Ser feliz puede ser un concepto abstracto para muchos, pero también algo alcanzable para otros, según cómo cada uno quiera entenderlo. Para el segundo grupo, la felicidad no siempre pasa por alcanzar grandes cambios, sino más bien en incorporar pequeños hábitos en el día a día que nos hagan sentir mejor y que, en suma, mejoren nuestro bienestar. Ya sea una conversación que nos hace bien, un paseo al aire libre o la sensación de haber cuidado de nuestro cuerpo.
El doctor, conferenciante y autor español de libros como Vivir en un asunto urgente (Aguilar, 2008), El camino del despertar (Espasa, 2023), Mario Alonso Puig (@marioalonsopuig) ha compartido en una entrevista cuatro hábitos que, desde su perspectiva, pueden contribuir a una vida más plena. Según el médico, uno de los más reconocidos a nivel mundial, y también uno de los escritores más influyentes sobre medicina y crecimiento personal, basta con seguir algunas claves para sentirse mejor cada día. Según él, tan solo necesitamos las siguientes pautas: cuidar bien las relaciones personales, estar en movimiento, conectar con nuestro entorno y practicar la gratitud.
Cuidar los vínculos afectivos
Las relaciones que construimos tienen un papel fundamental en nuestra manera de afrontar el día a día. No se trata únicamente de tener una vida social activa, sino de contar con personas con las que exista confianza, cercanía y sensación de pertenencia. Para Mario Alonso Puig, este es el primer punto de partida: "Asegúrate de tener vínculos afectivos", explica el doctor, conferenciante y autor.
La necesidad de conectar con los demás no es algo que aparezca únicamente en la edad adulta. Forma parte de nuestra propia naturaleza y tiene una función relacionada con la seguridad. "Pertenecemos a una especie en la que un recién nacido no podría mantenerse con vida sin la presencia continuada de otra persona que lo alimente, lo proteja y regule sus estados físicos y emocionales", señala la doctora Lucía Torres Jiménez, psiquiatra y directora médica de Tranquilamente (@tranquilamente.madrid), apoyando la teoría del experto.
La especialista añade que esa función protectora de los vínculos continúa teniendo importancia a lo largo de la vida. "El otro no nos protege únicamente porque nos dé consejos o nos acompañe al médico. Nos protege porque, cuando sentimos que pertenecemos, el mundo resulta menos amenazante". La conexión social, por tanto, no consiste únicamente en compartir tiempo: también puede modificar la forma en la que experimentamos nuestro entorno.
La evidencia científica apunta, además, a una relación entre aislamiento social, soledad y salud. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Nature Human Behaviour analizó 90 estudios de cohortes prospectivos, con más de 2,2 millones de participantes, y encontró una asociación entre el aislamiento social y un mayor riesgo de mortalidad por cualquier causa. En concreto, el efecto combinado fue de un 32% más de riesgo para el aislamiento social y de un 14% para la soledad percibida.
Vivir desde la gratitud
La gratitud puede parecer una idea sencilla, pero implica cambiar el foco de atención. En lugar de medir constantemente el presente en función de lo que todavía queda pendiente, invita a reconocer aquello que ya forma parte de nuestra vida. Mario Alonso Puig lo resume así: "Vive desde la gratitud. Es muy fácil vivir desde la queja. ¿Qué quiere decir? Que te fijes más en lo que has alcanzado que en lo que no has logrado. Que te fijes más en lo que tienes que en lo que te falta. Que te fijes más en aquellas cosas que funcionan en tu vida que en las que no funcionan en tu vida, para que cuando te acuestes, en lugar de acostarte desde la queja, te acuestes desde la gratitud".
La propuesta del médico no pasa por negar aquello que preocupa ni por obligarse a encontrar el lado positivo de cualquier circunstancia. Más bien consiste en ampliar la mirada para que los problemas no ocupen todo el espacio mental. Prestar atención de manera deliberada a lo que sí funciona puede ayudar a terminar el día desde un lugar diferente al de la preocupación constante. También supone distinguir entre dos cosas que pueden convivir: reconocer que existe algo que queremos cambiar y, al mismo tiempo, valorar lo que ya tenemos. La gratitud no elimina las dificultades, pero puede evitar que se conviertan en el único punto desde el que interpretamos nuestra vida.
Hacer ejercicio físico
Mover el cuerpo es otra de las recomendaciones que el doctor relaciona directamente con el bienestar. "Hacer ejercicio físico. Mira que lo repetimos, mira que nos cuesta, me cuesta incluso a mí. El sedentarismo está asociado con un montón de problemas, incluido cuadros de ansiedad y de depresión", afirma Mario Alonso Puig.
Bajo este prisma, el especialista deja claro que, más allá de los beneficios físicos conocidos, la actividad corporal también puede convertirse en una forma de salir de determinados patrones mentales. Cuando la atención se dirige hacia la respiración, la coordinación, el esfuerzo o el movimiento, queda menos espacio para permanecer atrapados durante un tiempo prolongado en los mismos pensamientos.
La doctora Lucía Torres Jiménez pone el foco precisamente en esa conexión entre cuerpo y mente, especialmente en el ejercicio de fuerza: "A exigir atención al cuerpo y al momento presente, el ejercicio de fuerza interrumpe dinámicas de rumiación que suelen mantener el malestar psicológico", comenta. Y añade: "A través del esfuerzo físico sostenido, la persona empieza a comprobar —más que a entender— que puede. Y esa experiencia, repetida en el tiempo, tiene un efecto organizador sobre cómo uno se percibe y se posiciona ante la vida".
La idea resulta especialmente interesante porque desplaza el ejercicio de la lógica estética. No se trata únicamente de modificar el cuerpo o alcanzar una determinada forma física, sino de experimentar de manera tangible la capacidad para sostener un esfuerzo, superar una dificultad y observar los propios progresos. Incluso una actividad moderada y adaptada a las circunstancias de cada persona puede convertirse en una oportunidad para prestar atención al cuerpo y romper con el sedentarismo.
Dar espacio a los paseos por la naturaleza
La cuarta recomendación de Mario Alonso Puig devuelve la atención al entorno. "Los paseos por la naturaleza", señala el doctor. Salir a caminar entre árboles, cerca del mar o por un espacio verde introduce una variación importante respecto a los escenarios cotidianos, especialmente cuando buena parte del día transcurre entre pantallas, desplazamientos y tareas pendientes. Caminar, además, combina dos elementos que ya aparecen en las recomendaciones anteriores: movimiento y atención.
El paseo no necesita convertirse en una actividad deportiva ni tener un objetivo concreto. Puede ser simplemente una forma de cambiar de escenario y permitir que la atención se aleje durante un rato de las obligaciones. El ritmo de la caminata, los estímulos del entorno y el hecho de permanecer unos minutos sin la exigencia de producir o resolver nada pueden favorecer una pausa mental.
Las cuatro propuestas de Mario Alonso Puig tienen algo en común: no hablan de perseguir una felicidad permanente, sino de construir unas condiciones básicas que puedan favorecer el bienestar. Mantener relaciones significativas, cambiar el foco hacia aquello que valoramos, mover el cuerpo y reservar un espacio para caminar en contacto con la naturaleza son acciones sencillas que pueden integrarse en la rutina sin convertir la felicidad en otra obligación más.










