Entre el verde intenso de los pinares y el azul profundo del Mediterráneo, la Costa Brava despliega un paisaje de una belleza rotunda. Sus pequeñas calas escondidas, sus caminos de ronda junto al mar y sus pueblos de tradición marinera han atraído desde siempre a viajeros, artistas y amantes de la buena vida. Cuatro enclaves resumen el carácter más refinado de una costa que sigue ejerciendo una fascinación intacta.
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La mejor forma de llegar a Llafranc es a pie, siguiendo el camino de ronda que desde Calella de Palafrugell serpentea junto al mar entre pinos, rocas y pequeñas calas. A medida que el sendero se acerca a la bahía, el paisaje se abre de repente: las barcas reposan sobre la arena, las casas bajas dibujan un pequeño anfiteatro frente al agua y el Mediterráneo adquiere ese tono profundo que distingue a la Costa Brava. Pocos lugares condensan con tanta claridad el carácter de este litoral.
© pkazmierczak - stock.adobe.comSituada en el municipio de Palafrugell, entre Calella y Tamariu, Llafranc ocupa una pequeña ensenada del Bajo Ampurdán que, durante los años 60, se convirtió en refugio de estrellas internacionales. Por sus terrazas y restaurantes pasaron figuras como Burt Lancaster, Sophia Loren, Kirk Douglas o el escritor británico Tom Sharpe, que encontró aquí su lugar en el mundo y terminó instalándose en la localidad. Hoy quienes veranean o pasan unos días en Llafranc se sienten atraídos por su playa en forma de media luna, los paseos junto al mar y el conjunto de Sant Sebastià, con su faro, su torre vigía, una ermita, un yacimiento ibérico y un mirador que ofrece desde el promontorio una de las panorámicas más amplias de la Costa Brava.
© @isabellas_llafrancEn Llafranc también es un placer comer en Casamar, con una estrella Michelin, o probar los productos del Empordà mirando al mar en Isabella’s (en la imagen), donde además es posible alojarse en su pequeño hotel boutique.
Cuando llega el verano, el pueblo se llena de vida por las noches. Las habaneras acompañan las veladas de agosto y el Mercat Boig anima el paseo marítimo con música, artesanía y un ambiente festivo junto al mar.
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Será por sus casas blancas coloreadas por las buganvillas, sus barcas descansando sobre la arena o por sus calles de alma marinera, pero este antiguo pueblo de pescadores de la Costa Brava es uno de los rincones más deseados del Mediterráneo. Si hablamos del paisaje que lo rodea, el deseo se acrecienta, porque lo enmarcan acantilados, pinos y aguas turquesa. Con razón Serrat encontró aquí la inspiración para componer su canción Mediterráneo.
© ShutterstockCalella está rodeado de pequeñas playas y calas conectadas por un precioso camino costero. La más famosa es la de Port Bo y unidas a ella El Canadell, Port Pelegrí, La Platgeta y Sant Roc Sant Roc, que mantienen ese aire íntimo y recogido, perfectas para el baño tranquilo, la gastronomía frente al mar o escuchar las tradicionales habaneras que evocan la memoria de los antiguos navegantes.
© Festival de Cap RoigMuy cerca se encuentra el Jardín Botánico de Cap Roig, 17 hectáreas plantadas con miles de especies de todos los rincones del mundo y esculturas de artistas nacionales e internacionales. El epicentro de todo se encuentra en el castillo, donde tiene lugar cada verano su famoso festival de música una cita imprescindible en la temporada estival de la Costa Brava.
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Villas modernistas, alojamientos exclusivos, playas de arena dorada y un camino de ronda que discurre junto al mar dibujan el perfil de S’Agaró, uno de los rincones más distinguidos del litoral de Platja d’Aro. Concebido en los años 20 del pasado siglo como una ciudad-jardín abierta al Mediterráneo, con el tiempo se ha consolidado como uno de los enclaves más elegantes y exclusivos de la costa catalana.
El camino de ronda de S’Agaró es uno de los tramos más bellos de toda la Costa Brava. Son apenas dos kilómetros que unen las playas de Sant Pol y Sa Conca, en un recorrido donde el mar es protagonista, pero también las villas de veraneo de la burguesía catalana y un templete-mirador que se asoma al paisaje.
© ShutterstockS’Agaró comparte con San Feliú de Guixols la amplia playa que le da nombre, de arena fina, aguas poco profundas y casetas de baño que ofrecen la estampa más reconocible del litoral ampurdanés. En este entorno se encuentra la Taverna del Mar, ubicada en los antiguos Baños de S’Agaro, y el Hotel La Gavina, por cuyas habitaciones, estancias y jardines han pasado celebridades como Elisabeth Taylor o Lady Gaga.
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Son muchos los atractivos de Begur, desde su patrimonio histórico hasta sus preciosos caminos de ronda o algunas de las mejores calas de Europa. Por ello, lo ideal es dedicarle unas vacaciones para saborearlo sin prisas. Su pequeño casco antiguo se despliega en calles sinuosas y casas encaramadas en la ladera, mientras en lo alto se alzan los restos de su castillo medieval, que regala las mejores vistas de un paisaje sublime al que el escritor Josep Pla dedicó miles de páginas y que combina “tierra y mar, bravura y delicadeza, geología y sensibilidad”.
De camino a la fortaleza, por la empinada calle del Castillo, van apareciendo los hitos del pueblo: la iglesia de Sant Pere y Santa Reparada en la plaza de la Vila, siempre animada con terrazas al sol; el mirador de Sant Ramón, desde el que se contemplan las islas Medes en el horizonte; las torres de defensa integradas en las casas; y las elegantes casas de indianos levantadas por quienes regresaron de América con grandes fortunas. Todo ello se contempla de un vistazo desde el mirador de Carmen Amaya, la bailaora que se enamoró de Begur y decidió quedarse a vivir aquí, como antes lo hizo Elizabeth Taylor, que rodó en sus alrededores De repente, el último verano junto a Montgomery Clift y Katharine Hepburn.
© ShutterstockMás allá, el paisaje se abre en sus calas de postal —Sa Riera, Aiguafreda, Sa Tuna, Fornells y la más famosa, Aiguablava, donde se alza el Parador—, con aguas tranquilas, arena dorada y todas las tonalidades del azul, junto a la pequeña Illa Roja, una cala de apenas 180 metros de arena rojiza con una gran roca en su centro, accesible solo a pie.
No hay mejor manera de disfrutar del entorno de Begur que seguir el camino de ronda sur, uniendo Aiguablava con Platja Fonda pasando por Fornells en un recorrido de unas dos horas y media ida y vuelta que se disfruta de principio a fin, aunque también hay quien lo elige para llegar hasta Aiguafreda y practicar esnórquel en sus aguas transparentes.




