad que se vive con pasión, especialmente durante las fiestas. La música tiene incluso su propio escenario al aire libre en el parque de San Luis, un espacio verde junto al agua con un auditorio excavado en la roca donde se celebran conciertos y citas culturales.

Cueva Turche, Buñol, Valencia© Shutterstock
Cueva Turche.

LA RUTA DEL AGUA

Buñol también tiene caminos que acompañan al río. La Ruta del Agua permite conocer parte de este paisaje de fuentes, antiguos molinos, vegetación y paredes rocosas. Uno de sus enclaves más conocidos es la Cueva Turche, un anfiteatro natural con una cascada que luce especialmente después de las lluvias. Antes de organizar la caminata, conviene consultar la información municipal sobre el estado de los accesos.

ARROCES A LA LEÑA

Para sentarse a la mesa, una de las direcciones con más historia es Venta Pilar, una antigua posada de caballos del siglo XVII reconvertida en restaurante y alojamiento (posadaventapilar.com). Máximo Huerta la ha recomendado con entusiasmo y ha llegado a decir que allí se come la mejor paella de toda la Comunidad Valenciana. La preparan a la leña y con romero, y la carta incluye también otros arroces y platos de cocina tradicional. 

Otra alternativa es La Traviata, un alojamiento instalado en una construcción modernista de principios del siglo XX. Sus habitaciones y apartamentos rinden homenaje a la música, con nombres de óperas y compositores, un guiño muy apropiado en un pueblo donde las bandas están presentes en la vida cotidiana.