Adolescencia

Hombres G, La Oreja de Van Gogh, Leiva... El sorprendente efecto de ir a un concierto con tus hijos adolescentes: "Lo menos importante es la música"


En una etapa marcada por la búsqueda de autonomía y los conflictos cotidianos, compartir la música en directo se ha convertido en una poderosa forma de conexión entre generaciones.


Hombres G en concierto© Europa Press via Getty Images
9 de octubre de 2026 a las 19:04 CEST

La adolescencia suele describirse como la edad de las puertas cerradas, los monosílabos y las diferencias cotidianas. Sin embargo, hay escenarios donde esas barreras parecen diluirse por unas horas. Uno de ellos está en los conciertos. Cada vez es más habitual ver a padres y madres compartiendo con sus hijos adolescentes actuaciones de grupos y artistas que marcaron su juventud, desde Hombres G hasta La Oreja de Van Gogh, pasando por El Último de la Fila o Leiva. Más allá de la nostalgia, este fenómeno revela algo a tener en cuenta por las familias: la música puede convertirse en un puente emocional precisamente en una etapa caracterizada por la necesidad de independencia y el distanciamiento familiar.

Esta experiencia que parece tan simple aporta muchísimo a los hijos adolescentes, tal y como afirma Amaya Prado, psicóloga experta en Psicología Educativa y Psicología Clínica en infancia y adolescencia y miembro del Colegio de la Psicología de Madrid. "Fundamentalmente, lo que les aporta es tiempo de calidad, el poder estar con ellos y que padres e hijos creen recuerdos juntos". La psicóloga nos recuerda que la adolescencia es una etapa difícil, en la que hay muchas más normas, en la que todo gira alrededor de los estudios, los horarios, los conflictos... y generar estos recuerdos comunes siempre es muy positivo. "Es una manera también de conocernos y de emocionarnos, de vivir otras áreas y otras perspectivas".

Estamos compartiendo música, pero también estamos compartiendo parte de la historia familiar, de nuestra historia personal, que a ellos les suele gustar

Amaya Prado, psicóloga experta en Psicología Educativa y Psicología Clínica en infancia y adolescencia

La psicóloga nos cuenta que este tipo de experiencias incluso se pueden convertir en rituales familiares. Por ejemplo: 'el concierto del año' o cuando quedamos las tías y las primas para ir a ver un concierto de un grupo en concreto. "Esto es muy importante en una sociedad en la que está todo muy fragmentado: colegio, trabajo, amigos", comenta Prado. "Un concierto puede ser algo que aglutine y que vincule, puede ser algo tremendamente importante psicológicamente para el vínculo".

Adolescente en un concierto© Getty Images

La música como puente emocional entre generaciones

Muchos adolescentes conocen hoy letras que fueron himnos para sus padres. Canciones de Hombres G, temas emblemáticos de La Oreja de Van Gogh o clásicos de El Último de la Fila forman parte del paisaje sonoro doméstico de numerosas familias. Han viajado en el coche durante años, han sonado en reuniones familiares o han acompañado las tareas del hogar.

Esa exposición continuada genera algo parecido a una herencia cultural. Las canciones se convierten en recuerdos compartidos incluso antes de que los hijos comprendan por completo su significado.

Cuando llega la oportunidad de escucharlas en directo, la experiencia adquiere otra dimensión. Los adolescentes no solo conocen la música; también observan a sus padres emocionarse, recordar etapas de su vida o cantar con una intensidad poco habitual. Descubren facetas de ellos que rara vez aparecen en el día a día. "Estamos compartiendo música, pero también estamos compartiendo parte de la historia familiar, de nuestra historia personal, que a ellos les suele gustar", señala Prado. "Es una manera de que ellos nos conozcan en otros ámbitos".

Padre e hijo escuchan música© Getty Images/Onoky

La psicóloga destaca aquí un aspecto clave, y es que no solo es importante que ellos conozcan nuestra música, sino que también los padres conozcan la música que escuchan sus hijos adolescentes. "Tiene que ser un movimiento bidireccional", afirma. Es más que recomendable que los padres sepan qué música les gusta, que sepan cuál es su cantante favorito, la serie que más disfrutan viendo… Nos explica que ese es un mensaje muy potente porque se demuestra a los hijos que a sus progenitores les importa lo que para ellos es importante. "Es una manera de validar emocionalmente", asegura. "No necesariamente me tiene que gustar su música -el reguetón, por ejemplo-, pero es una manera de compartir, de mostrar interés, de que se sientan escuchados, tomados en serio y, sobre todo, eso fortalece la autoestima. Es una manera de vincular muy positivamente, de que el hijo piense: tú te estás interesando por lo que a mí me gusta, incluso te has venido a un concierto conmigo, así que te puedo contar mis cosas y, si tengo un problema, voy a estar más cercano a ti".

No necesariamente me tiene que gustar su música, pero es una manera de compartir, de mostrar interés, de que se sientan escuchados, tomados en serio

Amaya Prado, psicóloga experta en Psicología Educativa y Psicología Clínica en infancia y adolescencia

La experta en Psicología Educativa considera fundamental que los padres permitan esa identidad diferente y que muestren curiosidad por conocerla, en lugar de juzgar constantemente. "¿A cuántos de nosotros los cantantes que nos gustaban decían palabrotas o poníamos los pósters en la habitación y nos los hacían quitar?", dice."Había ahí una diferenciación muy grande. Es importante validar sus gustos, sus aficiones, porque 'validar' significa tener claro que lo que piensan, lo sienten, merece la pena".

La cuestión fundamental de que padres e hijos adolescentes vayan juntos a conciertos es, como señala Amaya Prado, que están intentando encontrar lugares comunes, compartir emociones, crear recuerdos juntos, sentirse validados, conocerse… "Y sin dejar de ser padres e hijos ni renunciar cada uno a su propia identidad”, añade. “En todo esto, lo menos importante es la música; lo importante es hacer cosas juntos y vincular".