El verano invita a trasladar la vida de dentro de casa al exterior y, con ella, las comidas y cenas estivales. Montar una mesa de verano con ese aire de la Dolce Vita —esas sobremesas eternas bajo un toldo, con la luz bajando poco a poco— no depende de gastar mucho, sino de tomar ciertas decisiones pequeñas: dónde la colocas, qué mantel eliges, si te atreves a mezclar vajilla o dejas la cristalería de siempre guardada en el armario...
Estos nueve trucos marcan la diferencia entre una mesa correcta y esa que todos recuerdan y de la que nadie tiene prisa por levantarse. Con ellos, la conversación, la sobremesa y la segunda botella de vino vienen solas. Y no, no hace falta un jardín de revista para conseguirla, aunque el de esta propuesta de Tine K Home ayuda a crear el marco perfecto.
© PalazzettiEl mejor sitio del jardín o la terraza para montar la mesa
Antes de pensar en manteles o flores, hay una decisión que lo condiciona todo: dónde vas a poner la mesa. Busca un rincón con sombra a la hora de comer —el sol de las tres de la tarde no perdona ni al mejor centro floral— y, a ser posible, algo resguardado del viento, para que las servilletas no acaben en la piscina del vecino.
Si tu terraza o jardín no tiene un árbol o un porche que hagan ese trabajo por ti, una sombrilla grande resuelve el problema en cuestión de minutos. No hace falta que sea la protagonista de la escena: elige un color neutro o a juego con el mantel, y déjala hacer su trabajo en segundo plano.
Piensa también en la distancia a la cocina: una mesa preciosa a la que hay que caminar 50 m con cada plato pierde la mitad de su encanto al tercer paseo. Este ambiente es perfecto, ya que no solo está resguardada en el porche, sino que está al lado de la cocina de exterior (de Palazzetti).
© Lo de ManuelaEl mantel también es 'obligatorio' (o casi)
Se puede comer sin mantel, claro, pero una mesa de verano cambia por completo en cuanto aparece uno, solo tienes que fijarte en esta propuesta de Lo de Manuela. No hace falta que sea de lino recién planchado: los tejidos naturales, algo arrugados, funcionan todavía mejor al aire libre, porque transmiten esa sensación de despreocupación que pide la temporada.
Los estampados con hojas, rayas o motivos marineros —anclas, timones, estrellas de mar— siguen siendo un acierto seguro este verano, y combinan bien tanto con vajilla blanca como con cristal transparente. Si el viento es un problema en tu terraza, unos pesos de mantel discretos evitan sustos.
Si quieres ir un paso más allá, combina el mantel con un camino de mesa de otro estampado o color: rompe la monotonía sin necesidad de cambiar toda la mantelería cada vez que montas la mesa.
© Lefties HomeMezclar vajilla también funciona al aire libre
La gran pregunta de cada verano: ¿uso la misma vajilla dentro de casa que fuera? La respuesta corta es que no hace falta. Al aire libre, al igual que en el interior, mezclar platos de distintas colecciones —o incluso de distintos colores dentro de la misma gama— es tendencia esta temporada, y aporta personalidad sin parecer descuidada.
La clave está en mantener algo en común: el mismo tono de base, la misma vajilla para todos los platos llanos, o directamente confiar en el mantel para poner orden visual. Aunque cada plato sea distinto, la mesa no pierde coherencia, como demuestra esta propuesta de Lefties Home.
© Villeroy & BochUna cristalería colorida que alegre la mesa
Después del mantel y los platos, toca la cristalería, y aquí el verano permite —y premia— el color. Vasos en tonos ámbar, verde o azul dan un aire desenfadado que no tendría sentido en una cena formal de invierno, pero que en una sobremesa estival queda perfecto. Como pasa en esta propuesta de Villeroy & Boch con copas de colores. Combinar dos tonos —por ejemplo, ámbar para el agua y verde para el vino— ayuda además a que nadie confunda su copa con la del vecino de mesa.
Si te preocupa la fragilidad, el policarbonato y otros materiales similares —resistentes, ligeros, casi irrompibles— han mejorado tanto en diseño que hoy cuesta distinguirlos del cristal a simple vista. Son, además, la opción más práctica si en la mesa va a haber niños, piscina cerca o unas cuantas copas de más.
