Dr. Santiago Gallego, pediatra: "Tu hijo adolescente necesita que seas su ancla y su faro; hay que estar cerca de ellos sin invadir y sostenerlos sin controlar"


Al difícil equilibrio de pasar por la adolescencia, tanto para el que vive esta etapa como para los que le rodean, puede ayudar tener una conciencia clara de los procesos que son normales a esta edad. Un nuevo libro los explica y orienta a los padres.


Santiago Gallego, pediatra© Santiago Gallego
31 de octubre de 2026 a las 14:03 CET

Sobre la adolescencia hay grandes temores (quizá fundados), pues es una etapa de intensa transformación vital que afecta a toda la familia. Pero si pensamos en otros procesos naturales, igualmente radicales pero necesarios, como la mariposa que sale de la crisálida, es más fácil comprender por qué suceden ciertas cosas y por qué tiene que ser así.

De todo ello habla el Dr. Santiago Gallego Vela en su libro ¿Y si mis padres me escucharan...? (publicado en Amazon). Especialista En Pediatría en el Hospital Ernest Lluch de Calatayud (Zaragoza), con más de 20 años de experiencia como neuropediatra y experto en psiquiatría infanto-juvenil, el autor ayuda en esta obra a entender cómo funciona el cerebro adolescente y de dónde vienen las conductas típicas de esta etapa. Hemos charlado con él.

Muchas veces nosotros no nos acordamos de cómo éramos en la adolescencia, y cuando vuelves a ella te das cuenta de que hacías exactamente lo mismo

Santiago Gallego, pediatra

Comienzas el libro comentando que la mayoría de la gente sabe cómo educar a los hijos de los demás y dar consejos, aunque no se los apliquen en su propia casa. En torno a la educación, ¿hay demasiado ruido del entorno?

Hay mucho ruido y también mucha desinformación. Sobre todo en temas de emocionalidad, de cómo gestionar las emociones y luego entender, sobre todo de cara a los adolescentes, cómo van madurando y cómo se va desarrollando esta parte.

A los padres nos cuesta mucho entender que ellos requieren sus tiempos de maduración. En el libro hablo de que tanto el cerebro reptiliano como el cerebro emocional sí que están maduros, mientras que al cerebro racional, el que ya utilizamos como adultos fundamentalmente, el que nos dice lo que debemos hacer, lo que es bueno para nosotros, le cuesta mucho madurar.

Chica adolescente hablando con su madre© Getty Images

Las oportunidades de conversación con un adolescente son escasas, por eso haces mucho hincapié en estar muy presentes cuando se produzcan, dejando a un lado respuestas automáticas o que no demuestren un interés genuino. Esto parece difícil en un mundo que compite por robarnos la atención de mil maneras…

Por un lado, en la adolescencia se produce esa separación, ese corte de cordón umbilical emocional de los padres buscando autonomía; ellos quieren buscar su espacio, conocerse a sí mismos... aunque están muy perdidos en esa fase. Esa separación no es voluntaria. Como mamíferos estamos predestinados a separarnos un poco de nuestros padres. Lo ideal sería mantenernos como padres lo más cerca posible, manejar una distancia prudencial para que ellos, en el momento en el que necesiten de nuestra ayuda y quieran volver, que son contadas ocasiones, estar disponibles. Ellos van cogiendo cada vez un poquito más de distancia, pero luego tienen que tenernos ahí como ese faro, como ese ancla para poder volver.

También el hándicap que se nos da es que somos padres súper ocupados, trabajamos mañana, tarde, tenemos las redes sociales, el móvil, un montón de distracciones... Hoy está mal visto estar sin hacer nada o simplemente hablando con tu hijo, tenemos sensación constante de pérdida de tiempo. Y es todo lo contrario, porque esos momentos en los que podemos hablar con nuestros hijos, que ellos incluso nos piden hablar o nosotros nos ofrecemos sin invadirles y podemos hablar con ellos, son excelentes para entablar una buena conexión con ellos.

Es justo lo que dices en el libro "estar sin invadir y sostener sin controlar", un equilibrio que realmente parece muy difícil de conseguir...

Es muy difícil, es como estar un poco entre bambalinas. Ellos están en el escenario, y nosotros debemos estar pendientes, sin que se nos vea mucho, pero de forma que, si nos necesitan en un momento dado, poder ayudarles.

Madre dando un beso a su hija adolescente© Getty Images

“Como padres, nos solo debemos ser responsables, sino también debemos ser responsivos”, dices en el libro. ¿Cómo se logra ser un padre responsivo?

Un padre responsivo es el que intentar dar respuesta a las necesidades que ellos tienen. Muchas veces la respuesta que nos piden no es la que más les gusta, pero sí tenemos que dar una respuesta lo más objetiva, siempre desde el cariño, intentando no ser padres justicieros. Intentar ser lo más naturales posible, poder hablar de todo, explicarles lo bueno, lo que es menos bueno, lo que sería aconsejable y que tomen la decisión que crean más conveniente. 

