¿Cuántas veces has dicho u oído eso de "tengo que cambiar de crema porque yo creo que mi piel ya está acostumbrada a ella y ya no me hace nada"? Hoy venimos a contarte que siempre que has tenido este pensamiento estabas profundamente equivocada. Como nos ha confirmado la doctora Lidia Maroñas, dermatóloga y fundadora de Oneskinmed, la piel no se acostumbra a las cremas. En palabras de la experta: "Es un mito absoluto".
La piel no se acostumbra a las cremas
"La piel no se vuelve inmune a los principios activos ni se "aburre" de sus beneficios. Una crema bien formulada y adaptada a tus necesidades seguirá ejerciendo su función a largo plazo", explica la dermatóloga. Y aclara: "La confusión nace de la taquifilaxia (que es cuando ciertos medicamentos pierden efecto) o de la falta de resultados al haber tratado ya el problema inicial, dando la falsa impresión de que el producto ha dejado de funcionar".
Pero entonces, ¿por qué muchas personas notan mejores resultados durante las primeras semanas al empezar un producto nuevo? Desvelamos esta y otras dudas a lo largo de este artículo.
Cambiar de rutina porque la anterior no hace efecto es un error
Te puede dar, según la doctora Maroñas, la sensación de que al cambiar tu crema, la piel se "comporta" mejor por dos motivos:
- El primero es visual: al hidratar la piel, la capa córnea se suaviza y mejora el aspecto de las arrugas finas, dando un efecto "buena cara" inmediato.
- El segundo es de tolerancia: los primeros días la piel reacciona ligeramente (especialmente con activos como el retinol o los ácidos), lo que acelera temporalmente la renovación celular. Esa fase inicial de choque es visible, pero el verdadero trabajo antiedad o despigmentante ocurre a largo plazo.
La piel cambia, no se acostumbra
Para la doctora, la sensación que describimos suele ser el reflejo de factores externos o de la propia evolución de la piel. "La piel cambia con la edad, los niveles hormonales, las estaciones del año, los hábitos de vida o los niveles de estrés", matiza. Y asegura que "también influyen las expectativas".
"Cuando un producto logra corregir un problema (por ejemplo, eliminar rojeces o sequedad extrema), ese problema mejora o desaparece y el paciente ya no nota una mejoría tan espectacular como al principio, aunque el producto siga cumpliendo una función de mantenimiento excelente", sostiene la especialista. Y añade: "De hecho, al mejorar la preocupación principal, el paciente tiende a fijarse en otros detalles de su piel en los que previamente no se había fijado. Es totalmente comprensible y normal en los seres humanos, nos pasa a todas".
Cada ingrediente hace efecto de una manera
Aunque, como explica la doctora, "todos los activos requieren tiempo y tienen un efecto es progresivo y acumulativo" y, por lo tanto, "la constancia de aplicar la rutina se traduce una piel más bonita y sana a largo plazo", es cierto que "los ácidos exfoliantes, como el ácido glicólico, pueden ofrecer un resultado muy visible al inicio especialmente en pieles con textura o poro visible, porque disuelven las células muertas superficiales".
"Sin embargo, activos como el retinol (retinoides), los antioxidantes o regeneradores como los exosomas o los polipéptidos requieren más paciencia", señala la dermatóloga. "En caso de los retinoides y despigmentantes suelen causar cierta irritación, enrojecimiento o descamación al principio. Es parte del proceso de tratamiento y de su progresiva adaptación a la piel. Su función real es estimular el colágeno y prevenir el daño celular a largo plazo, y esa mejora estructural se evalúa mes a mes, incluso a partir de los 6-12 meses de uso constante", detalla.
Cada cuánto cambiar la rutina
Tal y como nos ha indicado nuestra experta, "lo ideal es hacer una revisión cada tres o cuatro meses, coincidiendo con los cambios de estación, para ajustar texturas o necesidades puntuales". Sin embargo, para ella "la regla de oro es clara: si algo funciona y tu piel está sana y cómoda, no lo cambies por cuenta propia". Asegura que debemos modificarla si notamos sequedad, acné, nuevas manchas o en épocas concretas como el embarazo, o si introducimos tratamientos dermatológicos que requieran pautas específicas. Pero para tomar la decisión es muy importante contar con la valoración de los profesionales









