El TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) es el trastorno neurobiológico más frecuente entre niños y adolescentes. Tiene una base genética y se estima que un 5% de los menores en este rango de edad lo presentan. Pero no toda la falta de atención es TDAH. Hay otros factores que pueden influir en la dificultad de concentración, y es importante saber acotarlos para no hacer un tratamiento inadecuado del problema.
Charlamos de ello con Ana Ciruelos Lumeras, psicóloga y orientadora en TEMS (The English Montessori School) de Madrid.
Si las dificultades de atención aparecen en distintas asignaturas, situaciones y también fuera del entorno escolar, existe más motivo para realizar una valoración profesional que si se producen únicamente ante una tarea o situación determinada
¿Se percibe en las aulas que cada vez hay más problemas de atención en los escolares?
Sí, los profesores percibimos que a muchos alumnos les cuesta cada vez más mantener la atención durante periodos prolongados, especialmente en tareas que requieren esfuerzo sostenido o paciencia. Pero debemos tener cuidado con generalizar: que un niño se distraiga no significa necesariamente que exista un trastorno.
La atención depende de muchos factores: el descanso, las rutinas, el estado emocional, la motivación o los hábitos relacionados con las pantallas. La sociedad actual nos enfrenta a un flujo excesivo de estímulos, en la que se valora la velocidad y respuesta inmediata, priorizando el escaneo rápido de información en detrimento de un análisis detallado, lo que supone un esfuerzo de concentración prolongado.
Desde el colegio también tenemos que adaptar nuestra forma de enseñar, alternando explicaciones con actividades prácticas, movimiento, trabajo colaborativo y momentos de autonomía.
La dificultad para concentrarse puede tener distintos orígenes, ¿pero suelen los padres atribuirla directamente al TDAH?
En la actualidad, existe mucha más conciencia e información sobre el TDAH que hace unos años y eso es positivo, porque permite detectar dificultades y buscar ayuda antes. Sin embargo, también puede llevarnos a relacionar demasiado rápidamente cualquier falta de concentración con el TDAH.
Un niño puede estar distraído porque está cansado, preocupado, desmotivado o porque encuentra una tarea especialmente difícil. Nosotros siempre insistimos en observar primero al alumno de manera global. El colegio puede detectar patrones y aportar información muy valiosa, pero el diagnóstico corresponde a profesionales especializados.
¿Cómo afectan la ansiedad y el estrés a la capacidad de concentración?
Muchísimo. Cuando estamos preocupados, nuestra mente dedica parte de sus recursos a gestionar esa preocupación y resulta mucho más difícil concentrarse en otra cosa. Esto ocurre también con los niños. Además, un niño no siempre sabe explicar por qué está ansioso o preocupado. Puede manifestarlo a través de irritabilidad, inquietud, bloqueo, problemas de sueño o falta de concentración. Por eso es tan importante que exista una relación cercana entre familia, alumno y colegio que permita detectar cambios en su comportamiento.
Las dificultades de aprendizaje también pueden cursar con falta de atención. ¿Cuáles son las más habituales con este perfil?
Dificultades relacionadas con la lectura, la escritura, el lenguaje o las matemáticas pueden manifestarse aparentemente como falta de atención. Por ejemplo, un alumno con dislexia puede desconectar ante una actividad de lectura porque le exige muchísimo más esfuerzo que a sus compañeros. Por eso es importante observar cuándo pierde la atención. Si ocurre principalmente ante determinadas tareas, quizá debamos investigar si existe una dificultad de aprendizaje detrás. No debemos quedarnos simplemente con “no se concentra”, sino intentar comprender por qué.
¿Cómo distinguir un TDAH de otros problemas que influyen sobre la atención: qué rasgos serían diferenciales?
Una de las claves es la persistencia. En el TDAH no hablamos de momentos puntuales de distracción, sino de un patrón de inatención y/o hiperactividad e impulsividad que se mantiene en el tiempo, aparece en diferentes contextos y afecta de manera significativa al día a día del niño.
La información conjunta de familia y colegio es especialmente importante. Si las dificultades aparecen en distintas asignaturas, situaciones y también fuera del entorno escolar, existe más motivo para realizar una valoración profesional que si se producen únicamente ante una tarea o situación determinada.
¿Qué tipo de pruebas hay que hacer para asegurarse de que el niño tiene TDAH y no otra condición que afecta a la atención?
Es importante aclarar que no existe una única “prueba del TDAH”. El diagnóstico requiere una valoración completa realizada por profesionales cualificados, teniendo en cuenta el desarrollo del niño, su comportamiento, su entorno y la información aportada tanto por la familia como por el colegio.
Pueden utilizarse entrevistas, cuestionarios para familias y profesores y diferentes pruebas psicológicas o de aprendizaje cuando sean necesarias. Lo fundamental es descartar otras posibles causas y entender al niño en su conjunto para adaptar la respuesta educativa a sus necesidades. Desde TEMS creemos que, antes de poner una etiqueta a un alumno, debemos preguntarnos qué necesita para aprender y qué podemos hacer para ayudarle a desarrollarse de la mejor manera posible y alcanzar el máximo de sus potencialidades.