Hablas también de la situación emocional de los padres de los adolescentes, cuando están inmersos en el silencio, o bien por agotamiento, por saturación o por distracción. No podemos pretender ser padres perfectos, pero ¿qué siente el adolescente ante esos silencios?

Lo experimenta con un sentimiento de abandono, porque los padres, en definitiva, aunque no nos lo digan, somos sus mayores influencers, porque están con nosotros todo el día y observan constantemente qué es lo que hacemos, casi más que lo que decimos. Intentan buscar esa coherencia en lo que hacemos.

Cuando ellos tienen multitud de preguntas, de dudas, que no saben qué hacer, si nosotros no estamos ahí para darles respuesta y no estamos presentes en ese momento, tienen una sensación de abandono, porque aunque intentan buscar su autonomía, saben de sobra que no son autónomos y que dependen totalmente de nosotros, hasta que ya sean personas adultas.

Padre hablando en el exterior con su hijo adolescente© Getty Images

Has hablado de los padres como ese ancla, una imagen que también utilizas en el libro. Pero para ser ancla, tú también debes estar calmado para ayudarlos a regularse. Lo que pasa es que la adolescencia para muchos padres también supone una etapa de una gran crisis, que no saben muchas veces cómo afrontar. ¿Qué soluciones das para estos adultos que deben ser referencia y están muy perdidos?

Hay que llegar a entender verdaderamente qué es la adolescencia. Muchas veces me vienen los padres a la consulta y me dicen: "de repente no me habla", "parece que he pasado de ser su padre modelo a ser lo peor".... Es difícil entenderlo si los padres no saben que en la adolescencia se van a separar de nosotros y tienen que hacerlo así, porque si no, no llegarían a ser personas adultas y autónomas y con capacidad de resolver conflictos y problemas el día de mañana. Si no fuera así, siempre dependerían de nosotros. Por eso esa separación y ese pseudoenfrentamiento que tienen con nosotros como padres es necesario.

Grupo de adolescentes riendo juntos en un parque© Getty Images

En la adolescencia las emociones están muy amplificadas y entre ellas citas que puede haber rabia o ira y que los padres casi siempre las traducen como ataques personales, como "mira lo que me ha hecho", pero insistes en que no es así. Sin embargo, cuando se producen esas reacciones, de un portazo, de una voz más alta, ¿cuál es la reacción más aconsejable de los padres?

Lo más importante es mantener la calma, y eso se consigue entendiendo por qué les pasa eso. Y sabemos que su parte emocional la tienen a pleno rendimiento, pero no sucede así con su cerebro racional, que es el que les tiene que hacer de control de impulsos y de freno.

Como padres hay que intentar no llevarlo como si fuera un ataque personal porque entonces vas a haber un choque emocional contra otro. Además, a ellos es mucho más fácil que se les pase muy pronto porque a veces después de un episodio así, a los 10 minutos llegan y te preguntan que qué hay para cenar. Por eso los padres deben intentar mantener la calma, y para eso a veces hay que guardar silencio o darles tiempo y decirles cuando estén más calmados, en 10, 15, 20 minutos o una hora, que luego lo habláis, porque el enfoque que se le va a dar al problema será muy distinto.

Libro ¿Y si mis padres me escucharan?© Amazon

Durante el libro ofreces algunos consejos para que la comunicación con tu hijo adolescente sea más fluida. Uno de ellos es hacer preguntas abiertas (en lugar de instrucciones, consejos o sermones) y emplear el humor. ¿Cuáles son los beneficios de cada una de ellas?

Cuando hacemos preguntas abiertas los dejamos que piensen por sí mismos. No les dejamos solamente con una opción, por ejemplo con los deportes a practicar o los estudios, y les permitimos elegir. Eso les hace sentir importantes, pues notan que les tratamos como más adultos, como personas un poquito más maduras y que pueden dar su opinión, que se respeta.

Con respecto al humor, siempre viene bien porque nos ayudará a bajar la guardia. Eso sí, siempre cuando no sea un humor muy irónico. El humor tiene que venir también por parte de los padres; si ellos ven que nos reímos de nosotros mismos porque a veces las cosas no salen bien o porque nos equivocamos, conseguimos bajar la tensión y al mismo tiempo podemos volver a conectar con ellos.

Padre con su hija adolescente riéndose juntos© Getty Images

Por el contrario, el “yo a tu edad…” es un enemigo de la comunicación, como refieres en tu libro. ¿Qué otros errores suelen cometer los padres en esta etapa cuando quieren acercarse a sus adolescentes, teniendo en cuenta, además, que viven en una sociedad totalmente distinta a la de hace unas décadas?

Muchas veces nosotros no nos acordamos de cómo éramos en la adolescencia, y cuando vuelves a ella te das cuenta de que hacías exactamente lo mismo. Por eso hay que intentar no imponerles las cosas, sino dialogar con ellos, intentar llegar al consenso y tratarlos como personas que van a tener su propia autonomía y que a pesar de que puedan tomar decisiones que no son correctas, podamos permanecer cerca poniendo límites desde el cariño y la libertad.