María Jesús Andrés, psicóloga: "Es importante recordar a los jóvenes que aquello que aparece repetidamente en su pantalla no necesariamente representa la realidad"


Hablamos con la experta sobre el problema del autodiagnóstico que pueden hacer los adolescentes basándose en los vídeos de redes sociales en los que se habla sobre TDAH o alta sensibilidad


adolescente preocupada mirando al móvil, sentada en el suelo de su habitación© Adobe Stock
28 de septiembre de 2026 a las 7:32 CEST

No es difícil encontrar en redes sociales como TikTok e Instagram vídeos de apenas 30 segundos sobre TDAH, autismo o Alta Sensibilidad (PAS) que acumulan millones de visitas entre los más jóvenes. En una etapa de la vida en la que todos buscamos entender quiénes somos y por qué nos sentimos diferentes, estos contenidos ofrecen respuestas rápidas y sencillas a emociones cotidianas. El problema es que es muy fácil verse reflejado en un listado de "3 señales de que tienes X" y terminar convirtiendo un simple vídeo de internet en una etiqueta de salud mental que pasa a definir quiénes son, mucho antes de haber pisado la consulta de un psicólogo.

Para cualquier familia, escuchar a un hijo decir "tengo esto porque lo he visto en redes" es un momento delicado. La reacción automática puede ser restarle importancia o soltar el típico "son tonterías del móvil", pero eso solo consigue que se cierren en banda. La psicóloga María Jesús Andrés Pérez, Directora Fundadora de Psicomaster, anticipa que la clave no está en darle la razón a ciegas ni en desmentirlo de golpe, sino en validar lo que siente, escuchar sus dudas con curiosidad y acompañarle a buscar una respuesta profesional con calma y sin juzgar.

María Jesús Andrés Pérez, Directora Fundadora de Psicomaster© Limbo Agency
María Jesús Andrés Pérez, Directora Fundadora de Psicomaster

Vídeos de 30 segundos en TikTok sobre TDAH, autismo o PAS acumulan millones de visitas. ¿Por qué este contenido cala con tanta fuerza en la mente adolescente?

La adolescencia es una etapa especialmente marcada por la búsqueda de identidad y por la necesidad de entender qué nos ocurre y por qué nos sentimos diferentes a los demás. Estos vídeos ofrecen explicaciones muy rápidas, sencillas y aparentemente claras para emociones o comportamientos que muchas veces resultan confusos para el adolescente.

Además, suelen utilizar mensajes con los que es muy fácil identificarse: tener dificultades para concentrarse, sentirse fuera de lugar, procrastinar, ser sensible al ruido o experimentar cambios emocionales. El problema es que muchos de estos rasgos pueden aparecer también en adolescentes sin ningún trastorno. Cuando se presentan sin contexto clínico, es fácil interpretar experiencias normales como síntomas de una patología.

En redes es común ver listas del tipo "3 señales de que tienes X". ¿Cómo se pasa de un comportamiento juvenil común a etiquetarlo como un trastorno de salud mental?

Precisamente porque se pierde el contexto. Un síntoma aislado prácticamente nunca permite establecer un diagnóstico. Todos podemos distraernos, sentir ansiedad, necesitar estar solos o tener determinadas manías en algunos momentos. Para hablar de un trastorno hay que valorar muchos factores: desde cuándo ocurre, con qué intensidad, en qué situaciones aparece, cuánto interfiere en la vida de la persona y si existen otras posibles explicaciones.

Una lista de tres o cinco características no puede sustituir una evaluación psicológica. El riesgo aparece cuando el adolescente empieza a leer su comportamiento exclusivamente a través de esa etiqueta: “Si me cuesta estudiar es porque tengo TDAH” o “si me incomodan determinadas situaciones sociales es porque soy autista”. La realidad psicológica suele ser mucho más compleja.

Para hablar de un trastorno hay que valorar muchos factores: desde cuándo ocurre, con qué intensidad, en qué situaciones aparece, cuánto interfiere en la vida de la persona y si existen otras posibles explicaciones

María Jesús Andrés Pérez, Directora Fundadora de Psicomaster

¿Hasta qué punto el algoritmo de las plataformas retroalimenta la idea del menor al mostrarle una y otra vez contenidos sobre la misma condición?

Puede reforzarla mucho. Si un adolescente muestra interés por varios vídeos relacionados con una determinada condición, es probable que la plataforma empiece a mostrarle más contenido parecido. Desde su perspectiva puede producirse una falsa sensación de confirmación: “Si continuamente me aparecen vídeos sobre esto y me identifico con ellos, debe ser porque realmente lo tengo”.

Se crea una especie de cámara de eco en la que encuentra cada vez más testimonios y síntomas que parecen confirmar su hipótesis, mientras desaparecen otros puntos de vista. Por eso es importante recordar a los jóvenes que aquello que aparece repetidamente en su pantalla no necesariamente representa la realidad ni constituye una evaluación profesional.

niño adolescente mirando al móvil y tocándose el cuello© Getty Images

Muchos adolescentes no solo se autodiagnostican, sino que convierten la condición en su principal rasgo de identidad. ¿Qué necesidad psicológica satisface esta etiqueta antes de pasar por la consulta de un profesional?