© Le CreusetMejor llena que formal y vacía
Una mesa de verano no tiene que parecer un bodegón minimalista. El verano invita al picoteo, a servir varias cosas pequeñas en lugar de un único plato protagonista, así que no pasa nada por llenar la mesa de bandejas, tablas de quesos o embutidos, cuencos y servilleteros, como en este ambiente con accesorios de Le Creuset.
No podemos evitarlo: a la hora de montar la mesa con estilo, preferimos una con vida, con cosas que coger y compartir, a una perfectamente ordenada pero intocable. Deja espacio para que la gente se sirva sin tener que levantarse cada dos minutos, y todo lo demás fluye solo. Las tablas de madera, en concreto, cumplen doble función: sirven de bandeja y, cuando se vacían, quedan como un elemento decorativo más.
© El Corte InglésLos pequeños detalles marcan la diferencia
Lo que realmente distingue una mesa bien montada de una simplemente puesta está en los detalles pequeños: velas con aroma a verano —mejor si son de citronela, para mantener a raya a los mosquitos—, posavasos que destaquen y una mesita auxiliar cerca para dejar la botella de vino o el postre sin invadir el centro de la mesa.
Ninguno de estos elementos exige un gran presupuesto y puede hacer más que un centro de mesa carísimo mal situado. Un pequeño cesto con pan o una jarra de agua con rodajas de limón o hierbabuena elevan la mesa sin que se note el esfuerzo. Y una servilleta de tela, por supuesto, colocada como en esta propuesta de El Corte Inglés, es de esos detalles que marcan la diferencia.
© Bordallo PinheiroArreglos y centros florales: qué flores y cuántas
Un arreglo floral puede ser tan sencillo o tan elaborado como quieras: la regla que de verdad importa es la altura. Nada de arreglos tan altos que obliguen a los comensales a esquivarlos para verse la cara. Así, en esta propuesta de Bordallo Pinheiro, el centro recorre la superficie y los jarrones se han colocado en cada extremo de la mesa.
En verano, mejor apostar por flores resistentes al calor y con algo de textura silvestre —lavanda, gypsophila, ramas de olivo— antes que por composiciones muy trabajadas que se marchitan en un par de horas de sol. Y si no tienes tiempo ni ganas, tres jarras pequeñas repartidas por la mesa cumplen la misma función que un centro único. Repartir las flores en recipientes distintos entre sí —una jarra, un vaso o una lata reciclada— también resuelve qué hacer con esos envases sueltos que nunca sabes para qué usar.
© Lights4funBien iluminada para las noches veraniegas
Cuando cae el sol, la iluminación en el exterior pasa a ser la protagonista silenciosa de la mesa. Unas guirnaldas de luz cálida por encima (como en esta propuesta de Lights4fun), unos faroles con vela —real o LED— repartidos entre los platos y, si puedes, algo de luz indirecta en el resto del jardín para no dejar la mesa como un único foco en mitad de la oscuridad.
Aquí sí hay una concesión que aceptar: la luz demasiado blanca o potente, por muy práctica que sea, arruina cualquier mesa bien puesta. Merece la pena invertir en un par de guirnaldas de tono cálido. Las velas flotantes son otro recurso sencillo y efectivo.
© VitraLas sillas también importan
Solemos centrar toda la atención en la mesa y olvidarnos de las sillas, pero son las que van a soportar horas de sobremesa. No hace falta que combinen entre sí —de hecho, sillas distintas dan un aire más relajado y menos 'de catálogo'—, pero si vas a estar horas sentada, que sean cómodas, con o sin cojín. Alrededor de esta mesa se reúnen modelos icónicos, como la silla Panton o la Wire DKR (ambas de Vitra). Una propuesta tan estilosa como confortable
El mimbre, el ratán y las estructuras ligeras de metal son los materiales que mejor funcionan al aire libre: resisten bien la intemperie y, de paso, refuerzan ese aire natural que ya has buscado en el mantel y en las flores. Si tienes sillas de distintos juegos, un cojín o una funda a juego para todas ayuda a unificar el conjunto sin renunciar a la mezcla.



