Jean-Paul Sartre, escritor francés que renunció al Premio Nobel de Literatura: "Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace"


La psicóloga Sara Navarrete analiza estas palabras y nos explica por qué alcanzar nuestras metas no siempre nos hace felices y cómo aprender a disfrutar de lo que tenemos sin renunciar a nuestros sueños


Mujer pelirroja columpiándose en el exterior © setactive
9 de octubre de 2026 a las 18:01 CEST

Hay personas que consiguen el trabajo que deseaban, encuentran pareja, forman una familia o alcanzan esa estabilidad económica con la que siempre habían soñado y, sin embargo, no terminan de sentirse felices. Otras, con vidas mucho más sencillas y sin grandes logros que celebrar, parecen disfrutar de una satisfacción que a las primeras se les escapa. ¿Por qué ocurre esto? Quizá la respuesta tenga que ver con una reflexión atribuida al filósofo francés Jean-Paul Sartre: "Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace".

Para comprender qué significa esta frase desde el punto de vista psicológico, hablamos con la psicóloga Sara Navarrete quien nos ayuda a entender por qué a veces buscamos la felicidad en aquello que todavía no tenemos y qué podemos hacer para sentirnos más satisfechos con nuestra vida sin renunciar a nuestras aspiraciones.

Mujer amable hablando en la oficina© Getty Images

Quién fue Jean-Paul Sartre

Jean-Paul Sartre (1905-1980) fue uno de los filósofos y escritores franceses más influyentes del siglo XX y una figura fundamental del existencialismo. Su pensamiento giró en torno a la libertad, la responsabilidad individual y la capacidad del ser humano para dar sentido a su existencia a través de sus decisiones.

Autor de obras como El ser y la nada y La náusea, defendió que no nacemos con un destino completamente definido, sino que vamos construyendo nuestra identidad mediante nuestras elecciones. En 1964 recibió el Premio Nobel de Literatura, que rechazó porque pensaba que el reconocimiento hubiera condicionado sus escritos. 

Mujer pelirroja columpiándose en el exterior © setactive

Qué quiso decir Jean-Paul Sartre con esta frase 

Aunque esta reflexión suele atribuirse a Sartre, su autoría literal no está suficientemente documentada. En cualquier caso, expresa una idea que pone sobre la mesa una gran verdad, la de que la felicidad no depende exclusivamente de conseguir lo que deseamos, sino también de la relación que establecemos con nuestra propia vida.

No se trata de abandonar nuestras metas ni de conformarnos con cualquier circunstancia. La idea es que, si condicionamos nuestro bienestar a que todo ocurra exactamente como esperamos, podemos terminar viviendo en una espera permanente.

Como nos recuerda la experta muchas veces pensamos que seremos felices cuando consigamos esto o aquello, cuando cambiemos de trabajo, encontremos pareja o tengamos más tiempo. "Y así podemos pasar años colocando la felicidad siempre un poco más adelante".

Por eso, considera que querer y valorar lo que hacemos y tenemos está relacionado con encontrar sentido, presencia y coherencia en nuestra vida. No significa resignarnos, sino aprender a disfrutar de lo que tenemos mientras seguimos construyendo lo que queremos. 

Mujer mayor feliz riéndose© Getty Images

Adaptación hedónica, el fenómeno que explicar por qué te cansas de lo que tienes

Otra de las causas por las que no puedes esperar a ser feliz cuando consigas todo aquello que quieras, es que esa alegría no siempre dura tanto como imaginábamos. 

En psicología, este fenómeno se relaciona con la adaptación hedónica, la tendencia a acostumbrarnos a las circunstancias positivas y a que la intensidad de la satisfacción inicial disminuya con el tiempo.

Pero existe otra razón por la que podemos tener una vida aparentemente perfecta y no sentirnos felices: la desconexión emocional. "Podemos tener éxito, pareja, familia, dinero o reconocimiento y, sin embargo, vivir desde la exigencia, la comparación o la sensación constante de que todavía falta algo", señala Navarrete que afirma: "Tener mucho no garantiza sentir mucho".

Para la especialista, el bienestar también necesita vínculos, descanso, autonomía, sentido y, sobre todo, la sensación de que nuestra vida se parece a quienes realmente somos.

Mujer tranquila y feliz paseando por el Parque Ciudadela de Barcelona© Getty Images

La diferencia entre desear algo y necesitarlo para ser feliz

¿Significa todo lo anterior que debamos renunciar a nuestras metas? Como decíamos, en absoluto. Tener ilusiones, proyectos y aspiraciones puede enriquecer nuestra vida. El verdadero problema es que convirtamos cada objetivo en una condición imprescindible para sentirnos bien. "Hay una diferencia enorme entre desear desde la ilusión y necesitar desde la carencia".

Cuando pensamos que nos encantaría conseguir algo, podemos disfrutar del proceso, incluso aunque finalmente no alcancemos ese objetivo. Sin embargo, cuando nos repetimos que solo estaremos bien cuando lo logremos, dejamos nuestro bienestar en manos de un futuro incierto.

La psicóloga propone aprender a mantener un equilibrio y "agradecer lo que tenemos sin dejar de desear lo que queremos". Se trata, en definitiva, de no permitir que la búsqueda constante de algo mejor nos impida reconocer lo bueno que ya existe en nuestra vida. Y, ¿cómo logramos ese equilibrio del que nos habla Navarrete?

Mujer feliz bailando en una calle con una taza de café© Getty Images

Aprender a valorar lo que tenemos no significa conformarnos

Para ello, la experta en psicología nos plantea preguntarnos si estamos eligiendo lo que hacemos porque realmente es lo que queremos o si tenemos miedo de cambiar. 

No es lo mismo comprender que ninguna relación es perfecta que permanecer en una que nos hace daño. Tampoco es igual aceptar las dificultades normales del trabajo que soportar una situación laboral que deteriora nuestra salud mental.

Según la psicóloga, la aceptación saludable suele generar cierta paz, mientras que la resignación puede producir bloqueo, malestar y desconexión de uno mismo.

Por tanto, querer lo que hacemos no debería convertirse en una obligación de sentirnos agradecidos por circunstancias que necesitamos cambiar.

mujer alegre, bailando en la cocina mientras se prepara el desayuno© Adobe Stock

Cómo aprender a ser más felices con nuestra vida cotidiana

La buena noticia es que podemos entrenar nuestra capacidad para encontrar satisfacción en lo cotidiano. Y no necesariamente necesitamos hacer grandes cambios.

Sara Navarrete invita a observar cómo transcurre un día cualquiera: "Desayunamos pensando en el trabajo, trabajamos pensando en terminar, llegamos a casa pensando en mañana y pasamos la semana esperando el fin de semana".

Así, casi sin darnos cuenta, convertimos el presente en una sucesión de trámites que debemos completar para llegar a otro momento supuestamente mejor.

Una chica recién despertada en la cama© serencollection

Para romper esta dinámica, la psicóloga recomienda recuperar la capacidad de estar presentes, reconocer aquello que sí funciona, cuidar nuestros vínculos y dar valor a las pequeñas experiencias que solemos pasar por alto.

Podemos empezar por algo tan sencillo como disfrutar de una conversación sin mirar el móvil, prestar atención a un paseo o dedicar unos minutos al final del día a reconocer algo que nos haya hecho sentir bien. Y, sobre todo, recordar que una vida satisfactoria no es una vida sin tristeza, frustración ni dificultades.

Como concluye Sara Navarrete, el objetivo no debería ser perseguir una felicidad permanente, sino "construir una vida que, incluso con sus dificultades, sintamos que merece la pena ser vivida".