El 28 de febrero, en Barcelona, poco antes de llegar a los premios Goya 2026, uno de los stilettos de Karla Sofía Gascón quedó atascado en una alcantarilla. El traspié no la detuvo: avanzó descalza sin perder la compostura, la elegancia ni la sonrisa. Y así, espléndida con un diseño de Saint Laurent, regresó triunfal a la alfombra roja tras un 2025 de contrastes: por un lado, hizo historia al convertirse en la primera mujer trans en ser nominada al Oscar por su papel en la película Emilia Pérez; pero, por otro lado, estuvo en el centro de la polémica por unos tuits publicados entre 2018 y 2019.
“Trato de encontrarles el lado positivo a los obstáculos. Siempre hay algo para aprender y crecer, incluso en los peores momentos. Lo que para otras personas puede ser un desastre, yo lo transformo para salir adelante”, dice Karla a ¡HOLA! Argentina en una reflexión que puede aplicarse a toda su vida: tanto para el incidente de los “stilettos” en los Goya como para su alejamiento forzado de la campaña de premios (a raíz de esos tuits, no estuvo en los Oscar 2025) y el anuncio de su transición de género en 2018. Hasta ese momento, Karla había hecho carrera en la televisión y en el cine como Carlos Gascón, el nombre con el cual nació y con el que conquistó a Marisa Gutiérrez, la mujer con la que está casada y con quien tiene a Victoria, de 15 años, la única hija de la pareja.
Tu 2026 viene nutrido, con tu presencia en festivales y en las presentaciones de Scuola di seduzione y Trinidad, tus dos últimas películas. Pero vienes de enfrentar no solo críticas, sino amenazas. ¿Quién ha sido tu pilar?
Si todo lo que me pasa ahora me hubiera pasado a mis 20 años la situación sería otra. Tanto el éxito como el fracaso pueden hundirte. A mi edad, soy más consciente de lo que me ocurre y nada se me sube a la cabeza. Pero cuando la cosa se pone complicada, quienes me sostienen son mis afectos. Mi mujer Marisa es una de las personas más importantes de mi vida. Llevamos 34 años juntas. Nos conocimos cuando ella tenía 18 años y yo, 19. Tengo que agradecerle muchísimas cosas, entre ellas que me ponga los pies en la tierra muchas veces.
“Con mi hija Victoria nunca tuve que sentarme a explicarle algo determinado. Es muy madura y muy inteligente, aprendo yo de ella muchas más cosas que ella de mí”, dice la actriz
¿Y cómo lo hace? Debe ser intimidante estar al lado de la primera mujer trans en recibir grandes premios del cine internacional, la primera en recibir la condecoración Ordre des Arts et des Lettres en Francia, la primera referente en la lucha por los derechos LGTBIQ+ que ha trascendido las fronteras de España…
A Marisa le basta con mirarme. O con decirme: “Tienes que ir a comprar lechuga” o “Tienes que encargarte de la comida de los gatos”. (Karla tiene dos gatos: Kenny y Winnie). Y ahí se me quita la tontería. Si bien desde hace tiempo practico una filosofía de vida basada en el budismo, que me ha ayudado a tomar conciencia de mí, soy impulsiva. Y, tal vez por mi proceso personal, soy muy guerrera. En el MasterChef de México, me decían que yo era como una tigresa en un gallinero. Y creo que es un poco así. Siento que he abierto camino, que he aportado algo. Pero, así como me da orgullo haber sido la primera en algunas cosas, a la vez me da lástima: estamos en 2026 y han tenido que pasar muchos siglos para que estos cambios, cuyos resultados se verán en el futuro, empezaran a suceder.
En Karsia, el libro que publicaste en 2018 y en el cual contaste que te reconocías como mujer y que pasarías a llamarte Karla, también relataste el impacto que tuvo Marisa al verte como mujer. Para ese entonces, Victoria, vuestra hija, tenía 7 años. ¿Fue un momento complicado?
A Marisa le pasó lo mismo que le habría pasado a cualquier persona: cuando hay un cambio que es más fuerte del que te imaginas o esperas, es lógico que cause una revolución. Con respecto a Victoria, debo decirte que nunca tuve que sentarme a explicarle algo determinado. Ella es muy madura —aprendo yo de ella muchas más cosas que ella de mí— y muy inteligente. Tomar a los hijos por tontos es peligroso: pueden terminar acostumbrándose a que les digas qué pensar y qué hacer.
Puertas adentro, lo pintas fácil, pero supongo que os habréis topado con las resistencias y los prejuicios de la sociedad… aun en el siglo XXI.
Sí, hay gente que tiene más amplitud de miras que otras. Con Marisa, somos de lo más normalitas; y, a la hora de criar a nuestra hija, queremos que esté bien, que no le falte nada, que estudie y que el día de mañana se valga por sí misma. Ahora estamos con los temas típicos de la adolescencia, como las primeras salidas y la lucha por los horarios…
¿Te ves reflejada en Victoria? Ella tiene casi la misma edad que tenías cuando llamaste a la televisión para que te dieran una oportunidad como actriz.
Mi hija es maravillosa. Tengo con ella una conexión muy fuerte. Es muy expresiva y sociable. Aunque es muy determinada, no veo que tenga la necesidad de vivir otras experiencias, como sí me pasó a mí. Yo crecí en casa de una familia obrera —en Alcobendas, al norte de Madrid— y mi infancia no tuvo grandes cosas: es una etapa con la cual no me identifico… ¡porque no me identifico ni siquiera con la persona que fui hace una semana!
¿Qué enseñanza querrías dejarle?
Si alguien puede recoger algo de mi experiencia, estupendo; pero, la verdad es que yo no creo tener la potestad para decir a nadie lo que tiene que hacer. Muchos me consideran un referente de fuerza, de no dejarse vencer, de salir adelante y de autenticidad. Siempre he intentado ser yo misma sin sucumbir a las imposiciones de los demás. A veces, lo consigo más y, a veces, menos; pero intento siempre que no me manipulen.