Una etiqueta puede proporcionar algo muy importante durante la adolescencia: una explicación y un sentimiento de pertenencia. De repente, experiencias que el joven no comprendía parecen tener un nombre y descubre además una comunidad de personas que dicen sentirse de manera similar. También puede aliviar la sensación de ser “raro” o diferente.

El adolescente deja de pensar “¿qué me pasa?” y pasa a pensar “esto me ocurre porque tengo X”. Esa explicación puede resultar tranquilizadora. El problema surge cuando el diagnóstico, real o supuesto, deja de ser una característica más y se convierte en el centro de su identidad. Una persona siempre es mucho más que cualquier diagnóstico psicológico.

Cuando un joven asume que tiene un trastorno sin evaluación previa, ¿puede empezar a moldear o amplificar involuntariamente sus síntomas para encajar con la etiqueta?

Sí, puede ocurrir, aunque no significa que el adolescente esté fingiendo. Cuando creemos firmemente que algo nos sucede, tendemos a prestar mucha más atención a cualquier comportamiento que confirme esa idea. El joven puede empezar a observarse constantemente, interpretar determinadas conductas bajo esa etiqueta o incluso modificar de manera inconsciente su comportamiento porque ha aprendido que “las personas con este trastorno hacen esto”. Por eso es importante abordarlo sin acusaciones. Decirle “te lo estás inventando” probablemente solo conseguirá que se cierre más. Es mucho más útil preguntarle qué está sintiendo, qué dificultades está experimentando y desde cuándo.

Desde su perspectiva puede producirse una falsa sensación de confirmación: “Si continuamente me aparecen vídeos sobre esto y me identifico con ellos, debe ser porque realmente lo tengo”

María Jesús Andrés Pérez, Directora Fundadora de Psicomaster

El hijo llega a casa y dice "tengo TDAH, lo he visto en TikTok". ¿Cuál debe ser la primera reacción de los padres para no invalidar sus sentimientos ni validar un diagnóstico infundado?

La primera reacción debería ser escuchar y preguntar. Algo como: “¿Qué has visto que te ha hecho pensar eso?” o “¿Qué cosas te están pasando para que te sientas identificado?”. No es recomendable responder inmediatamente “eso es mentira” ni tampoco afirmar “entonces tienes TDAH”. Podemos validar lo que siente sin validar el autodiagnóstico.

La idea sería transmitirle: “Entiendo que haya cosas que te preocupen o con las que te identifiques y vamos a intentar entenderlas”. Después, si esas dificultades son persistentes o interfieren en su vida cotidiana, será conveniente consultar con un profesional.

¿Qué es lo peor que puede hacer un padre cuando se encuentra ante esa conversación?

Ridiculizarlo o quitarle importancia. Comentarios como “son tonterías de TikTok”, “ahora todo el mundo tiene TDAH” o “lo que tienes que hacer es dejar el móvil” pueden provocar que el adolescente deje de compartir lo que le preocupa. El extremo contrario tampoco ayuda: asumir inmediatamente que existe un trastorno y reorganizar toda la dinámica familiar alrededor de ese supuesto diagnóstico. Lo más adecuado es mantener una actitud de curiosidad y escucha: tomarse en serio el malestar del adolescente sin sacar conclusiones clínicas precipitadas.

Comentarios como “son tonterías de TikTok”, “ahora todo el mundo tiene TDAH” o “lo que tienes que hacer es dejar el móvil” pueden provocar que el adolescente deje de compartir lo que le preocupa

María Jesús Andrés Pérez, Directora Fundadora de Psicomaster

¿Cómo debe abordar la familia el paso de la "etiqueta de TikTok" a la consulta de un psicólogo sin que el menor lo sienta como un castigo?

La consulta debería plantearse como una oportunidad para comprenderse mejor, no como una forma de demostrarle que está equivocado. Podemos decirle: “Ya que esto te preocupa y te identificas con determinadas cosas, podemos hablar con alguien que conozca bien el tema y nos ayude a entender qué está ocurriendo”.

También es importante hacerle partícipe del proceso y evitar mensajes como “vamos a llevarte al psicólogo porque tienes un problema”. Acudir a un profesional no debería vivirse como un castigo ni como una prueba para confirmar o desmontar una etiqueta, sino como un espacio seguro para entender lo que está sintiendo.

Si tras la evaluación profesional se descarta el trastorno, ¿cómo se gestiona con el adolescente la "pérdida" de esa etiqueta con la que ya se había identificado?

Hay que entender que para ese adolescente la etiqueta quizá cumplía una función importante. Puede haberle ayudado a explicar determinadas dificultades, a sentirse comprendido o incluso a encontrar una comunidad con la que identificarse. Por eso decir simplemente “ves, te equivocaste” sería un error. Lo importante es explicarle que descartar un diagnóstico no significa negar lo que siente. Sus dificultades pueden ser reales aunque no respondan al trastorno que él pensaba. El objetivo sería sustituir la pregunta “¿qué diagnóstico tengo?” por otra mucho más útil: “¿Qué me está pasando y qué puedo hacer para sentirme mejor?”. El diagnóstico, cuando existe, sirve para orientar la intervención, pero nunca debería convertirse en la identidad de una persona.