Los reyes Carlos y Camilla de Inglaterra se encuentran estos días de visita oficial en Estados Unidos con el objetivo de reforzar los vínculos diplomáticos y culturales entre ambos países. Tan solo unas semanas después de que sus homónimos neerlandeses se reunieran con Trump en la Casa Blanca, los monarcas británicos han seguido sus pasos y han sido invitados por Donald y Melania Trump a una cena de Estado. Tras varios actos a lo largo del día, han concluido la jornada con un banquete, uno de los momentos más destacados del programa y en el cual generaban gran expectación los estilismos escogidos por la Reina y la Primera Dama para la ocasión.
Alta Costura francesa para Melania Trump
Curiosamente, las dos han coincidido en la elección del color rosa, aunque desde interpretaciones muy distintas. Melania ha optado por un vestido de Alta Costura de Dior en tono pastel, un precioso modelo de escote asimétrico que resulta especialmente favorecedor debido a su drapeado a la cintura, que cae por la cadera enmarcando la falda, que llega hasta el suelo. Lo ha acompañado de unos guantes largos blancos, un accesorio sofisticado y atemporal que nos traslada al glamour clásico de los años 50 y es capaz de transformar un estilismo.
Resulta llamativo que Melania vuelva a apostar por un tono pastel después de su impecable traje amarillo mantequilla y su estilismo blanco. Sabemos que en la diplomacia no hay nada al azar, y la moda es una herramienta muy poderosa para comunicar, así que el hecho de que la mujer de Donald Trump esté haciendo gala de un armario en una gama tan suave y delicada simboliza discreción, cercanía, conciliación y feminidad.
El look de Camilla para su noche en la Casa Blanca
Por su parte, la Reina Camilla ha lucido un vestido fucsia realizado a medida por la británica Fiona Clare, una apuesta más intensa y contemporánea dentro de la misma paleta de color. El fucsia, en contraste con el pastel, representa energía, presencia y seguridad, aportando un punto de modernidad dentro de un entorno estrictamente protocolario, estrategia muy característica de la Reina. La coincidencia en el color ha llamado la atención, generando un diálogo visual entre ambas mujeres: dos formas distintas de entender la elegancia, unidas por una gama cromática, pero con matices muy diferentes.
La esposa de Carlos III ha estrenado un favorecedor diseño en un tono vibrante de los que tanto le gustan, una pieza de hombro ligeramente abullonado, manga larga y corte imperio con falda hasta el suelo. Está decorado con delicados bordados de pedrería a tono que conforman motivos florales y de pequeñas estrellas. Su escote en 'V', además de estilizar, cede protagonismo al imponente collar.
Joyas históricas para una noche señalada
El collar y los pendientes de amatistas que ha lucido la Reina proceden de la rama Kent de la familia real británica, concretamente a la princesa Marina de Grecia y Dinamarca, quien los incorporó a su joyero tras su matrimonio con el duque de Kent en 1934. A su muerte, las piezas pasaron a su hija, Alexandra, tras lo que acabaron en manos de la familia real, y la reina Isabel II los lució en varias ocasiones. El conjunto destaca por sus enormes amatistas de tono púrpura profundo rodeadas de diamantes, un diseño elegante y algo menos convencional dentro de las grandes joyas reales.
Las pulseras Art Déco de diamantes y rubíes pertenecieron a Isabel, madre de la reina Isabel II, y fueron creadas por Cartier en las primeras décadas del siglo XX, en pleno auge de ese estilo. Se caracterizan por su diseño geométrico, la simetría y el contraste intenso entre el brillo de los diamantes y el rojo de los rubíes, elementos típicos de la época. Estas pulseras forman parte del legado personal de la Reina Madre y han sido heredadas dentro de la familia real. Su hija las llevó en varias ocasiones y ahora es la reina Camilla quien las luce en ocasiones señaladas.











